Moto del día: Muskin El Gato

Moto del día: Muskin El Gato

La fiera californiana con corazón japonés y con nombre español


Tiempo de lectura: 3 min.

Aparcamos por un momento las grandes cilindradas y los motores multicilíndricos para viajar a la California de principios de los años setenta. Imagina la escena: desierto, sol abrasador, pantalones de campana y una pequeña máquina que prometía diversión para toda la familia con un nombre que, visto desde España, nos saca inevitablemente una sonrisa: El Gato.

Fabricada por HPE Muskin, una empresa con sede en California que se hizo de oro durante el auge de las mini-bikes de bajo coste, El Gato no era un juguete de supermercado montado con piezas de cortacésped. Era lo que ellos denominaban una “midi-cycle”, un escalón intermedio diseñado específicamente para aquellos jóvenes (y no tan jóvenes) que ya se habían quedado pequeños para una Honda Z50, pero que todavía no estaban listos para dar el salto a una moto de cross de tamaño completo.

Un corazón con ADN de Subaru

Lo más interesante de esta pequeña fiera no era su chasis de tubo de acero, sino su corazón. Mientras que la mayoría de competidores montaban motores industriales sencillos, El Gato equipaba un monocilíndrico de 80 centímetros cúbicos y dos tiempos fabricado por Fuji Heavy Industries, la matriz de lo que hoy conocemos como Subaru. Este motor no solo era fiable, sino que entregaba una potencia muy viva para su contenido tamaño.

A diferencia de sus hermanas pequeñas o de las motos “de patio” comunes en la época, que solían usar variadores o embragues centrífugos, El Gato montaba un cambio de cuatro velocidades de verdad y un embrague multidisco bañado en aceite. Esta configuración permitía que los jóvenes pilotos aprendieran a gestionar el motor, el cambio y el embrague exactamente igual que en las motos grandes, convirtiéndola en una excelente escuela de conducción off-road.

Muskin El Gato

Ciclística curiosa: Horquilla Leading Link

Estéticamente, la Muskin El Gato es puro diseño “vintage off-road”. Uno de sus elementos más distintivos es su horquilla delantera de tipo Leading Link o, dicho de otro modo, una horquilla Earles. Se trata de una solución técnica que hoy solemos ver en motos de sidecar o clásicas muy específicas, pero que en aquel entonces Muskin eligió buscando simplicidad mecánica y una robustez capaz de absorber los baches del desierto sin los costes de mantenimiento de una horquilla telescópica convencional de la época.

El conjunto se completaba con un chasis de doble cuna muy básico pero resistente, neumáticos de tacos de 16 pulgadas en ambos ejes para asegurar la tracción en arena y un escape tipo “high-pipe” que apuntaba directamente al cielo, protegiendo la bufanda de los golpes contra piedras y resaltando su carácter campero. Con un peso muy contenido y un centro de gravedad bajo, era la herramienta perfecta para quemar gasolina y levantar polvo antes de que llegara la hora de la cena.

Una rareza de colección

Aunque HPE Muskin desapareció cuando el mercado de las mini-bikes se saturó y las marcas japonesas (especialmente Honda y Yamaha) empezaron a dominar con modelos más sofisticados, El Gato dejó una huella profunda en la cultura del motor estadounidense. Hoy en día, son auténticas piezas de colección al otro lado del charco, muy buscadas por quienes crecieron recorriendo las colinas de California sobre sus asientos de vinilo.

En nuestro país, estas motos son prácticamente inexistentes, lo que las convierte en una nota a pie de página exótica en la historia del motociclismo. El Gato nos recuerda que, a veces, para pasarlo bien sobre dos ruedas no hace falta una electrónica compleja ni 200 CV; solo necesitas un motor japonés sencillo, un nombre pegadizo y un poco de espacio libre para derrapar.

La imagen principal procede de una subasta de Mecum Auctions
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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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