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Moto del día: Britten V1000

Una auténtica superbike diseñada y construida a mano

Moto del día: Britten V1000

La Britten V1000 es, posiblemente, una de las motocicletas más avanzadas de la época. No fue fabricada bajo el amparo económico de una gran empresa, ni fruto de un adinerado cliente; se hizo a mano en un cobertizo a miles de kilómetros del hipódromo más cercano para poder probarla y desarrollarla. Aún así, eso no impidió que consiguiese reconocimiento internacional y haya pasado a la historia del mundo de las dos ruedas.

Diseñar y construir algo nuevo desde cero es, cuanto menos, realmente difícil, aunque existan grandes reservas de dinero. Y si a ese hecho le unimos la característica de que encima sea competitivo de primeras, es aún más meritorio si cabe. Britten logró algo que parecía inimaginable: construir una superbike en un cobertizo en la isla sur de Nueva Zelanda y, no solo vencer a los principales fabricantes de motocicletas, sino humillarlos. La Britten V1000 era tan innovadora como revolucionaria.

John Kenton Britten, protagonista y padre de la moto que traemos hoy, ya apuntaba maneras desde joven a pesar de tener dificultades para aprender; sufría de dislexia. Sin embargo, ya a los trece años, junto a su amigo Bruce Garrik, restauraron una vieja Indian Scout de 1927 al completo. En la universidad, estudió ingeniería mecánica y entró a trabajar como dibujante cadete ICI, donde aprendió sobre metalurgia, moldes y multitud de habilidades que serían clave para su futuro. Trabajó como ingeniero de carreteras, en diseño de maquinaria pesada y llegó a montar su propia empresa para trabajar el vidrio, vendida posteriormente.

Antes de meterse de lleno en el negocio de las motos, John participó en los enlaces de las autovías M1 y M4 de Reino Unido y participó en la construcción de apartamentos de lujo en Hagley Park, en su ciudad natal

Britten 3

Los primeros pinitos con la modificación personal de motocicletas llegaban en 1986, con el cambio de carenado de una Ducati. Esta fue bautizada como Britten 1000, aunque ni chasis ni motor llegaron a convencer al joven John. Es esqueleto que había diseñado era tan bueno, que necesitaba componentes específicos para conseguir la moto que el quería, no partir de lo ya existente. Entonces, en 1991, fundó la compañía Britten Motorcycle Company en el patio de su casa con el objetivo de diseñar y fabricar su propia moto desde cero. Un año después, nacía la Britten V1000.

Prácticamente, todos los componentes fueron diseñados ex profeso para esta moto. Por ejemplo, el carenado fue inicialmente diseñado con alambre de jardín y pegado con una pistola de pegamento para formar un contorno básico. Luego, se moldeó en arcilla y se materializó en fibra de carbono de fabricación casera, en un momento en que este material solo se usaba en la Fórmula 1. Incluso las ruedas y las horquillas estaban hechas de ese material. El objetivo era esconder al piloto casi por completo detrás de un carenado cuya penetración aerodinámica fuese similar a la de una flecha lanzada por un arco.

«Es la moto más avanzada del mundo, y no es japonesa, alemana ni italiana» – Cycle World (1994)

Britten 1

La suspensión también era de otro plantea. El amortiguador delantero se situaba tras la cúpula y era accionado por dos grandes trapecios fabricados también en fibra de carbono. Con esto se conseguía que la suspensión estuviera separada de la dirección. En el eje trasero, la cosa no era menos impresionante. En lugar de tomar la ruta fácil, el amortiguador trasero se montó en frente del motor, con el objetivo de mantenerlo fresco al estar colocado en un área con alto flujo de aire.

John Britten planificó un carenado y parte de ciclo cuyas características se encontraban por encima de las posibilidades de la industria de la época. El propulsor elegido fue un V2 a 60 grados con 999 centímetros cúbicos de desplazamiento refrigerado por agua. Contaba con inyección electrónica, dos inyectores por cilindro, y toberas de admisión en fibra de carbono y piezas fundidas por él mismo; hasta tenía una ECU totalmente programable. Tan solo los pistones, la caja de cambios o las bielas provenían de piezas ya fabricadas. El resultado eran 166 CV para mover 138 kg de masa hasta las 11.000 RPM y los 303 km/h. Nada mal para ser 1991.

Gracias a que el radiador no se encontraba delante del motor, se conseguía que la moto fuera muy estrecha

Aún con todas estas impresionantes innovaciones, la Britten V1000 no sería una leyenda sin el éxito que logró en pista. En su primera participación en la carrera de Daytona Supertwins de 1992 (EEUU), la Britten lideró con maestría absoluta a los mandos de Andrew Stroud. Desafortunadamente, en la penúltima vuelta, la batería -una de las pocas partes que no había fabricado Britten- falló, impidiendo al equipo lograr su primera victoria. Pero incluso sin la victoria, Britten había demostrado que su concepto funcionaba y se ganó el respeto de todas y cada una de las personas que vivieron la carrera.

Britten 4

La próxima parada sería Laguna Seca, logrando un segundo puesto e inaugurando victoria en Assen seis meses después. En los años siguientes, Britten dominó tanto en casa como en el extranjero. Ganó el campeonato nacional de Nueva Zelanda en 1993 y 1994, y ganó múltiples carreras de la serie británica europea y estadounidense durante el mismo período. Justamente en 1994 se inauguró en Tourist Trophy de la Isla de Man con dos motos. Pilotadas por Nick Jefferies y Mark Farmer, la carrera anual se cobró la vida de Farmer durante los entrenamientos libres en la curva Black Dub.

Ese mismo año, la moto destrozó cuatro FIM World Speed ​​Records en la clase de 1000 cc, siendo una de las más notorias el récord de velocidad sobre el cuarto de milla (302,705 km/h). Era el momento en el que el mundo del motociclismo comenzaría a revolucionarse e, incluso recibió reconocimiento del mundo del arte. Ultan Guilfoyle, del Museo Guggenhein de Nueva York, presentó la moto en la exposición “Art and the Motorcycle” del Museo.

Desafortunadamente, tras acabar la temporada de 1995, John Britten fue diagnosticado con cáncer de piel que, pocos después, acabaría con su vida; tenía 45 años. Fue un hombre que demostró que el entusiasmo de una persona era capaz de tumbar la mayor de las empresas. Un visionario del que merece la pena recordar y difundir su legado. Una leyenda.

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Sobre mí

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Txesz

Una moto impresionante, se mire por donde se mire.

Duele mucho que Britten muriese tan pronto, pero queda el consuelo de saber que pudo ver sus ideas hechas realidad… y triunfar.


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

J. Guillermo Pozo

Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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Más que la Historia, me gustan las viejas historias que huelen a asfalto, carreras y gasolina.