Moto del día: Yamaha LB50 Chappy

Moto del día: Yamaha LB50 Chappy

La minimoto más longeva de los de Iwata


Tiempo de lectura: 4 min.

El otro día, cuando hablamos de la Yamaha QB50 Vogel, os decíamos que nunca ha habido afinidad entre Yamaha y las minimotos. Y eso que la Yamaha Peewee es todo un modelo histórico, sobre todo a la hora de enseñar a los pequeños cachorros. Pero a pesar de que los de Iwata no se han explayado en esta categoría, sí que cuenta con un modelo histórico que se vendió a nivel global. Hablamos de la curiosa Yamaha LB50 Chappy.

La Yamaha LB50 Chappy hizo su aparición en 1973 y estuvo a la venta nada menos que hasta 1996. Obviamente, con más de 23 años en el mercado, fue recibiendo algunas mejoras, pero la base permaneció más o menos sin cambios a lo largo de más de dos décadas. El chasis tubular abierto, con el motor anclado a él y situado en posición horizontal, las pequeñas ruedas y sobre todo su particular transmisión, supusieron algunos adelantos poco vistos hasta la fecha.

Paralelamente a esta Chappy, Yamaha también hizo una versión de 72 cc, llamada Yamaha LB80 Bobby, pero la cual reservaremos para otra ocasión pues presenta algunos cambios notables, fácilmente apreciables a simple vista. Aun así, la base era muy similar y casi podemos decir que compartida entre una y otra.

yamaha lb50 chappy

Como decíamos, la Yamaha LB50 Chappy contaba con un chasis de acero y estructura muy similar a la de un scooter. De hecho, la concepción de este modelo se hizo pensando en las mujeres, y que pudiesen conducir con falda. De ahí que, como opción, se pudiesen instalar sendos protectores laterales que evitaban miradas indiscretas, al mismo tiempo que protegían las piernas de salpicaduras.

El motor de dos tiempos y 49 cc fue uno de los primeros en contar con un sistema de engrase separado, toda una novedad a principios del los años 70. Colocado bajo el chasis de forma horizontal, declaraba una potencia máxima de 3,5 CV a 5.000 vueltas, así como un par máximo de 5,4 Nm a 4.000 RPM. Podría haber sido una moto relativamente rápida, pero las particularidades de su caja de cambios le hacían que estuviese más orientada a circular por cualquier terreno, y que todo transcurriese a su ritmo.

yamaha lb50 chappy 01

Y es que precisamente esta era su seña de identidad más llamativa. La caja de cambios de la Yamaha LB50 Chappy era muy sofisticada, más de lo que podríamos pensar. Sobre todo las de las primeras versiones, pues luego recibieron cajas de cambios automáticas y también manuales. Aquellas contaban con una transmisión automática de dos velocidades y dos etapas, una corta y otra larga, situadas en el pie izquierdo en un sistema de doble pedal.

Técnicamente podríamos pensar que tenía cuatro velocidades, pero en la práctica no era así. Las velocidades se seleccionaban con el motor parado, pues si lo hacías en marcha, podrías ver salir los engranajes por el lateral. Se podía optar por una sola velocidad o por una combinación automática de primera-segunda. Y o bien se hacía en la relación corta (si íbamos a ir por el campo) o en la larga (si íbamos a ir por carretera).

yamaha lb50 1974 1980

Si seleccionábamos una velocidad nada más, era monomarcha. Pero si habíamos escogido la relación de dos velocidades, la moto cambiaba de una relación a otra a aproximadamente 23 km/h. Esto era posible gracias a que montaba dos embragues centrífugos de diferentes relaciones. Uno funcionaba desde el ralentí hasta esa velocidad, y gracias a la acción de una cuña, se desacoplaba uno y entraba el siguiente.

Las curiosidades no terminaban aquí, puesto que la Yamaha LB50 Chappy se podía arrancar a empujón, aunque llevaba una pata de arranque tradicional. Las cajas semiautomáticas de Honda también permiten hacer algo parecido y, como estas, el punto muerto está abajo del todo.

El resto de apartados es más o menos común a cualquier otra minimoto similar: llantas de 8 pulgadas, horquilla telescópica, doble amortiguador trasero y frenos de tambor. Como decíamos, a lo largo de los años hubo muchas versiones, con mayores o menores diferencias, pero todas guardaban más o menos la apariencia original.

Aunque no hay muchas Yamaha LB50 Chappy a la venta, es posible encontrar algunas unidades de segunda mano. Pero suelen estar cuidadas y los precios no son baratos, dada la escasez del modelo.

Calcula cuánto cuesta asegurar una Yamaha LB50 Chappy con nuestro comparador de seguros.

Comparador de seguros de coche
COMPARTE
Sobre mí

Ender

Japan Rules!!

COMENTARIOS

avatar
2000
 
smilegrinwinkmrgreenneutraltwistedarrowshockunamusedcooleviloopsrazzrollcryeeklolmadsadexclamationquestionideahmmbegwhewchucklesillyenvyshutmouth
Foto
 
 
 
  Suscribir  
Notificar de


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

Jesús Guillermo Pozo

Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi 125 Especial y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

Ender

Japan Rules!!

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

Mario Jiménez