Moto del día: Cagiva SST 250 Chopper

Moto del día: Cagiva SST 250 Chopper

Un híbrido italoamericano que sirvió para que Cagiva arrancara su producción como marca


Tiempo de lectura: 3 min.

La Cagiva SST 250 Chopper es uno de esos extraños especímenes mecánicos que solo podrían haber nacido en la convulsa Europa de finales de los años 70. Heredera directa de la ingeniería de Aermacchi y del declive de la aventura italiana de Harley-Davidson, esta motocicleta representó el primer gran éxito comercial de los hermanos Castiglioni bajo el sello de Cagiva. Con una estética que bebía descaradamente del sueño americano de las cruisers, pero impulsada por un corazón de dos tiempos puramente continental, la SST 250 se convirtió en la solución perfecta para aquellos jóvenes que buscaban una imagen rebelde sin renunciar a la ligereza y sencillez mecánica de una utilitaria europea.

El contexto de su nacimiento es puro cine de industria. En 1978, la gigante AMF-Harley Davidson decidió tirar la toalla en su fábrica de Varese tras años de pérdidas y productos que no terminaban de encajar ni en Estados Unidos ni en el Viejo Continente. Fue entonces cuando Claudio y Gianfranco Castiglioni, dueños de una próspera empresa de piezas metálicas, compraron las instalaciones y el stock de piezas, dando origen a Cagiva. La SST 250 no fue un diseño desde cero, sino una evolución de la Harley-Davidson SS-250; de hecho, las primeras unidades aún lucían el logotipo de la marca de Milwaukee en el motor, sirviendo de puente entre dos filosofías industriales opuestas.

Estilo “Easy Rider” a precio europeo

La época demandaba precisamente lo que la versión Chopper ofrecía: personalidad a bajo coste. Mientras las marcas japonesas empezaban a inundar el mercado con motos técnicamente superiores pero visualmente más sobrias, Italia se resistía a perder el estilo. La SST 250 Chopper, con su manillar alto, su horquilla extendida y su asiento largo y mullido, era un ejercicio de escapismo en una Italia marcada por los “años de plomo”. No importaba que bajo los cromados y la postura de conducción se escondiera un motor monocilíndrico de mezcla que humeaba por el escape; la moto era barata, fácil de mantener y permitía a cualquiera sentirse parte de la cultura custom por una fracción del precio de una moto importada.

Harley Davidson SST 250

Anuncio de la Harley Aermacchi que da base a la Cagiva SST 250

Ese propulsor no era otro que el monocilíndrico de origen Aermacchi de ciclo dos tiempos, refrigerado por aire y alimentado por un carburador Dell’Orto de 32 milímetros con 243 centímetros cúbicos. Era un motor de grandes dimensiones, mucho más que un “dos y medio” estándar, ya que buscaba esconder su pequeña cilindrada y el carácter nervioso de los dos tiempos bajo una apariencia más masiva. Esto, entre otras cosas, permitía que fuera extremadamente robusto y, por tanto, fiable -calidad que granjeó a Cagiva miles de ventas-.

La herencia de Milwaukee en los tornillos

No obstante, entre las particularidades de la SST 250 Chopper, estaba el hecho de usar tornillería yankee, con medidas en pulgadas. Un detalle heredado de su etapa como Harley-Davidson que complicaba, según el taller, el trabajo sobre la moto, ya que exigía herramientas específicas en un mercado acostumbrado al sistema métrico decimal. Fue el último vestigio de la influencia estadounidense en una moto que, por lo demás, salvó a la industria de Varese y puso la primera piedra de lo que más tarde sería el imperio de Cagiva, Ducati y Husqvarna bajo el mando de los Castiglioni.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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