La Honda PCX 125 es quizá la scooter más interesante dentro del catálogo de motos urbanas del fabricante japonés. El modelo original vio la luz en 2010 en un contexto muy complicado. Por aquella época, las motos de 125 ya campaban a sus anchas dentro del panorama motociclístico nacional y las scooter era el segmento que más vendía.
Por culpa de esto, y gracias a la simplicidad técnica de este tipo de motos, la competencia era encarnizada. A los fabricantes tradicionales se había unido una horda de marcas asiáticas con productos de una calidad más que aceptable y unos precios de derribo.
Era la época en la que las Kymco, las Daelim, las Sym, las Hyosung, etc… empezaban a poner en aprietos a las marcas de toda la vida. En esa situación Honda podía competir en precio, o intentar ofrecer algo más que una cifra atractiva. Finalmente se decidieron por esto último.
La premisa de la Honda PCX 125 era la ofrecer un scooter muy práctico y equlibrado para los desplazamientos por ciudad, dotarle de un motor excelente, y una cierta carga y apariencia tecnológica para diferenciarse de la competencia. Por último, el precio, aunque superior a la competencia asiática, no podía distanciarse excesivamente de esta si querían tener una superventas.
La fórmula fue todo un éxito ya que consiguieron un producto diferenciado con una calidad superior a la del resto de fabricantes pero sin aumentar demasiado el precio ya que la moto podía comprarse por 2.600 euros cuando las scooters más asequibles andaban ligeramente por debajo de 2.000. A parte de eso, el diseño de la moto así como su avanzada mecánica conseguían marcar la diferencia.
El motor era un monocilíndrico refrigerado por agua, dos válvulas y 11,7 CV. Como gran novedad estrenó un sistema de Stop&Start que ayudaba a potenciar esa imagen tecnológica y a arañar unas décimas del consumo de gasolina, que se quedaba en unos pírricos 2,5 l/ 100 Km.
No era la más potente, pero gracias a su bajo peso de apenas 120 kg y sus contenidas dimensiones, la moto volaba entre el tráfico urbano. La velocidad punta se quedaba en unos razonables 120 km/h de marcador con el puño roscado al máximo, que ya serían unos 110-113 km/h reales.
Sus llantas de 14 pulgadas y su bajo asiento hacían la vida muy cómoda a sus conductores. Además contaba con un sistema de frenada combinada, a falta de ABS, para ayudar a detener el conjunto a los conductores menos experimentados.
La principal pega de la moto es el puente que presenta entre el asiento del piloto y la piña de dirección, donde el bastidor tiene una forma bastante alta en lugar del suelo plano típico de los scooters. Esta silueta hace un poco más difícil subirse a la moto e impedía llevar bolsas u otros objetos entre las piernas y el manillar.
El otro problema de esta primera versión de la Honda PCX era el sistema eléctrico. El Stop&Start hacía que el motor se detuviese en los semáforos, pero en las motos la iluminación siempre tiene que estar conectada. Esto suponía un sobre esfuerzo a la batería, de reducida capacidad como es habitual en las motos, que solía fallar prematuramente.
En 2016 Honda presentó la segunda generación de la PCX cuya principal novedad era un sistema de iluminación full LED que estresaba mucho menos a la batería gracias a su menor consumo y mitigaba este fallo. Además la nueva iluminación potenciaba aún más esa imagen tecnológica y premium.
A parte de eso la Honda PCX destaca por su enorme suavidad. Quien la haya conducido sabrá que es lo más parecido que hay a llevar una moto eléctrica. El motor tiene un tacto superlineal que empuja siempre con la misma decisión y sin sobre saltos. Por otra parte, el sistema de parada y arranque del motor funciona con extrema suavidad y si no es por el sonido, no se percibe cuando actúa.
Como buena Honda, de segunda mano están bastante cotizadas. Se pueden encontrar unidades de esta primera serie a partir de unos 1.300 euros aunque, eso sí, con bastantes kilómetros encima. No hemos de perder de vista que la versión actual de 2018 se vende por 3.075 euros, aunque ya viene sin los fallitos de juventud que mencionábamos antes.
Gonzalo Lara Camarón
Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.COMENTARIOS