Moto de día: Peugeot Speedfight 50

Moto de día: Peugeot Speedfight 50

¿Eras del Aerox, del SR o del Speedfight?


Tiempo de lectura: 3 min.

A finales de los 90, y en pleno boom de los scooter y ciclomotores de 49 cc, la marca francesa Peugeot dio en el clavo al poner en la calle uno de sus modelos de motocicleta más recordados. Con una estética agresiva, soluciones alternativas para el tren delantero y unas prestaciones más que interesantes “de serie”, se convirtió en una de las motos más vendidas por aquel entonces. Hablamos del Peugeot Speedfight 50.

Cuando fue lanzado en 1997, casi de inmediato el Peugeot Speedfight se convirtió en una de las motos más deseadas entre los jóvenes que habían nacido en los 80. Rápidamente hubo como cuatro tendencias: estaban los que tenían el Speedfight, los que usaban el Yamaha Aerox, los del Suzuki Katana o los que se iban a por el Aprilia SR 50. Y luego estaban los raritos: los de la Derbi Predator, los de la Gilera Runner, etc.

Todos los que vivieron aquella época sabían exactamente lo que querían: que estéticamente fuese cañón, y que se pudiese trucar fácil y barato. O al revés. Y el Speedfight parecía cumplir con todos los requisitos, empezando por su tren delantero con suspensión alternativa de dirección desacoplada. Por aquel entonces, solamente encontrábamos algo similar en el segmento de los ciclomotores si nos íbamos a las exclusivas (y tremendamente caras) Italjet.

peugeot speedfight 2 01

El motor monocilíndrico de 49 cc y con refrigeración líquida (lo había también de aire) declaraba 5,9 CV. La carrocería era muy angulosa, con una doble óptica delantera y una toma de aire justo encima de ella. A los lados, sendas salidas del aire caliente para el radiador, y otras en las tapas laterales, bajo el asiento. Recuerdo que tenía un sonido muy particular, diría que metálico, y que era fácilmente reconocible cuando una de ellas pasaba zumbando por la calle. Normalmente no hacía falta mirar para saber que era “una Speed”.

Prácticamente todas las versiones ofrecían una decoración bitono muy acertada. El asiento de una pieza era cómodo para el piloto pero no tanto para el pasajero, aunque no llegaba a los extremos de ser simplemente un trozo de goma acolchada como en el Aerox. Justo detrás había un asidero para el pasajero. En versiones posteriores se convirtió en un pequeño alerón que le quedaba como anillo al dedo. También mejoró la óptica delantera, con faros transparentes e intermitentes que prescindían del color naranja en las tulipas (amarillo auto para decirlo con propiedad). Son las imágenes que acompañan a este artículo, ya que de la primera generación es difícil encontrar a buena calidad.

Algunos tenían ciertas reticencias por el tren delantero poco convencional, pero lo cierto es que su comportamiento y estabilidad era ejemplar. Como era un monobrazo, el disco delantero de 180 mm quedaba incrustado en el centro de la llanta. Por el lateral derecho se podía contemplar la rueda completa. Detrás, un tambor de 110 mm era más que suficiente (luego llegaría el disco atrás). Las gomas sobre llanta de 12″, montaban neumáticos de 120 y 140 mm de ancho delante y detrás, respectivamente. Y el peso se quedaba en unos 95 kg. No era de las más ligeras, pero también era suficientemente grande como para usar a dúo con comodidad, aunque no tanto como la Runner.

El Peugeot Speedfight sigue entre nosotros (va por su cuarta generación), pero tiene un motor de cuatro tiempos y horquilla convencional. Nada que ver con esta primera generación, comercializada de 1997 a 2004, y tampoco con la Speedfight 2 que mantuvo vivo el espíritu unos pocos años más. Ya no es lo mismo. Ahora la pregunta es: ¿eras de Speedfight, de SR, de Aerox o de Katana?

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