La Malaguti Ronco RCX, presentada en 1983, marca el punto exacto en el que las pequeñas enduro de 50cc italianas dejaron atrás la estética y la mecánica de los años setenta para entrar en una década nueva. No fue un modelo aislado, sino la mitad de una pareja: junto a ella llegó la RCW, su hermana de ciclística idéntica pero motor distinto, y entre las dos definieron lo que sería la gama Ronco durante los años siguientes.
De las bicicletas a los ciclomotores de Bolonia
Malaguti nació en Bolonia en 1930 como un taller de reventa y reparación de bicicletas, fundado por Antonino Malaguti, un joven de veintidós años que en su adolescencia había sido una promesa del ciclismo. El negocio fue creciendo hasta convertirse en fabricante de bicicletas propio, aunque limitado durante años a la zona de Bolonia. Hasta la primera mitad de los años sesenta, la producción de la marca se dirigía exclusivamente a ciclomotores económicos pensados para el transporte de mercancías y personas, pero el boom económico y la motorización de masas impuso la construcción de ciclomotores de uso recreativo para jóvenes de catorce años.
En 1963, tras un contrato de suministro con Motori Franco Morini, llegó el ciclomotor deportivo 50 Gransport, que logró buen éxito de ventas, especialmente en Francia, donde se vendió como 50 Olympique. En la segunda mitad de esa misma década apareció el 50 Roncobilaccio, uno de los primeros ciclomotores todoterreno italianos: el germen, ya entonces, de lo que décadas después sería la familia Ronco.
1983, el año en que las enduro Malaguti se modernizaron
La historia de las enduro “modernas” de Malaguti empieza precisamente en 1983, con dos modelos hermanos: la Ronco RCX y la RCW. Estos dos modelos marcaron el paso a ciclísticas y motores más refinados y modernos que los de la generación anterior, dejando atrás de un plumazo la estética de los setenta. Las coloraciones disponibles para ambas eran o todo rojo con asiento negro, o todo blanco con asiento rojo, una paleta sencilla pero efectiva que combinaba bien con el carácter deportivo que se buscaba transmitir.
Aunque estéticamente los dos modelos eran iguales, a nivel técnico había diferencias claras: la RCX estaba equipada con motor Franco Morini T4 refrigerado por aire y frenos de tambor, con una instrumentación compuesta por velocímetro, testigos de intermitentes y llave de contacto. Su precio de catálogo era de 2.240.000 liras, lo que la situaba como tope de gama de toda la producción enduro de Malaguti en ese momento. El motor T4 compartía bloque y cambio de cuatro relaciones con el TA-50, aunque este último iba refrigerado por líquido con circulación por termosifón; ambos mantenían admisión laminar, aunque con un paquete de láminas relativamente pequeño.
Una familia completa: RCX, RCW y la prima de carretera
La RCX no estaba sola en el catálogo. Su hermana de carretera, la RGT 50, se presentó en el Salón de Milán de 1983 y se puso en venta en 1984 junto a su prima de enduro, la RCW, completando así una familia de modelos que compartía filosofía mecánica y época de desarrollo, aunque cada una respondiera a un uso distinto: una para el asfalto, las otras dos para el camino de tierra. Esa estrategia de ofrecer variantes muy emparentadas entre sí, adaptando ligeramente el equipamiento y el motor según el público objetivo, sería una constante en Malaguti durante toda la década.
Conviene situar todo esto en el contexto normativo de la época: en los primeros años ochenta los fabricantes italianos no podían montar más de cuatro marchas en sus ciclomotores de 50cc, y a partir de 1990 el límite bajaría incluso a tres. No fue hasta 1993 cuando el número de relaciones volvió a ser libre, pero para entonces el mercado ya había cambiado de protagonista: eran los scooters, y no las pequeñas enduro como la RCX, los que dominaban las ventas.
El legado de una gama que duró una década
La fórmula iniciada por la RCX y la RCW en 1983 dio pie a toda una sucesión de modelos durante los años siguientes. En 1985 llegó la serie MDX con motor Minarelli MR4 como nuevo tope de gama, acompañada de las variantes Mex, Mfx y Mgx con motor Minarelli RV4 en distintos niveles de equipamiento. En 1986 apareció la MDX Gold, con estética más “dakariana” acorde a la moda del momento, y en 1987 esa línea evolucionaría hacia el modelo Dune, claramente inspirado en las motos de los rallies africanos. Toda esa familia, con sus sucesivas siglas de tres letras, tenía su origen directo en la sencilla pareja RCX y RCW de 1983.
Hoy, la Malaguti Ronco RCX sobrevive en pocos ejemplares, casi siempre en manos de coleccionistas de ciclomotores italianos de los ochenta, que valoran precisamente lo que representaba en su momento: el primer paso de Malaguti hacia una generación de pequeñas enduro mucho más moderna que las de la década anterior, sencilla en su mecánica pero ya con la mirada puesta en lo que vendría después.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS