Moto del día: Malaguti Fifty Evolution

Moto del día: Malaguti Fifty Evolution

Cuando a Malaguti se le fue literalmente la pinza


Tiempo de lectura: 3 min.
Malaguti fue durante muchos años una especie de Bimota; una marca que no fabricaba motores, pero que convertía las motos en sueños. Prestaciones, ligereza e innovación eran sus máximas. Lo pudimos ver por ejemplo en el Malaguti Phantom Max 250, un scooter de 22 CV y solo 138 kg de peso. Pero con el Malaguti Fifty Evolution que os traemos hoy, creó una de sus motos más especiales. Siguiendo con las similitudes, algo así como la Bimota TESI, pero en 49 cc y preparado para deslumbrar en la puerta del instituto.

La familia Malaguti Fifty fue una de las más exitosas y longevas del fabricante de Bolonia. Vio la luz por primera vez en 1974 y estuvo a la venta hasta 1997 en más de una decena de versiones diferentes. Pero todos ellos tenían una característica en común, y era la combinación de un típico chasis monotubo de ciclomotor con un motor de marchas (no en todas las versiones). En Italia se les conocía como “Tubone”, y con él se buscaba llevar un paso más allá las prestaciones y capacidades.

El interior del tubo principal del chasis se utilizaba, en la mayoría de los Malaguti Fifty, para albergar el combustible. No así en el Malaguti Fifty Evolution, que se dejó para el aceite utilizado en la mezcla, y el depósito se pasó a la parte trasera, justo bajo el asiento, y con capacidad para 6,5 litros. Al conjunto se le acopló un motor Minarelli tipo AM3, con admisión de láminas al cárter y encendido electrónico. Con unas dimensiones de 40,3×39 mm, contaba con refrigeración líquida y una alimentación suministrada a través de un carburador Dell’Orto SHA 14/12B.

malaguti fifty evolution

La potencia no era muy elevada, pues estaba limitada por ley a los 1,5 CV y 45 km/h. De igual forma, la caja de cambios era de tres velocidades y no fue hasta 1994, un año después de presentar el Evolution, que se les permitió tener cajas de cuatro marchas. Pero todo esto era en teoría pues una vez quitada la limitación al motor, y con un poco de “ingeniería avanzada”, el motor Minareli saltaba hasta los 8 CV a 10.500 vueltas, con una pegada mucho mayor en su zona media y una velocidad máxima superior a los 80 km/h.

Lo cierto es que hasta aquí el Malaguti Fifty Evolution podría pasar por un ciclomotor normal. Pero fue entonces cuando los italianos hicieron magia. Para la parte delantera montaron un sistema de suspensión “alternativo” similar al de la Vespa, pero montada al revés. Con ello le permitía absorber mucho mejor los baches y ganar agilidad, aunque hacía que tuviese un aspecto raro.

Como si se hubiese dado un golpe y la horquilla estuviese metida para dentro. Detrás tampoco era un ciclomotor normal, gracias a su basculante monobrazo tubular y formas retorcidas. Tanto delante como detrás, montaba frenos de disco sobre llantas de 16 pulgadas.

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