Hay algo profundamente irónico en que una de las creaciones más peculiares de la factoría de Mollet fuera, durante años, una completa desconocida en nuestras propias carreteras. Mientras en la España de finales de los 70 los chavales se peleaban por una Sport Coppa de marchas, al otro lado del Atlántico, Derbi vendía la Laguna: una máquina que utilizaba el prestigio de los Mundiales ganados por la marca en 50 cc para conquistar el mercado americano con una fórmula arriesgada: estética de Gran Premio y facilidad de conducción automática.
Ni una Sport Coppa, ni una Variant
Solemos caer en el error de pensar que la Laguna era simplemente una Coppa con plásticos de carreras y motor de Variant, pero la realidad técnica es mucho más rica. Si bien compartía el chasis de doble cuna y la horquilla telescópica larga, su corazón era un híbrido específico. Aunque la base del cilindro recordaba a la Variant, el sistema de puesta en marcha y el complejo mecanismo de cambio moto/bici –exigido por la normativa de varios estados de EE. UU.– la convertían en una pieza única.
La rareza del doble freno
Lo que realmente hace que un coleccionista levante la ceja al ver una Laguna es su sistema de frenado trasero. En un alarde de ingeniería –o de exceso de precaución normativa–, la Laguna permitía frenar la rueda trasera de dos formas: mediante el pedal tradicional con varilla y a través de una maneta con cable en el manillar. Una solución que roza lo extravagante y que hoy es el quebradero de cabeza de cualquier restaurador.
La estética no se quedaba atrás. Con sus llantas de aleación de cinco radios y su carenado integral, la Laguna prometía una velocidad que su motor de 50 centímetros cúbicos –especialmente en las versiones con motor de láminas post-1980– trataba de cumplir con dignidad. Existen, además, unidades con llantas de radios cuyo origen exacto sigue siendo un misterio de producción que los coleccionistas no han logrado resolver del todo.
La española que no vivió en España
El contexto de la Derbi Laguna es el de una marca que ya se sentía pequeña para su propio país. En los 80, Derbi era una potencia mundial y decidió que el negocio estaba fuera. Mientras aquí la Sport Coppa reinaba en las calles, la Laguna se preparaba en los departamentos de carreras de Metrakit para circuitos internacionales. Es la historia de una “exiliada” por éxito comercial: una moto que, a pesar de tener el ADN de Mollet en cada tornillo, prefirió triunfar en las avenidas de California antes que en las carreteras españolas.
Adelantada a su tiempo
Aunque hoy pueda parecer una mezcla extraña –un chasis deportivo con un motor automático–, la Derbi Laguna fue una pionera incomprendida. Ese concepto de moto con cuerpo de racer pero alma de scooter volvería a intentarlo décadas después con la Gilera DNA, y hoy es una realidad consolidada con sistemas como el DCT de Honda o las nuevas automáticas de gran cilindrada. Derbi ya sabía en 1976 que el futuro pasaba por eliminar la maneta de embrague sin renunciar a la postura de ataque, aunque entonces solo fuera para cumplir con la normativa americana.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS