Moto del día: Gimson Nevada (circa 1983-1991)

Moto del día: Gimson Nevada (circa 1983-1991)

La agonía murciana de un mito catalán


Tiempo de lectura: 4 min.

La Gimson Nevada es un ciclomotor urbano español de 50 centímetros cúbicos fabricado en Murcia a mediados de los años 80 por una empresa que no era Gimson, usando componentes que sí eran Gimson, bajo una marca que técnicamente seguía siendo Gimson pero que ya no tenía nada que ver con la casa original de Figueres. Es la historia de una marca catalana que murió en 1982 víctima de la Crisis del Petróleo y la invasión japonesa, cuyos derechos de fabricación fueron comprados por una empresa murciana que intentó mantener vivo el nombre durante casi una década.

La Nevada representa exactamente lo que fue la industria española de ciclomotores en los años 80: una agonía lenta y derrota inevitable ante competidores extranjeros que simplemente hacían las cosas mejor. Chasis tubular de acero con falso doble cuna, motor de dos tiempos de 49 centímetros cúbicos probablemente Minarelli o derivado, transmisión automática por variador y ruedas de diámetro medio. Un ciclomotor fabricado cuando los modelos españoles ya no importaban porque los japoneses fabricaban scooters mejores, más baratos y más fiables.

Gimson de Figueres: 100 empleados, Dalí y el cierre definitivo

Para entender la Nevada hay que conocer primero qué fue Gimson. Fundada a principios del siglo 20 en Figueres por Pierre Gimbernat i Batlle, un relojero francés, la empresa creció fabricando bicicletas y, más tarde, ciclomotores de éxito comercial considerable. Llegaron a tener más de 100 empleados y su mercado principal era Cataluña y el nordeste de España. Como anécdota curiosa, Pierre Gimbernat i Font, hijo del fundador, asistió a clases de dibujo con el profesor Juan Núñez Fernández, teniendo como compañero de clase al mismísimo Salvador Dalí. Sus padres, temiendo que las fantasías del futuro pintor fueran una mala influencia, lo enviaron a Mataró un tiempo para mantenerlo alejado de distracciones.

A pesar de ideas avanzadas, como el prototipo de ciclomotor eléctrico presentado en 1973, la empresa no pudo superar la crisis. Una plantilla sobredimensionada, la imposibilidad de aplicar despidos y la entrada masiva de marcas japonesas volvieron la situación insostenible. Todo terminó con el cierre de la fábrica de Figueres en 1982.

Motomur: La etapa murciana de la marca

Los derechos de fabricación fueron adquiridos por Motos del Sureste, conocida como Motomur, situada en Murcia. Los ciclomotores Motomur-Gimson de los años 80, entre ellos la Nevada y la Elite 2, mantenían el esquema básico de los modelos originales pero con un diseño simplificado y componentes más baratos. El objetivo era aprovechar la reputación de la marca catalana, pero no funcionó. El mercado ya estaba dominado por Honda, Yamaha y Suzuki. Los jóvenes querían scooters automáticos con estética moderna, no ciclomotores de tubo con estética de los años 70. Gimson-Motomur resistió hasta principios de los 90, cuando la marca desapareció definitivamente.

Gimson Nevada IA

Anatomía de la Nevada: Urbano básico y funcional

La Gimson Nevada montaba un chasis tubular de acero con configuración de falso doble cuna. Dos tubos principales bajaban desde la pipa de dirección y abrazaban el motor, aunque en realidad eran un solo tubo doblado para ahorrar costes de fabricación, resultando estructuralmente menos rígido que un doble cuna verdadero. El motor era un Minarelli de 49 centímetros cúbicos de dos tiempos, refrigerado por aire y con una potencia de aproximadamente 2 caballos. Era suficiente para cumplir la legislación española de la época, que limitaba la velocidad máxima a 45 kilómetros por hora.

La transmisión era automática por variador, el sistema estándar de los ciclomotores urbanos de entonces. Sin marchas y sin embrague manual, el usuario solo tenía que girar el puño para avanzar. La parte ciclo era igualmente modesta: horquilla delantera telescópica de barras paralelas con muelles internos sin amortiguación hidráulica, frenos de tambor en ambos ejes y ruedas de radios con llantas de acero de 16 o 17 pulgadas. Con un peso total de entre 40 y 50 kilogramos, era una máquina ligera y manejable, diseñada exclusivamente para ir del punto A al punto B gastando la mínima gasolina posible.

Un final sin rastro

Hoy quedan pocas Gimson Nevada. No porque fueran malas, sino porque eran completamente olvidables. Se usaban unos años y acababan desguazadas o abandonadas en garajes oxidándose lentamente. En la actualidad, estas unidades no tienen un valor económico significativo fuera de coleccionistas muy especializados en el sureste español o entusiastas de las marcas “zombi” nacionales.

La Nevada es el testimonio del momento en que fabricar localmente dejó de tener sentido económico. Representa el final de una época donde marcas como Bultaco, Ossa o Sanglas desaparecieron ante el empuje de la ingeniería de producción masiva japonesa. Es, en definitiva, una curiosidad histórica de 49 centímetros cúbicos que documenta el último suspiro de una industria que ya no podía competir.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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