Moto del día: Čezeta 501

Moto del día: Čezeta 501

Podríamos decir que fue el intento de hacer una Vespa tras el Telón de Acero


Tiempo de lectura: 3 min.

La Čezeta 501 es un vehículo algo particular. Por concepto es claramente un scooter, por soluciones, casi más de lo mismo con una idea similar a la Vespa: un chasis monocasco, pero incorpora ideas un tanto estrafalarias, como un depósito de combustible colocado sobre la rueda delantera. Tenía cambio manual de cuatro relaciones y un diseño que hoy nos parece “vintage” y atractivo, pero en su día le valió el apodo de “prase” –cerdo en checoslovaco–.

En plena efervescencia de la cultura del scooter en los años 50, mientras Italia conquistaba el mundo con las líneas curvas de la Vespa, detrás del Telón de Acero se cocinaba algo mucho más bizarro. La Čezeta Type 501 no nació con la intención de ser elegante, sino de parecer un cohete espacial. Con su carrocería monocasco de dos metros de largo y ese morro interminable que integraba el faro, la creación de Jaroslav František Koch se convirtió al instante en el icono de movilidad de la Checoslovaquia socialista. No era solo una moto; era una declaración de intenciones en un mundo que miraba a las estrellas.

Lo que realmente hacía especial a la 501, más allá de parecer un submarino con ruedas, era su atrevida –y algo cuestionable– ingeniería. El depósito de combustible de 12 litros se ubicaba justo encima de la rueda delantera, dejando un espacio de carga bajo el asiento digno de una berlina, pero obligando al piloto a convivir con el peso “del caldo” en la dirección. Movida por un motor de dos tiempos y 175 cc que rendía unos humildes 8 CV, la Čezeta no buscaba ganar carreras en el cuarto de milla, sino ofrecer una robustez mecánica capaz de sobrevivir a las precarias carreteras del bloque del Este sin rechistar.

Cezeta 501 (2)

Que el depósito estuviera sobre la rueda delantera no solo era raro por el manejo, sino que tenía un “efecto secundario” muy divertido –o aterrador–: el tapón del combustible estaba justo delante del manillar. Si te pasabas llenándolo o el tapón no sellaba bien, en cada frenada te caía un chorro de mezcla de gasolina y aceite directamente en los pantalones o en las botas. Los dueños de una Čezeta se reconocían en los bares por el olor a 2 tiempos que desprendían sus vaqueros.

Curiosamente, mientras en su tierra natal la apodaron ‘Prase’ (Cerdo) por su robustez y formas, al otro lado del charco, en Nueva Zelanda, se convirtió en un fenómeno de masas bajo el nombre de NZeta. En aquella época las importaciones estaban muy restringidas y los kits de montaje –CKD– de Checoslovaquia eran una forma barata de motorizar el país. Hubo una época en la que era más fácil ver una Cezeta en las calles de Wellington que en muchas ciudades de Europa occidental.

Como los buenos clásicos nunca mueren, la silueta del torpedo checoslovaco volvió a la vida en pleno siglo XXI. La marca resucitó con una versión 100% eléctrica, manteniendo ese chasis monocasco inconfundible pero sustituyendo el humeante motor de dos tiempos por baterías y silencio. Una forma perfecta de seguir cruzando la ciudad en un ‘cerdo’ espacial, pero esta vez con etiqueta cero.

La unidad que aparece en las imágenes fue subastada por Bonhams en 2019

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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