La AJS E95 Porcupine es, sin lugar a dudas, el “Santo Grial” del motociclismo de competición británico. Producida entre 1952 y 1954, esta máquina fue la culminación de un sueño imposible en la era de la posguerra: una motocicleta de carreras con motor bicilíndrico DOHC de 497 centímetros cúbicos, capaz de intimidar a los gigantes italianos. Apodada cariñosamente “Puercoespín” por las aletas de refrigeración de su antecesora –la E90–, la E95 no solo destaca por su tecnología punta –con cilindros inclinados a 45 grados y una construcción unit avanzada–, sino por ser la única motocicleta de dos cilindros que ha logrado ganar el Campeonato del Mundo de 500 centímetros cúbicos. Un artefacto de ingeniería artesanal, del que apenas se construyeron cuatro unidades en su especificación final, que hoy se cotiza como una pieza de museo invaluable.
Contexto: Entre la austeridad y la ambición técnica
Para entender la Porcupine, debemos viajar a la Gran Bretaña de mediados de los años 40. Mientras el país se recuperaba de las heridas de la Segunda Guerra Mundial bajo un régimen de racionamiento y escasez de materiales, los ingenieros de Associated Motor Cycles –AMC– –propietarios de AJS y Matchless– se embarcaron en una aventura audaz. La FIM había prohibido la sobrealimentación en 1946, forzando a la marca a rediseñar por completo su motor E90S –diseñado originalmente para usar compresor–. Fue un ejercicio de resiliencia: con presupuestos mínimos y recursos limitados, lograron que Les Graham se alzara con el primer mundial de la historia en 1949, superando la potencia bruta de las marcas italianas gracias a un equilibrio perfecto entre peso y manejabilidad.
Sin embargo, el éxito de 1949 fue un destello que pronto se vio amenazado por el avance imparable de marcas como Gilera y MV Agusta, que contaban con apoyo gubernamental y recursos aparentemente ilimitados. La AJS Porcupine fue el intento desesperado y glorioso de una empresa privada por mantener la bandera británica en lo más alto del podio. No era solo una moto; era el símbolo de una industria que se negaba a ser eclipsada por la sofisticación italiana, aunque esa misma ambición técnica terminara siendo su propia condena debido a la complejidad de mantener una máquina tan exótica en un entorno de extrema austeridad.
Desarrollo técnico: Una obra maestra de la ingeniería artesana
El corazón de la E95 era un bloque parallel-twin de 497 centímetros cúbicos de aleación de aluminio con arquitectura DOHC. La gran innovación de esta versión de 1952 fue la inclinación de los cilindros 45 grados hacia arriba –en lugar de la posición horizontal de la E90–. Este cambio fue vital: permitió acortar la distancia entre ejes, mejorando drásticamente el comportamiento en curvas cerradas. Con una potencia de 55 CV a 7.600 rpm, el motor se gestionaba mediante un sistema de engranajes para los árboles de levas, evitando los problemas de estiramiento de las cadenas de la época, aunque a costa de una mayor complejidad mecánica.
Con respecto a la parte ciclo, no se quedó atrás en innovación. AJS adoptó un chasis perimetral de acero de construcción hueca, buscando el compromiso ideal entre rigidez y ligereza. Con un peso seco de apenas 152 kilogramos, la Porcupine era una pluma comparada con los complejos sistemas de refrigeración líquida y transmisiones por cardán de sus rivales. Pero su verdadera joya llegó en 1954: un depósito de combustible tipo “alforja” fabricado a mano que envolvía el motor, resolviendo de una vez por todas los problemas de alimentación de combustible que habían torturado al modelo durante años, mediante un diseño de gravedad asistido por una bomba integrada.
El final de un sueño y su legado imperecedero
La Porcupine era, en esencia, un paradigma de contradicciones. Fue aclamada como la moto de carreras británica más elegante y avanzada, pero también fue vilipendiada por su falta de fiabilidad. Los famosos fallos en el eje del magneto, que costaron a Les Graham victorias seguras, se convirtieron en un fantasma que perseguía al equipo AJS en cada circuito. A pesar de esfuerzos titánicos, en 1954, la marca decidió que el coste de seguir desarrollando esta joya era insostenible. Abandonaron la E95 en favor de la G45, un modelo mucho más sencillo, barato y fiable, basado en la mecánica de sus motos de calle.
Hoy, la Porcupine vive en el imaginario colectivo como el “Santo Grial”. La subasta de una unidad en 2011 por 675.000 dólares es el reflejo de lo que significa para un coleccionista: no es solo una moto, es la última muestra de una era en la que el ingenio individual y la pasión superaban a los departamentos de marketing corporativo. Ejemplares en el Barber Vintage Motorsports Museum o en la colección de Team Obsolete nos recuerdan que, aunque no ganaran todas las carreras, aquellas cuatro E95 representaron el apogeo de una artesanía británica que, una vez perdida, nunca pudo ser recuperada. El puercoespín no pudo con los cuatro cilindros italianos, pero su legado como única bicilíndrica campeona del mundo sigue intacto, esperando a que alguien reconozca la audacia de aquellos hombres que, en medio de la miseria de la posguerra, decidieron construir la moto más bella del mundo.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS