Kawasaki no necesitaba reinventar la rueda con la Z900. Solo tenía que hacer lo que mejor sabe: coger un motor de cuatro cilindros, meterlo en un chasis ligero y dejar que la física haga el resto. En 2017, la marca japonesa sustituyó la Z800 por esta Z900, una naked de 948 cc y 125 CV que buscaba el equilibrio entre la Z1000 —demasiado radical para algunos— y la Z800 —demasiado blanda para otros—. El resultado fue una de las naked más vendidas de su generación, no por revolucionaria, sino por coherente.
Para entender por qué Kawasaki se aferra tanto a los cuatro cilindros en línea hay que remontarse a 1972. Ese año, la marca lanzó la Z1, un tetracilíndrico de 903 centímetros cúbicos refrigerado por aire y con doble árbol de levas en cabeza, la respuesta directa a la Honda CB750 y la moto que ayudó a popularizar el formato que acabaría conociéndose como Universal Japanese Motorcycle. La Z1 fue también la primera moto de gran producción con distribución DOHC, un adelanto tecnológico que hasta entonces solo ofrecía la carísima MV Agusta 750S. Desde aquel Z1, y pasando por el Z2 de 750 cc creado para el mercado japonés, la familia Z ha llevado el sello de los cuatro cilindros durante más de cuatro décadas, así que la Z900 de 2017 no inventaba nada: heredaba una identidad de marca que se remonta a los orígenes mismos de la firma.
El motor: cuatro cilindros como bandera
En un mercado donde triunfaban los tricilíndricos —Yamaha MT-09, Triumph Street Triple— y los bicilíndricos —KTM 790 Duke, Yamaha MT-07—, Kawasaki se empeñó en mantener los cuatro cilindros en línea. El motor de la Z900 venía de la Z1000, pero con el cárter aligerado, pistones más ligeros, árbol de levas optimizado y una admisión rediseñada. El resultado: 948 cc, 125 CV a 9.500 revoluciones y 98,6 newton-metro de par máximo a 7.700 rpm.
No era el motor más potente del segmento, pero sí uno de los más elásticos. La Z900 tiraba desde 2.000 revoluciones sin protestar y subía con ganas hasta la zona roja. El sonido, trabajado específicamente por los ingenieros de Kawasaki, tenía ese tono áspero y metálico que identificaba a los cuatro cilindros japoneses de los ochenta.
La parte ciclo: menos es más
Kawasaki no se complicó con electrónica avanzada. La Z900 de 2017 no tenía modos de conducción, ni control de tracción, ni suspensión electrónica. Solo ABS de serie —obligatorio en Europa desde 2016 para esta cilindrada— y un embrague antirrebote de serie. Para algunos, una carencia. Para otros, un acierto: una moto que se dejaba pilotar sin intermediarios.
El chasis de doble viga en acero, la horquilla invertida de 41 milímetros y el amortiguador horizontal trasero —una solución que Kawasaki llevaba usando desde los noventa— ofrecían un comportamiento neutro, predecible y, sobre todo, honesto. La Z900 no era una moto nerviosa, pero tampoco aburrida. Entraba en curva con aplomo, mantenía la trayectoria sin protestar y salía con el motor tirando con fuerza hasta donde el piloto quisiera.
Kawasaki no necesitaba reinventar la rueda con la Z900: cuatro cilindros, chasis ligero y dejar que el piloto disfrute sin intermediarios electrónicos
Ergonomía, diseño y uso diario
Con 795 milímetros de altura de asiento y un manillar ancho y bajo, la Z900 era una naked pensada para pilotos de todas las estaturas. Los reposapiés no estaban tan altos como en una deportiva, pero tampoco tan bajos como en una custom. El asiento, estrecho y con buena espuma, aguantaba jornadas largas sin castigar al piloto. El depósito, de 17 litros, ofrecía una autonomía de 300-350 kilómetros, suficiente para el uso diario y escapadas de fin de semana.
La estética “Sugomi” de Kawasaki —que en japonés significa “impresionante” o “formidable”— llegó a la Z900 con todos sus elementos: óptica LED en forma de boomerang, carenado minimalista, colín corto y un escape bajo que dejaba ver el basculante. No era una moto bonita para todos, pero sí inconfundible. En un mar de naked con líneas similares, la Z900 destacaba por su frontal agresivo y su perfil musculoso.
La Z900 no era una moto que sorprendiera por sus cifras. Tampoco por su electrónica. Pero en el día a día, cumplía con todo lo que prometía: motor con carácter, chasis honesto, ergonomía cómoda y un precio competitivo —9.299 euros en 2017—. No era la naked más deportiva del segmento, pero sí una de las más versátiles. Una moto que se dejaba usar todos los días sin aburrir, y que los fines de semana se transformaba en una compañera divertida sin necesidad de modos de conducción ni asistencias electrónicas.
Kawasaki no necesitaba reinventar la rueda con la Z900. Solo tenía que hacer lo que mejor sabe: cuatro cilindros, chasis ligero y dejar que el piloto disfrute.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS