La Peripoli Giulietta Super Sport es una motocicleta que, en España, no vimos ni en fotos. Apareció en una época muy compleja para nuestro país, pero muy potente para Italia, que despegaba económicamente y permitía a sus ciudadanos, incluso a los chavales de 14 años, soñar a lo grande. Y vaya si lo hicieron, ya que a pesar de su pequeño tamaño, su talante deportivo y la calidad general fueron los mejores argumentos de la Giulietta Super Sport.
Si hay una marca que personifica el vertiginoso ascenso de la industria italiana tras la guerra, esa es Peripoli. Fundada por Luigi Peripoli en 1957, en apenas una década logró escalar hasta convertirse en el séptimo fabricante del país, un hito que hoy nos parecería impensable para una firma de su tamaño. Pero Peripoli no solo vendía motocicletas; vendía estatus para una juventud que, por primera vez, tenía dinero en el bolsillo y ganas de comerse el mundo. La Giulietta Super Sport fue su punta de lanza: una pequeña 50 que miraba de reojo a Detroit mientras rodaba por los adoquines de Vicenza.
A diferencia de la ITOM, que nació en una Europa todavía gris, la Giulietta Super Sport es hija del optimismo del “boom” económico. Mientras en otros países las 50 centímetros cúbicos eran herramientas de transporte básico, en la Italia de los 60 eran un objeto de deseo. Peripoli supo ver esto y dotó a la Giulietta de una proyección internacional envidiable, llegando a Estados Unidos bajo el nombre de J-Be y al Reino Unido como AJW. Era una marca pequeña con ambiciones globales, un reflejo perfecto de esa Italia que empezaba a exportar diseño y estilo de vida a todo el planeta.
Mecánica Morini y el arte del “trucaje”
Bajo su estilizada figura, la Giulietta Super Sport confiaba en la fiabilidad de los motores Franco Morini de 50 centímetros cúbicos y tres marchas. Era el “entry level” ideal: manejable, robusta y con unos frenos sorprendentemente capaces para su categoría. Sin embargo, su verdadera leyenda se forjó en los talleres clandestinos. En 1959, Italia limitó la velocidad de los ciclomotores a 40 kilómetros por hora, una ley que los jóvenes italianos –y franceses, donde la Giulietta fue un éxito de importación– interpretaron como una simple sugerencia. Con unos pocos ajustes, estas pequeñas máquinas pasaban de los modestos 40 kilómetros por hora a rozar los 85 kilómetros por hora, convirtiéndose en auténticas balas en manos inexpertas.
Un guardabarros con complejos de Cadillac
Pero si algo define la personalidad de la Peripoli Giulietta Super Sport es su detalle visual más irreverente: el guardabarros trasero. En plena fiebre por la estética estadounidense, los diseñadores de Peripoli se inspiraron en las “aletas” de los coches americanos de la época. El resultado fue un diseño tan afilado y particular que obligó a los ingenieros a montar el piloto trasero al revés para que encajara en las formas de la chapa. Es un detalle pequeño, casi anecdótico, pero que revela todo el espíritu de la época: la obsesión por el diseño, el atrevimiento estético y esa mezcla tan italiana de elegancia y picardía.
Hoy, la Peripoli Giulietta Super Sport no es solo una pieza de colección; es el recordatorio de una generación que dejó atrás la austeridad para abrazar la velocidad y el estilo. Una moto que, con sus tres marchas y su motor Morini, nos cuenta la historia de cuando Italia decidió que hasta un ciclomotor de 50 centímetros cúbicos podía ser una obra de arte.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS