Moto del día: BMW Ernst Henne

Moto del día: BMW Ernst Henne

Durante una década este piloto desarrolló junto a la marca una motocicleta que llegó a cosechar 76 récords internacionales


Tiempo de lectura: 4 min.

La historia de Ernst Henne y su BMW R37 es un excelente ejemplo sobre el ansia por la velocidad desatado durante el primer tercio del siglo XX. No en vano, tanto en el automovilismo como en el motociclismo muchas de las primeras marcas del sector automotriz buscaron promocionar su prestigio conquistando todos los récords posibles. De esta manera, desde los años diez en adelante se estableció una carrera enloquecida por batir constantemente la marca mundial relativa a la velocidad sobre tierra. Así las cosas, las playas de Daytona o Pendine – ante la ausencia de pistas de asfalto u hormigón aptas para semejantes velocidades se echaba mano de la arena compactada por la acción de las mareas – fueron testigos de no pocas hazañas y, obviamente, desgracias.

Llegados a este punto, la forma de hacer más rápidos a los coches no se basaba en reducir el peso y estudiar de forma paciente la aerodinámica. Lejos de ello todo se hacía con el puro y bruto aumento de la potencia, logrado a golpe de cilindrada hasta el punto de crear modelos como el FIAT S76. Un vehículo con casi 29 litros de cilindrada pensado para batir las marcas establecidas por modelos con la firma de Karl Benz. Es más, pasando los años se llegó a punto de montar motores de avión. Hecho que, en modelos como el Sunbeam 1000, se hacía por duplicado.

No obstante, en el mundo del motociclismo esto no se podía hacer de la misma manera. Y es que, al fin y al cabo, un chasis asentado sobre dos ruedas tiene sus limitaciones lógicas en peso y tamaño. Entonces, ¿qué hacer? Bueno, si no se puede ampliar excesivamente la cilindrada la solución más inteligente pasar por mejorar la combustión. Hacer de la mezcla algo más rico y explosivo. Algo en lo que es competente la calidad del combustible, cierto, pero también por cantidad de aire – y por tanto de oxígeno – a introducir en el cilindro. Llegados a este punto, la industria automotriz echó su mirada hacia la metalurgia y los altos hornos. Pero, ¿por qué?

bmw ernst henne (1)

El uso del compresor viene desde los altos hornos de mediados del siglo XIX, aplicándose por primera vez a la industria automotriz por Daimler

BMW R37 Ernst Henne, una de las mejores hazañas de su época

A mediados del siglo XIX la Revolución Industrial demandaba una ingente cantidad de acero. De esta manera, las industrias metalúrgicas tuvieron que maximizar su capacidad productiva a fin de dar respuesta a semejante mercado. Debido a ello, en los altos hornos de fundición se empezó a utilizar un elemento gracias al cual se introducía más aire en la combustión, llegando de una manera más rápida y eficiente a temperaturas mucho más altas. Hablamos del compresor volumétrico, gracias al cual se lograba tomar y compactar grandes masas de aire de cara a generar un fuego más vívido.

Así las cosas, los paralelismos con lo ocurrido en el interior de un motor de combustión son obvios. De esta manera, en 1900 el compresor volumétrico se aplicó por primera vez a la industria automotriz gracias a un motor patentado por Daimler. Tras esto, éste va apareciendo de forma selectiva pero constante en el mundo de las carreras. De hecho, la adopción del mismo pone en jaque el enloquecido aumento de las cilindradas, alumbrando modelo con un diseño tan inteligente como el de los Amilcar C6 o los Bentley Blower.

Por cierto, un modelo este último nacido de forma pareja a la BMW R37 transformada por Ernst Henne. A finales de los años veinte. Pero, ¿quién fue Ernst Henne? Hijo de un guarnicionero alemán, se formó en mecánica desde muy joven. Tanto así que, además, se lanzó a las pistas cosechando no pocos éxitos. Entre ellos los campeonatos alemanes de 500 y 750 centímetros cúbicos, gracias a los cuales logró asentarse como piloto oficial de BMW. Eso sí, su afán por la transformación mecánica le hacía imposible ceñirse a la pista. De esta manera, su capacidad de trabajo en el taller lo llevó a transformar el chasis de una BMW R37 al tiempo que equipaba con un compresor Roots a su bicilíndrico bóxer con 750 centímetros cúbicos.

bmw ernst henne (1)

Durante una década se hicieron multitud de cambios en esta montura, sin embargo siempre estuvo caracterizada por el uso del compresor Roots

¿Resultado? Una base perfecta para batir récords mundiales de velocidad. Justo aquello que, como otras tantas marcas, BMW ambicionaba en nombre de forjarse una mejor y más trepidante imagen corporativa. Con todo ello, desde 1929 Ernst Henne se echó en brazos de los notarios a fin de batir hasta 76 marcas internacionales, llegando hasta los 279,5 kilómetros por hora en 193. Último de todos los años en los que se mantuvo enfocado en esta actividad, mejorando constantemente su máquina con diferentes carenados y cambios de cilindrada. Eso sí, siempre sobrealimentada por aquel compresor situado en la parte baja del motor – a fin de mejorar la estabilidad – que, en última instancia, había nacido al calor y la furia del metal durante la Revolución Industrial.

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Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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