La Guazzoni Matta 50 era una de esas cincuenta que parecían pequeñas pero que en la historia dejan una huella grande. Con su motor de 50 centímetros cúbicos, su estética italiana y su planteamiento muy propio de los años sesenta, esta moto se colocó como un ejemplo claro de cómo se podía hacer una cincuenta con carácter sin renunciar a la sencillez.
El ingenio de Mandello ante la expansión de los sesenta
Los años sesenta fueron el momento de la gran expansión de las cincuenta en Italia. Las marcas ya habían creado máquinas con vocación de ciudad, pero Guazzoni llegó con una idea muy diferente: una moto que no solo fuera capaz de moverse en el día a día, sino que también mostrara el ingenio técnico de un taller que no quería quedarse en la reproducción. La Matta 50 apareció precisamente como la respuesta a esa necesidad.
La firma de Lombardía llevaba años trabajando en el segmento de las cincuenta con soluciones técnicas muy propias. La evolución desde los primeros prototipos hasta la Matta 50 mostró una continuidad creativa y un enfoque claro: motor de 50 centímetros cúbicos, estética cuidada y una posición de conducción pensada para sumar kilómetros sin pelearse con la moto.
Esta moto nació con la idea de ofrecer una cincuenta robusta, con un motor monocilíndrico y transmisión por cadena. La prensa de la época señalaba que de aquí surgieron unos de los cinquantini más interesantes de la historia italiana, con un diseño que combinaba sencillez y funcionalidad.
Simplicidad mecánica y ergonomía puramente italiana
El motor de 50 centímetros cúbicos tenía una configuración sencilla pero eficiente. La transmisión por cadena y el embrague manual daban un tacto correcto en el uso normal, aunque la respuesta podía ser más limitada en el uso prolongado. La caja de cambios de tres velocidades y el arranque por pedal ofrecían pases sencillos y un mantenimiento muy reducido.
La estética era la protagonista, con líneas cuidadas y un acabado que mostraba la atención al detalle. La altura de asiento resultaba accesible, y la posición de conducción, con manillares anchos y estribos en una posición relajada, no apretaba la espalda. El conjunto general trabajaba bien contra el viento, manteniendo una estampa ligera y minimalista que protegía el cuerpo por su estudiada ergonomía.
“En una época donde las cincuenta de ciudad eran simples herramientas de transporte, Guazzoni aplicó la mentalidad de las carreras para crear un ‘cinquantino’ con un carácter mecánico único.”
En el apartado ciclo, la horquilla delantera telescópica absorbía irregularidades a velocidad constante, y la suspensión trasera era de tipo rígido. En configuración estándar resultaba cómoda para la ciudad, lo que sugería una configuración pensada para la comodidad. El freno de tambor requería una mano firme, pero la progresión del conjunto era correcta.
Comportamiento urbano y el legado de los ‘cinquantini’
La Matta 50 se mantenía firme en línea, mostrando su gran acierto en trayectos urbanos. Con el acelerador contra el tope y neumáticos adecuados, la moto se colocaba donde se apuntaba sin discutir. A 30 km/h el motor trabajaba en modo relajado, sin vibraciones, capaz de mantener esa velocidad todo el día. A 50 km/h las vibraciones aumentaban hasta obligar a soltar la mano izquierda.
El cambio de marchas precisaba mínima presión con el pie, gracias a un tacto sencillo. A 2.000 rpm comenzaba el empuje de bajo régimen, que se extendía hasta las 4.000 rpm. El sonido del monocilíndrico a fondo era característico, y el repique de los pistones rebotando contra las aletas de refrigeración era el único detalle a tener en cuenta.
Con 50 centímetros cúbicos y una primera marcha alta, la Matta 50 no estaba diseñada para espectáculos de velocidad, pero ofrecía diversión genuina en calles secundarias. El precio la situaba como alternativa accesible en el segmento de las cincuenta. Aún comprando accesorios de rendimiento, el conjunto resultaba económico comparado con rivales.
La Guazzoni Matta 50 convertía escépticos en devotos del monocilíndrico de 50 centímetros cúbicos. Estética cuidada, motor con personalidad y acabados de calidad la hacían una opción contundente. Su legado perdura como ejemplo de cincuenta accesible con alma de ciudad y carácter italiano inconfundible, un capítulo importante en la historia de las cinquantini italianas.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS