La Yamaha GT50 nació para ofrecer una moto pequeña con aspecto y comportamiento de motocicleta de verdad. Su tamaño era compacto, pero el bastidor de doble cuna, la caja de cambios y el motor de dos tiempos la alejaban de la imagen de un ciclomotor básico.
De la mini trail a la GT
Presentada en 1972, la GT50 fue la sucesora de la FT-1, una mini trail que había acompañado la expansión de las motos de campo recreativas. Yamaha mantuvo la idea de una máquina ligera y accesible, pero la vistió con una estética más deportiva y orientada al uso por carretera.
La marca la construyó como una motocicleta en miniatura. El bastidor de doble cuna era una solución mucho más seria que la de muchos ciclomotores contemporáneos, y sus proporciones recordaban a las Yamaha de mayor cilindrada.
Un dos tiempos de 49 cm³
La GT50 utilizaba un monocilíndrico de dos tiempos refrigerado por aire y 49 cm³. Incorporaba el sistema Torque Induction de siete lumbreras, con admisión por láminas en el pistón, para mejorar la respuesta del motor y hacer más aprovechable su potencia.
La ficha oficial de Yamaha declara 4 CV a 7.500 rpm, 4,4 Nm a 5.000 rpm y un peso de 62 kilos. Con 1.610 mm de longitud y una altura de 930 mm, era pequeña, pero no diminuta: permitía una posición de conducción bastante más natural que la de un ciclomotor convencional.
La Yamaha GT50 demostró que una cilindrada mínima no tiene por qué significar una experiencia aburrida; era la puerta de entrada ideal a la vida sobre dos ruedas, cargada de carácter y agilidad
Más que un ciclomotor
La GT50 pertenecía a una generación de máquinas que ofrecían a los jóvenes la sensación de conducir una moto deportiva. El cambio manual, el depósito entre las piernas y la respuesta del dos tiempos creaban una experiencia mucho más cercana a la de una motocicleta grande que a la de un vehículo urbano automático.
Su encanto no estaba en la velocidad máxima, sino en la ligereza. En carreteras estrechas y recorridos urbanos podía ser ágil, divertida y fácil de controlar. Yamaha había entendido que una moto pequeña no tenía por qué ser aburrida.
Una Yamaha en miniatura
La GT50 representa una época en la que las marcas japonesas cuidaban especialmente sus modelos de acceso. Bastidor, motor y diseño trabajaban en la misma dirección: ofrecer una primera experiencia motociclista con auténtico carácter.
Por eso hoy se recuerda con más interés que muchos ciclomotores de su generación. La GT50 no prometía grandes cifras, pero sí algo más importante para quien empezaba: la sensación de que aquella pequeña moto era el principio de una vida sobre dos ruedas.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS