Moto del día: Honda V65 Sabre (VF1100S)

Moto del día: Honda V65 Sabre (VF1100S)

La Muscle bike de Honda en los 80


Tiempo de lectura: 3 min.

En la historia de Honda hay dos tipos de motos: las que se diseñan para venderse por millones y las que se diseñan para dar un puñetazo encima de la mesa. La Honda V65 Sabre –VF1100S– de 1984 pertenece, sin duda, al segundo grupo. Fue la respuesta de la marca del ala dorada a la creciente moda de las “Muscle Bikes” americanas, una moto que combinaba una potencia bruta de dragster con un despliegue tecnológico que hoy, visto con perspectiva, parece sacado de una película de ciencia ficción de serie B.

El nombre “V65” no era casualidad. En un mercado estadounidense obsesionado con las pulgadas cúbicas, Honda decidió bautizar a su nueva bestia basándose en su cilindrada en el sistema imperial: 65 pulgadas cúbicas –1.098 cc–. El objetivo era claro: humillar a cualquier V-Twin de Milwaukee y, de paso, dejarle las cosas difíciles a la incipiente competencia japonesa.

El corazón de la fiera era un V4 a 90º con refrigeración líquida y doble árbol de levas (DOHC) que entregaba la friolera de 121 CV a 9.500 rpm. Para poner esto en contexto, en 1984, esa cifra te permitía hacer el cuarto de milla en unos espectaculares 11,2 segundos, una marca que hoy en día sigue siendo respetable para muchas deportivas modernas. Era una moto capaz de superar los 220 km/h con la facilidad con la que otras iban a comprar el pan.

Pero lo que hacía a la Sabre una moto “incomprendida” no era solo su motor, sino su obsesión por la tecnología. Mientras que sus rivales apostaban por lo analógico, Honda instaló un cuadro de instrumentos digital que incluía indicador de marcha, cronómetro y un sistema de autodiagnóstico. Si te sentabas en ella, te sentías más cerca de pilotar a KITT –El Coche Fantástico– que una motocicleta convencional.

Honda V65 Sabre

Además, incorporaba soluciones técnicas que hoy son objeto de estudio: Sistema TRAC –Torque Reactive Anti-dive Control–: Un sistema mecánico en la horquilla delantera que endurecía la suspensión al frenar para evitar que la moto se hundiera excesivamente bajo el peso de sus más de 250 kg. Embrague antirrebote hidráulico: Sí, en 1984. Una delicia para gestionar las reducciones de ese motor tan lleno de par. Cardán: Para que pudieras centrarte en dar gas y olvidarte de limpiar cadenas.

Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. La Sabre –y sus hermanas Magna e Interceptor con el mismo bloque– arrastró durante años el estigma de los problemas de lubricación en los árboles de levas. La falta de presión de aceite en las culatas en determinadas condiciones hacía que las levas se desgastaran prematuramente, un fallo que Honda tardó en solucionar del todo y que le dio una fama de “delicada” que quizá no merecía si se era escrupuloso con el mantenimiento.

Aun así, la V65 Sabre fue una adelantada a su tiempo. Era una moto que intentaba ser tres cosas a la vez: una deportiva de semáforo, una rutera incansable y un escaparate tecnológico. Quizá por eso fue incomprendida; el público de la época no sabía muy bien si compararla con una Honda Gold Wing o con una Kawasaki GPZ900R.

Era una moto con una presencia física imponente, un sonido de V4 que pone los pelos de punta y esa sensación de que, si abres gas a fondo, el neumático trasero de 130 –ridículo para los estándares actuales– va a rendirse ante la caballería japonesa. Fue el martillo pilón de Honda antes de que la V-Max de Yamaha llegara para robarle el trono de las Muscle Bikes, pero para muchos, la Sabre siempre será la reina de la sofisticación bruta.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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