Moto del día: Triumph Daytona 675R

Moto del día: Triumph Daytona 675R

Ni 600 ni 1000: la Daytona 675R demostró que tres cilindros y componentes de competición eran la fórmula perfecta


Tiempo de lectura: 4 min.

La Triumph Daytona 675R fue una deportiva distinta desde el primer vistazo. Su motor tricilíndrico, una parte ciclo muy afinada y una puesta a punto notablemente más seria que la de la versión estándar la colocaron en un terreno propio, a medio camino entre la eficacia quirúrgica de las supersport japonesas y el carácter pasional de las motos europeas.

El segmento de las supersport fue, durante años, el epicentro de toda la acción en el mundo de las dos ruedas. Aquellas motos deportivas, equipadas con motores de cuatro cilindros y 600 centímetros cúbicos, se vendían con gran éxito hasta que, poco a poco, se fueron radicalizando hacia un punto difícil de justificar. Los precios se dispararon, las pólizas de seguro subieron de forma desmedida y las máquinas resultaron cada vez menos usables en el día a día.

Aquella espiral terminó por frenar la escalada hasta provocar que las supersport de 600 centímetros cúbicos prácticamente desaparecieran del mercado. Ese declive abrió la puerta a otras opciones que, hasta el momento, no eran viables por culpa de los reglamentos técnicos. Triumph, que ya había intentado hacerse un hueco en el segmento con la TT 600 y las posteriores Daytona 600, encontró con la Daytona 675 una fórmula brillante: un chasis compacto, un propulsor de tres cilindros y una estética afilada que no necesitaba excesos de diseño para resultar convincente.

La ventaja competitiva del tercer cilindro

Si la categoría no hubiera colapsado, la marca británica no habría podido poner en circulación una deportiva con motor de tres cilindros –una configuración que ya dominaba en otras parcelas, como la Speed Triple o la Daytona 955i– y un cubicaje más cercano a los 700 centímetros cúbicos que a los 600 de referencia. Este aumento de cilindrada permitió, de forma similar a lo que buscaba Kawasaki con la ZX-636R, mejorar notablemente la entrega de potencia y la usabilidad, ofreciendo una curva de par más llena capaz de dejar atrás a cualquier tetracilíndrica japonesa sin necesidad de jugar constantemente con el cambio.

Triumph Daytona 675R (2)

La Triumph Daytona 675R no necesitaba pelear en la guerra de los números; su motor de tres cilindros y su parte ciclo europea le dieron el carácter que le faltaba a las cuatro cilindros japonesas de su época

La versión R supuso la culminación de este planteamiento. El fabricante europeo decidió poner sobre el asfalto una variante más radical y equipada, sin que eso restara méritos al modelo estándar. La base técnica ya era seria, pero la variante R incorporaba componentes de primer nivel: suspensiones Öhlins –horquilla NIX30 de 43 milímetros y amortiguador central TTX36 derivado directamente de la competición–, frenos Brembo de pinzas monobloque con montaje radial y un quickshifter que reforzaba su vocación precisa en circuito. La prensa especializada destacó unánimemente esa evolución, subrayando una moto que ganaba en tacto, apoyo y confianza frente a la Daytona convencional.

Un corazón con personalidad única

El motor es el mismo bloque tricilíndrico de la Daytona 675, una mecánica capaz de rendir 128 caballos a 12.500 revoluciones con un par máximo de 74 Newton-metro a 11.900 vueltas. Según los probadores, el propulsor ofrecía una respuesta muy llena en la zona media, con una progresión viva y una sonoridad que formaba parte del encanto total del conjunto. La moto no buscaba deslumbrar por cifras de potencia máxima, sino por la manera en la que entregaba esa energía. Esa forma de empujar, más redonda que la de un cuatro en línea y más flexible que la de muchos bicilíndricos, convirtió a la Daytona en una moto con voz propia dentro de la categoría.

La Triumph Daytona 675R fue, en definitiva, una deportiva que no necesitó parecerse a nadie para triunfar. Su mezcla de arquitectura tricilíndrica, parte ciclo de alta gama y un enfoque de uso muy bien medido la convirtieron en un icono de personalidad, en una categoría que solía premiar más la pureza de las cifras que el carácter del propio piloto.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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