Moto del día: Honda CX 650E

Moto del día: Honda CX 650E

La evolución de la famosa CX 500


Tiempo de lectura: 3 min.

Si hablamos de la serie CX de Honda, a casi todos nos viene a la mente la mítica CX500, esa “mula de plástico” que los mensajeros de Londres y medio mundo machacaron hasta la saciedad por su fiabilidad de hormigón armado. Sin embargo, hoy nos detenemos en su evolución más refinada y, posiblemente, la más equilibrada: la Honda CX650E de 1984.

A principios de los 80, Honda estaba en plena efervescencia tecnológica. Querían sacudirse esa imagen de fabricar motos aburridas y puramente funcionales. Con la coletilla “Euro-sport”, la CX650E llegó para demostrar que el motor en V transversal —una configuración que siempre nos recordará a Moto Guzzi, pero con el sello de precisión japonesa— todavía tenía mucha guerra que dar antes de que los motores de cuatro cilindros en línea lo canibalizaran todo.

El cambio más sustancial respecto a la 500 original fue el aumento de cilindrada hasta los 673 cc. Aunque sobre el papel no parezca un salto abismal, en carretera la diferencia es como la noche y el día. Pasamos de los 50 CV de la versión estándar a unos muy respetables 64 CV a 8.000 rpm. Pero lo que realmente define a la CX650E no es su potencia máxima, sino su entrega de par. Con 61 Nm disponibles de forma muy lineal, la moto se siente llena en casi cualquier régimen, permitiéndote rodar relajado sin tener que pelearte constantemente con el selector de marchas.

El motor sigue siendo un prodigio de la ingeniería “rara” de Honda: refrigeración líquida, cuatro válvulas por cilindro accionadas por varillas (OHV) y ese cigüeñal que gira en sentido contrario al motor para mitigar el par de reacción típico de los motores longitudinales. Es un bloque robusto, algo ruidoso mecánicamente, pero virtualmente indestructible si se le mima mínimamente.

Honda CX650E

A diferencia de sus hermanas Turbo (que eran naves espaciales con un “lag” indomable), la 650E es una moto lógica y equilibrada. Para esta versión, Honda echó el resto en la parte ciclo para justificar el apellido “Sport”. Introdujeron el sistema de suspensión trasera Pro-Link con monoamortiguador, que supuso un salto de gigante frente a los dos amortiguadores clásicos de la CX500. En el tren delantero, la horquilla asistida por aire y dotada de un sistema antiquiebre (TRAC) ayuda a que la moto no se hunda en exceso al tirar de frenos.

En marcha, es una moto que filtra de maravilla. No es una deportiva de pura cepa —sus 220 kg en orden de marcha te lo recuerdan si intentas entrar en curvas cerradas a cuchillo—, pero es una rutera incansable. La transmisión por cardán es, sin duda, su mejor baza para los devoradores de kilómetros: te olvidas de la grasa, de tensar la cadena y de ruidos innecesarios. Es la definición de “arrancar y olvidarse”.

Visualmente, la CX650E dio un paso de gigante. Su diseño “Euro-style” compartía ADN con la CB750F o la CB900F, con líneas más afiladas, un depósito que fluye hacia las tapas laterales y ese faro rectangular con una pequeña cúpula “bikini” que le da un aire ochentero inconfundible. El motor, acabado en negro satinado, resalta frente a los colectores cromados, dándole una presencia mucho más imponente que la de su antecesora.

En definitiva, la CX650E fue el último gran esfuerzo de Honda por mantener viva una arquitectura que ya pedía el relevo. Hoy en día, es una pieza de colección muy valorada, no solo por su rareza (estuvo poco tiempo en producción), sino por ser una base excelente para personalizaciones o, simplemente, para disfrutar de una clásica que todavía puede seguir el ritmo del tráfico moderno sin despeinarse.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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