Moto del día: Voxan Black Magic

Moto del día: Voxan Black Magic

Exclusividad artesanal a 72 grados: cuando Francia decidió fabricar su propia leyenda del Rock & Roll


Tiempo de lectura: 5 min.

La Voxan Black Magic fue, entre 2004 y 2010, la café racer que Francia nunca esperó tener. No una moto diseñada para competir en ventas con los japoneses —esa batalla estaba perdida de antemano— sino una declaración de principios sobre lo que podía hacer un fabricante pequeño, obstinado y ferozmente patriota cuando se le dejaba libre de las presiones del mercado de volumen. Diseñada por Sacha Lakic —el diseñador de origen serbio que había firmado también la Bimota Mantra y que llevaba desde 1996 dando forma a la identidad visual de Voxan— la Black Magic era un crescendo visual inspirado en las café racers británicas de los años sesenta, con el nombre de los Norton y las Velocette flotando en su silueta sin que nadie lo dijera en voz alta.

Voxan tiene una historia que es inseparable de la Black Magic porque la Black Magic es, en cierto modo, el punto culminante de lo que Voxan intentó ser. La marca nació en 1995 en Issoire, región de Auvernia, por iniciativa de Jacques Gardette, empresario del sector médico con una idea concreta: fabricar la única motocicleta francesa de gran cilindrada de la era moderna, con motor y chasis propios, construida en Francia y tan francesa como fuera posible. El proyecto recibió apoyo financiero del Grupo Dassault —los fabricantes del Mirage y el Rafale— y el primer prototipo se presentó al público en 1997. La primera moto de producción, la Roadster, llegó en 1999 en una tirada de 50 unidades a 11.400 euros. Francia tenía por fin su moto grande.

El contexto legislativo francés complicaba el proyecto desde el origen. Desde 1985, la ley francesa limitaba la potencia de cualquier motocicleta vendida y matriculada en el país a 100 CV —75 kW—. Sin excepciones. La Voxan, pensada para el mercado doméstico, nunca podría superar ese umbral oficialmente, lo que la situaba en desventaja comercial frente a marcas japonesas que en otros mercados ofrecían el doble de potencia al mismo precio. Era el corsé dentro del que Voxan tuvo que trabajar siempre.

La Black Magic: la café racer que llegó tarde y perfecta

Presentada por primera vez en el Salón de París de 2003 —con producción iniciada en 2004— la Black Magic tomaba la arquitectura mecánica de la Roadster y la Café Racer de Voxan y la vestía con una carrocería nueva diseñada por Lakic como homenaje explícito a las café racers inglesas de la era pre-japonesa. El manillar de clip —bajo, cercano, que obliga a inclinar el cuerpo hacia adelante—, el asiento monoplaza estrecho y autoritario, el depósito plateado de formas redondeadas que brilla como un espejo, los tubos de escape minimalistas que salen limpios a ambos lados: todo en la Black Magic dice Norton Manx, dice Triton, dice velocidad sobre el asfalto mojado de alguna carretera secundaria inglesa de 1963.

El motor era el bicilíndrico en V a 72 grados que Voxan había desarrollado íntegramente para sus modelos —996 cc, cuatro tiempos, doble árbol de levas en cabeza, cuatro válvulas por cilindro, refrigeración líquida—. En la Black Magic rendía 100 CV a 9.000 revoluciones —el límite legal francés, al que estaba deliberadamente ajustado— y 103 Nm a 6.500 revoluciones. El ángulo de 72 grados entre cilindros —ni el 90 de las Ducati ni el 60 habitual en otros V-twin— era una elección de ingeniería propia, con sus propias características de vibración y su propio carácter sonoro. La caja era de seis velocidades.

Voxan Black Magic (2)

Esta unidad de las imágenes, la que fuera propiedad de Chris Cornell, el vocalista de Soundgarden y Audioslave, fue subastada por Bonhams en 2024 por 12.650 libras, casi 14.500 euros

El chasis y los componentes: ADN de competición

Bajo la carrocería, la Black Magic montaba una horquilla delantera invertida Öhlins de 43 milímetros totalmente regulable y un amortiguador trasero también de Öhlins. Los frenos llevaban la firma de Brembo —pinzas de cuatro pistones en el disco delantero de doble disco, pinza de dos pistones en el trasero—. La distancia entre ejes era ligeramente más larga que en la Café Racer de la que derivaba, y la geometría algo más tendida, buscando mayor estabilidad a alta velocidad. El peso en seco era de 185 kilogramos —contenido para lo que ofrecía—, la altura del asiento de 786 milímetros y el depósito tenía una capacidad de 19 litros, generosa para una café racer.

La construcción era artesanal —no había otra forma de hacer las cosas en Voxan— y la calidad de los acabados reflejaba ese origen. No era una moto perfecta en el sentido japonés: el cambio era notchy, con ese tacto antiguo y directo que las cajas modernas han eliminado; la posición de conducción era exigente para uso cotidiano. Pero la sensación en marcha, según quienes la probaron, era exactamente lo que prometía la estética: carácter, vibración controlada, sonido propio, la impresión de estar sobre algo hecho con convicción y no con algoritmos de ventas.

El final de un sueño y el legado de Chris Cornell

Voxan vivió en el alambre financiero durante toda su existencia. La primera quiebra llegó en 2001 —la empresa fue rescatada por el constructor naval Guy Couach—, y la definitiva en 2009, cuando un tribunal mercantil de Clermont-Ferrand la liquidó al no poder hacer frente a sus obligaciones. El último año de venta fue 2010. En 2010 la marca fue adquirida por Venturi, el especialista en vehículos eléctricos de alto rendimiento, que reorientó completamente su actividad hacia las dos ruedas eléctricas —la Wattman, presentada en 2013, intentó batir récords de velocidad en salar—. El Voxan de gasolina había terminado.

La Black Magic de Chris Cornell —el vocalista de Soundgarden y Audioslave, la moto que aparece en las fotos— es probablemente el ejemplar más conocido del modelo: el número 14 de la serie, que Cornell regaló a un amigo antes de fallecer en 2017 y que Bonhams subastó en 2024 con 3.726 kilómetros en el odómetro. Que una moto de una marca francesa de nicho acabara en el garaje de uno de los músicos más influyentes del rock alternativo de los noventa dice algo sobre el tipo de objeto que era la Black Magic: no una herramienta de transporte sino una declaración de gusto, de los que saben que el mundo tiene demasiadas motos correctas y muy pocas motos con carácter.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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