La Ariel Red Hunter fue, en los años treinta, una de las motos más elegantes y equilibradas del panorama británico. Nació en 1932, en una época en la que marcas como Norton, Triumph, BSA o Velocette rivalizaban en las carreteras y en los circuitos con modelos cada vez más rápidos, ligeros y refinados. Ariel, que hasta entonces había destacado por su fiabilidad más que por su carácter, encontró con esta moto su punto de inflexión.
El artífice fue Val Page, un ingeniero brillante que había pasado por Triumph y que más tarde dejaría también su huella en BSA. Su idea era clara: construir una moto deportiva, sólida y civilizada a la vez. Una máquina con alma de competición, pero lo bastante dócil como para usarla a diario. Y así nació la Red Hunter, una moto que combinaba un rendimiento sobresaliente con una calidad de construcción que marcó época.
Bajo su depósito rojo —de ahí el nombre “Red Hunter”, o “cazadora roja”— latía un monocilíndrico de 498 cc, cuatro tiempos y válvulas en cabeza (OHV), refrigerado por aire. Entregaba alrededor de 26 a 28 caballos, que bastaban para alcanzar los 130 km/h, una cifra considerable para la época. El motor, alimentado por un carburador Amal y con lubricación por cárter seco, tenía un tacto vivo, pero también una suavidad que lo distinguía de sus rivales más toscos.
El chasis tubular de acero era robusto y ligero a partes iguales, y la horquilla convencional aportaba una conducción más precisa de lo habitual. Los frenos eran de tambor en ambas ruedas, pero de generosas dimensiones para la época, y el conjunto destacaba por su aplomo y su comportamiento noble. No era solo rápida: también era una moto que transmitía confianza.
Estéticamente, la Red Hunter era un pequeño lujo sobre dos ruedas. El depósito rojo con fileteados dorados, los guardabarros cromados en algunas unidades, el faro grande y la postura de conducción —ligeramente inclinada hacia adelante, pero sin forzar— le daban un aire de moto seria, de máquina bien nacida. Era el tipo de moto que uno podía imaginar aparcada junto a un Jaguar SS o un Bentley de la época: distinta, deportiva y con un toque de distinción.
A lo largo de los años 30, la Red Hunter participó en pruebas de fiabilidad, triales y competiciones de carretera, ganándose fama de resistente y efectiva. Muchos pilotos privados la usaban para correr los fines de semana y acudir al trabajo el lunes, lo que dice mucho de su carácter polivalente. Su reputación fue tan sólida que Ariel mantuvo la familia Red Hunter en producción hasta mediados de los años 50, con motores tanto de 350 como de 500 cc, incluso tras la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, una Ariel Red Hunter bien restaurada sigue siendo una moto de buena presencia y deseada. Tiene esa elegancia británica que no pasa de moda, pero también un espíritu mecánico muy puro: un solo cilindro, un sonido seco y un equilibrio perfecto entre belleza y propósito. Fue —y sigue siendo— una de las mejores expresiones del motociclismo británico clásico.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS