La guerra por la velocidad máxima fue, durante finales de los años 90 y principios de los 2000, una auténtica carrera armamentística sobre dos ruedas. Si Kawasaki ya había marcado terreno con las legendarias ZX-10 y ZZR 1100, la llegada de la Honda CBR 1100 XX –capaz de alcanzar los 287 kilómetros por hora– y, sobre todo, la demoledora Suzuki GSX-R 1300 Hayabusa –superando los 300 kilómetros por hora en 1999–, obligó a Akashi a sacar la artillería pesada. La respuesta fue la Kawasaki ZX-12R Ninja, una máquina que llegó al mercado en el año 2000 con una misión clara: recuperar el trono de la velocidad a cualquier precio.
Técnica de caza de combate: el chasis monocasco
Su diseño no era casual; fue esculpido obsesivamente en el túnel de viento, buscando una aerodinámica que la hiciera penetrar en el aire como una auténtica bala. La ZX-12R destacaba por una solución técnica revolucionaria para la época: un chasis monocasco de aluminio pionero. Esta estructura no solo servía como columna vertebral de la moto, sino que integraba el propio airbox, buscando una rigidez torsional que las estructuras de doble viga convencionales empezaban a sufrir al lidiar con potencias tan extremas.
Hablando de potencia, su propulsor tetracilíndrico de 1.199 centímetros cúbicos era una obra de ingeniería bruta. Entregaba 178 caballos de vapor en estático, pero la cifra se disparaba hasta los 190 caballos de vapor gracias a un sistema RAM Air que, al ganar velocidad, “insuflaba” aire a presión al motor. Era una moto que imponía respeto absoluto. Los periodistas que tuvieron la suerte de probarla en su lanzamiento no tardaron en advertir: sin ayudas electrónicas –el control de tracción era un invento que entonces solo veíamos en coches de lujo–, el par era tan salvaje que un neumático trasero apenas duraba 1.200 kilómetros si te gustaba jugar con el acelerador.
Sin electrónica ni control de tracción, los 190 caballos con el sistema RAM Air a pleno pulmón hacían que el neumático trasero de la Ninja apenas durase 1.200 kilómetros.
El pacto de los 300 kilómetros por hora
Kawasaki había prometido que su criatura alcanzaría las 200 millas por hora –unos 321 kilómetros por hora–, pero la realidad se encontró con una barrera política inesperada. El miedo a una regulación gubernamental en Europa que limitara la potencia o la velocidad de las motos forzó un “pacto de caballeros” entre los fabricantes japoneses y BMW para limitar la velocidad punta de fábrica a un máximo de 300 kilómetros por hora.
Curiosamente, solo las unidades vendidas en el año 2000 escaparon a esta limitación electrónica. A partir de 2001, todas las Ninja venían “capadas” de origen. La marca, como era de esperar, nunca se pronunció oficialmente sobre el limitador, pero el evento mundial que tenían preparado para humillar a la Hayabusa en pista se canceló de golpe. Kawasaki prefirió retirar la mano antes de que la sangre llegara al río regulatorio.
¿El mito olvidado de las dos ruedas?
La ZX-12R nunca alcanzó el estatus de mito pop que logró la Hayabusa. Quizá el aerodinámico diseño de la Suzuki, con sus formas redondeadas, resultó más digerible para el gran público que la estética de “avión de combate” de la Ninja, con sus alerones integrados en los espejos retrovisores. Sin embargo, para los que entienden de motos, la ZX-12R sigue siendo la última gran hyper-sport bruta de la vieja escuela.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS