En la década de los 80 y principios de los 90, el mercado de los 50 cc en España era una auténtica jungla. Mientras las marcas nacionales dominaban el sector con modelos legendarios, Honda decidió mover ficha con la Honda MTX 50 R. No era la opción más barata, pero para muchos adolescentes de la época, tener el ala dorada en el depósito y una estética que replicaba a las máquinas del Dakar era el sueño definitivo antes de dar el salto al carnet A1.
ADN de enduro en frasco pequeño
La MTX 50 R no era solo un juguete con plásticos bonitos. Heredaba la filosofía de la saga MTX de Honda, lo que significaba una robustez mecánica a prueba de bombas y una parte ciclo pensada para el maltrato fuera del asfalto. La “R” de su nombre marcaba la diferencia crítica: la refrigeración líquida, un salto tecnológico frente a las MTX de aire.
- Motor: Monocilíndrico de dos tiempos que entregaba unos voluntariosos 6 CV en su versión deslimitada.
- Transmisión: Caja de cambios de 6 velocidades, un detalle que le otorgaba un aire de “moto grande” frente a los ciclomotores automáticos o de 4 marchas de la competencia.
- Suspensión Pro-Link: Probablemente su mayor activo. Honda aplicó su sistema de bieletas trasero para una progresividad en campo muy superior a la de sus rivales.
La técnica del detalle: Fiabilidad japonesa con sello Montesa
Para los puristas de los datos, hay que mencionar que montaba un carburador Keihin y el sistema de engrase Separated Oil (mezcla automática), lo que evitaba la molestia de llevar el bote de aceite a la gasolinera. El chasis era un simple cuna de acero, pero con una geometría que la hacía increíblemente ágil en zonas ratoneras.
En el apartado de frenos, la mayoría de las unidades que rodaron por nuestras calles montaban tambor en ambos trenes, aunque versiones tardías o de otros mercados llegaron a equipar disco delantero, mejorando notablemente la seguridad en carretera.
Un punto de inflexión en la industria nacional
La llegada de la MTX 50 R a la cadena de montaje de Montesa Honda marcó un punto de inflexión. Demostró que la fiabilidad japonesa y la innovación técnica (como el sistema Pro-Link o el engrase separado) no estaban reñidas con la pequeña cilindrada.
Hoy, la Honda MTX 50 R descansa en nuestro Archivo Histórico como una pieza de colección que sobrevive como el primer gran sueño asfalto-campo de toda una generación de motoristas. Una moto que enseñó a muchos que el mundo no terminaba donde se acababa el asfalto.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS