Moto del día: T12 Massimo

Moto del día: T12 Massimo

El maestro Tamburini trabajó en secreto en esta moto tras salir de MV Agusta con la ayuda de su hijo Andrea


Tiempo de lectura: 4 min.

T12 Massimo o Tamburini T12 Massimo, la obra póstuma del que fue uno de los mejores diseñadores de motos hasta la fecha. Algo así como el Pininfarina de las dos ruedas que, al igual que Pininfarina, creó algunas de las mejores motocicletas italianas. O al menos, algunas de las motos más bellas.

Massimo Tamburini fue quien imaginó motos como la Ducati Paso, la Bimota Tesi 1D, la Cagiva Freccia, la más que mítica Ducati 916/998 o la bellisima MV Agusta F4. Todas ellas, creaciones que marcaron un antes y un después en cuestiones de diseño y que siempre estarán ahí para recordar las capacidades de este diseñador.

Cuando falleció, su hijo Andrea Tamburini, quiso homenajear a su padre con una motocicleta que estuviera a la altura de sus diseños y presentó la T12 Massimo –la T por Tamburini, el 12 porque era su número de la suerte y Massimo no solo por el nombre el diseñador, sino porque en italiano significa “máximo”–, una montura que aglutina muchos detalles que se pueden encontrar en las motos más famosas de Tamburini, aunque recuerda sobre todo a la última que diseñó, la MV Agusta F4. Sin embargo, poco tiene que ver con ella, pues bajo su amenazante silueta se esconde un motor de BMW S1000RR con especificaciones de Superbike –lo que significa que rinde unos 230 CV–.

Sobre la Superbike alemana, se montó una carrocería realizada íntegramente con fibra de carbono –incluido el depósito de combustible–, lo que permitía rebajar el peso en 25 kilos. Se añadía un escape firmado por Akrapovic y realizado exprofeso para este proyecto y cuya salida de humos, camuflada en uno de los laterales del carenado lateral, contribuye a crear una línea y una fisonomía inusualmente pulcra.

T12 Massimo (2)

Las llantas era de magnesio forjado, el chasis era específico, un entramado tubular de acero –creado exprofeso–, los frenos estaban firmados por Brembo con línea de extracción rápida de la marca Staubli, suspensiones Öhlins…

Es conocido que Massimo siempre buscó la Superbike perfecta, la moto deportiva definitiva, pero desarrollar una motocicleta –o un coche– tiene muchas limitaciones que, por lo general, vienen marcadas por el presupuesto asignado al proyecto y por temas legales para poder comercializarla. Sin embargo, siempre tuvo la idea en mente y durante sus años en MV AGusta trabajó en esta moto, que, cuando salió de la compañía italiana, tuvo que desarrollar más en secreto todavía pues tuvo que firmar un acuerdo de no competencia durante los tres años siguientes –¿miedo a que creara una otra belleza como la F4 en una marca rival?–.

Para su diseño se empleó simulaciones informáticas, bocetos y análisis estructural de cada aspecto y elemento del chasis, con el objetivo de crear una moto con el mejor manejo y el mejor comportamiento fabricada hasta la recha. No había limitaciones presupuestarias, no había que pensar en los precios de venta al público, ni tampoco había que preocuparse por homologaciones, pues estaría destinada únicamente a rodar en circuito.

Un proyecto creado en secreto con la ayuda de su hijo y puesta en escena tras su muerte, solo la historia que hay detrás de esta moto la convierte en un objeto de colección

Massimo trabajó en el proyecto, con la ayuda de su hijo, durante un par de años, durante los cuales, también contaron con la colaboración de dos jóvenes ingenieros y un especialista en materiales compuestos. Es más, el propio Massimo se encargó de montar con sus propias manos el primer chasis –Tamburini no solo era diseñador, también estaba dispuesto a ensuciarse las manos–.

Dada la enorme exclusividad de la moto, no hay pruebas publicadas en los medios especializados, pero se dice que Luca Cadalora, amigo de Andrea Tamburini, pudo rodar en secreto a los mandos de esta moto y cuando se bajó elogió las buenas cualidades dinámicas de la moto.

Solo se fabricaba bajo pedido, a un precio por unidad de 300.000 euros y se dice que solo se fabricaron 12 ejemplares.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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