Moto del día: Kawasaki KH 250

Moto del día: Kawasaki KH 250

Heredera de las míticas "widowmakers", pero más civilizada


Tiempo de lectura: 3 min.

Si hubo una marca que se atrevió a desafiar la lógica de los dos tiempos en los años 70, esa fue Kawasaki. Mientras el resto del mundo se peleaba con bicilíndricos, en Akashi decidieron que tres siempre era mejor que dos. La Kawasaki KH250 –la heredera directa de la mítica Kawasaki S1 Mach I y conocida en algunos mercados como 250 Triple– fue la encargada de llevar el rugido de los tres cilindros a las masas.

Lo que hace que la KH250 sea una fija en cualquier lista de “Motos del Día” es su arquitectura. Hablamos de un tricilíndrico en línea de 249 cc refrigerado por aire que es, en esencia, una pieza de orfebrería mecánica. Con tres carburadores Mikuni de 22 milímetros –uno para cada cilindro– y tres escapes independientes –dos por la derecha y uno por la izquierda–, la estética de la moto ya avisaba de que no estábamos ante una 250 del montón.

En cuanto a cifras técnicas, esta pequeña triple entregaba unos 26-28 CV a 8.500 revoluciones. No era la más rápida de su clase –ese honor solía recaer en la Yamaha RD250–, pero ninguna otra ofrecía esa entrega de potencia tan lineal y ese aullido metálico que solo un tres cilindros de dos tiempos puede emitir.

A diferencia de sus hermanas mayores, las temibles 500 y 750 apodadas “Widowmakers” –Hacedoras de viudas–, la KH250 era una moto mucho más civilizada. Kawasaki aprendió de sus errores de juventud y dotó a la serie KH –denominación que adoptó de forma global a partir de 1976– de un chasis mucho más rígido y unas suspensiones más predecibles.

Kawasaki KH250

Entre otras cosas, había detalles técnicos que merece la pena destacar. Montaba un disco de freno delantero de 277 milímetros que, para los 160 kilos de la moto, ofrecía una mordida muy superior a los tambores de la época. Caja de cambios de 5 velocidades con un escalonamiento pensado para disfrutar de la zona alta del cuentavueltas, donde el motor se siente realmente vivo. La transición de la serie S1 a la KH –Kawasaki Highway– supuso también una mejora en el encendido y una respuesta de motor algo más dócil, buscando una fiabilidad mecánica que los usuarios empezaban a demandar.

Visualmente, la KH250 es el arquetipo de la moto japonesa de los 70. Su colín elevado –marca de la casa en las Kawa de la época–, el depósito alargado y, sobre todo, la asimetría de sus tres escapes, la convierten en una moto fotogénica desde cualquier ángulo. Es una máquina que desprende calidad, desde sus cromados hasta la disposición de su instrumentación, que no ha envejecido ni un solo día.

La Kawasaki KH250 fue el último suspiro de una forma de entender el motociclismo que hoy sería impensable. Era compleja, ruidosa y mecánicamente delicada de poner a punto, pero ofrecía una experiencia sensorial que hoy ninguna moto moderna de su cilindrada puede replicar. Es la prueba de que, a veces, la ingeniería no se trata solo de eficiencia, sino de puro carácter.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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