Francia nunca fue un país de motos, pero sí fue, durante un tiempo, un país de ciclomotores. Y dentro de ese universo particular de los 50 centímetros cúbicos europeos de los años setenta, hubo marcas que intentaron ir más allá de lo puramente utilitario. Gitane fue una de ellas. La misma firma que vestía a los campeones del Tour de Francia sobre bicicletas de acero decidió que su prestigio en la carretera podía extenderse al asfalto motorizado, y el resultado fue una gama de ciclomotores deportivos entre los que destacó, con nombre de circuito americano y vocación claramente racing, la Gitane Daytona.
Gitane era, ante todo, una marca ciclista. Fundada en Francia y posteriormente adquirida por Renault en 1976, su nombre estaba asociado al pelotón profesional y a victorias en las grandes vueltas. Pero el mercado francés de los años setenta ofrecía una oportunidad que la marca no quiso desaprovechar: los ciclomotores deportivos estaban en plena efervescencia, y los jóvenes europeos querían máquinas que parecieran motos de competición aunque sus motores no superaran los 50 cc. Gitane respondió con una gama de cyclosports entre los que la Daytona representaba la propuesta más elaborada técnicamente.
El contexto competitivo era exigente. Marcas italianas como Fantic, Testi o Garelli dominaban la estética racing del segmento, mientras que desde España, Derbi peleaba palmo a palmo cada milímetro cuadrado de mercado. En ese escenario, Gitane optó por diferenciarse no solo con el diseño sino con soluciones técnicas que estaban por encima de lo habitual en la categoría. La Daytona no era un ciclomotor de compromiso: era una declaración de intenciones.
Un chasis con personalidad propia
La base de la Gitane Daytona era un chasis tubular de doble cuna con una solución ingeniosa en la viga central: esta actuaba directamente como depósito de combustible, integrando estructura y función en un mismo elemento. Con una longitud total de 1,80 metros, una distancia entre ejes de 1,19 metros y un peso de tan solo 65 kilos, la Daytona era una máquina compacta y ágil, con la sella a 0,75 metros del suelo para facilitar el acceso.
La parte ciclo presentaba soluciones que merecían atención. En el tren delantero, una horquilla telescópica convencional; en el trasero, sin embargo, Gitane optó por un amortiguador central hidráulico en configuración cantilever, alejándose de los dos amortiguadores laterales que eran la norma en la categoría. El resultado era una geometría más limpia y un comportamiento más controlado sobre el asfalto. Los frenos también estaban por encima de lo esperado: disco hidráulico en el eje delantero —una especificación llamativa para un 50 cc de la época— y tambor en el trasero, montados sobre llantas de aleación ligera. Los neumáticos eran de perfil diferenciado: tipo ligado de 2,50 por 17 delante y sport de 2,75 por 17 detrás.
El conjunto se vestía con una carrocería en poliéster que incluía semicarenado, guardabarros esmaltados en blanco y óptica delantera circular. El resultado visual era el de una moto que tomaba prestado el lenguaje formal de las máquinas de competición y lo trasladaba, con convicción, a los 50 centímetros cúbicos.
El motor Minarelli P6 CS
Bajo la carrocería trabajaba un motor Minarelli P6 CS, monocilíndrico de dos tiempos refrigerado por aire, con una cilindrada de 49,6 cc. El Minarelli era, en aquellos años, el motor de referencia en los 50 cc europeos: lo usaba medio continente, y con razón. Fiable, preparable y con buena respuesta cuando se le pedía. La variante P6 CS de la Daytona incorporaba un diseño «compact system» orientado a optimizar el enfriamiento, y se alimentaba a través de un carburador Dell’Orto SHA 14-12, que garantizaba una dosificación fluida en todo el rango de uso.
Lo que distinguía la propuesta mecánica de la Daytona dentro de la categoría era su caja de cambios de seis velocidades, accionada por selector al pie izquierdo. Para un ciclomotor de los años setenta, disponer de seis marchas era una especificación seria, orientada a explotar al máximo las prestaciones disponibles y a permitir al piloto mantener el motor en su zona óptima de funcionamiento. La transmisión utilizaba un rapport primario de 1:4,615 y una desmultiplicación secundaria de 14 por 30, con un perfil claramente deportivo. La mezcla de combustible se preparaba al 5% de aceite, y el depósito —recuérdese, integrado en la viga central del chasis— tenía una capacidad de 6 litros.
Equipamiento y acabado
La Gitane Daytona no escatimaba en detalles. Venía equipada de serie con cuentakilómetros, cuentarrevoluciones, reposapiés abatibles y caballete central, elementos que completaban la propuesta de una máquina pensada para tomarse en serio. El conjunto se presentaba en acabado blanco, coherente con la imagen limpia y deportiva que Gitane buscaba proyectar en el segmento.
La Daytona fue un ejercicio honesto de lo que podía hacerse con 50 cc cuando se ponía verdadero empeño técnico en ello. Freno de disco, suspensión cantilever, seis velocidades, motor Minarelli: en papel, era difícil pedir más dentro de los límites de la categoría. Que hoy sea una rareza buscada por coleccionistas dice tanto de su escasez como de la calidad de lo que Gitane fue capaz de construir cuando quiso hacerlo bien.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS