Si hoy damos por hecho que las marchas de una moto se suben y bajan con el pie, se lo debemos en gran parte a la protagonista de hoy. La Velocette KTT –Kamshaft Touring Trophy– no solo fue una de las máquinas de carreras más bellas de la preguerra y la inmediata posguerra, sino que fue el laboratorio donde se cocinó la ergonomía de la motocicleta moderna.
La saga KTT nació a finales de los años 20 con un objetivo claro: ganar el Tourist Trophy. Para ello, los ingenieros de Velocette apostaron por un motor monocilíndrico de 350 cc con árbol de levas en cabeza –OHC–. En una época donde las válvulas laterales eran la norma y los motores de varillas y balancines la vanguardia, la KTT era alta tecnología aeroespacial aplicada a las dos ruedas.
El motor no solo era avanzado, sino que estaba fabricado con una precisión casi obsesiva. Esto le permitía girar más alto y ser más fiable que la competencia, algo vital cuando te estás jugando la vida en el Mountain Course de la Isla de Man entre muros de piedra y saltos a ciegas.
Aunque hubo varias versiones, la Mk VIII de 1939 –que siguió compitiendo y ganando tras la Segunda Guerra Mundial– es la que se lleva todos los honores. Fue la primera moto de carreras “para clientes” que ofrecía un rendimiento casi de fábrica. Incorporaba una innovadora suspensión trasera de brazo oscilante con amortiguadores “oleoneumáticos”, una rareza absoluta para la época que le daba una estabilidad envidiable.
Siempre olvidamos que, antes de la KTT, cambiar de marcha era una maniobra que solía implicar soltar el manillar para accionar una palanca manual junto al depósito. Velocette, con la KTT VIII, perfeccionó el sistema de selector de pedal, permitiendo a los pilotos mantener ambas manos en el manillar y reducir los tiempos de cambio drásticamente. Fue la ventaja competitiva definitiva.
Ganó el primer Campeonato del Mundo de 350 cc en 1949 con Freddie Frith, demostrando que un diseño nacido antes de la guerra seguía siendo capaz de humillar a máquinas mucho más modernas.
Más allá de sus victorias, el verdadero impacto de la saga KTT en la industria fue la estandarización de los mandos. El sistema de selector de pedal con retorno automático, desarrollado por la marca, demostró ser tan superior en términos de seguridad y rapidez que acabó convirtiéndose en el estándar universal que utilizamos hoy en día.
La producción de la Mk VIII cesó definitivamente en 1950, marcando el final de una era para la fábrica de Hall Green. Hoy en día, las escasas unidades originales que sobreviven son consideradas piezas de alta ingeniería británica, testigos mudos de una época en la que el árbol de levas en cabeza era la frontera final de la competición.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS