Moto del día: Gilera VT 317

Moto del día: Gilera VT 317

Así fue la primera motocicleta de Gilera


Tiempo de lectura: 6 min.

La Gilera VT 317 de 1909 representa un hito absoluto: fue la primera motocicleta de la marca italiana Gilera. Nacida en un modesto taller de Milán, en el Corso XXII Marzo 42, esta máquina no solo inauguró la trayectoria de uno de los fabricantes más laureados de la historia, sino que sirvió como piedra angular de la incipiente industria del motor en Italia. En una época en la que los vehículos de dos ruedas apenas eran bicicletas reforzadas con motores perezosos, esta “bicimoto” supo demostrar que la pasión y la técnica italiana podían mirar de tú a tú a los grandes constructores europeos y suizos.

Bajo una apariencia espartana y ultraligera de apenas 75 kilogramos, la VT 317 escondía soluciones mecánicas muy avanzadas para su tiempo. Su planteamiento original combinaba la sencillez de una bicicleta de pedales con la fuerza de un motor monocilíndrico de cuatro tiempos, logrando una velocidad máxima declarada de 105 km/h. Una cifra verdaderamente escalofriante para 1909, cuando la mayoría de las motocicletas contemporáneas apenas lograban superar los 40 o 50 km/h en los bacheados caminos de la época.

Giuseppe Gellera: El origen del fundador

Detrás de esta obra de ingeniería se encontraba Giuseppe Gellera, nacido el miércoles 21 de diciembre de 1887 en Zelo Buon Persico, un pequeño pueblo agrícola cercano a Milán. Siendo el octavo de nueve hermanos de una familia numerosa, Giuseppe vivió la migración del campo a la ciudad en 1896, cuando sus padres se trasladaron a Milán en busca de las oportunidades industriales que florecían en el norte de Italia.

Su idilio con la mecánica comenzó pronto. En 1901, con solo 15 años, entró como aprendiz en la prestigiosa factoría de Edoardo Bianchi, donde absorbió los secretos de la fabricación artesanal y el ajuste de motores de precisión. Su ambición le llevó más tarde a trabajar para la firma Bucher y, con apenas 19 años, se trasladó a Ginebra –Suiza– para trabajar en Moto Rêve, una de las marcas punteras en el diseño de propulsores de la época. Allí refinó su técnica y comprendió la importancia de la eficiencia volumétrica antes de regresar a Italia para establecer su propio negocio en 1909.

La técnica de la VT 317: Vanguardia en bloque pequeño

El corazón mecánico de la primera Gilera era un motor monocilíndrico de 317 cc de cuatro tiempos con distribución OHV –válvulas en culata–. Esta configuración resultaba sumamente avanzada frente a los anticuados motores de válvulas laterales que empleaba la competencia, ya que optimizaba el flujo de gases en la cámara de combustión. Con unas cotas de diámetro y carrera de 67 mm × 90 mm, el bloque priorizaba la elasticidad y el par en regímenes medios, entregando una potencia estimada de 7 CV –5,2 kW– a unas conservadoras 3.500 rpm.

La sencillez estructural era la clave de su ligereza. El chasis era de tipo open frame –cuna abierta– construido en tubería de acero, donde el propio motor actuaba como elemento estructural –stressed member–, soportando las tensiones mecánicas del conjunto. Fiel a las costumbres de los pioneros, la VT 317 carecía por completo de suspensión delantera o trasera, confiando la comodidad del piloto a la flexión del propio bastidor y al mullido del sillín.

La transmisión final se realizaba mediante una correa de cuero directa de una sola velocidad –single-speed belt drive– que conectaba el cigüeñal con la rueda trasera, prescindiendo de caja de cambios. Debido a esta relación fija y a las limitaciones lógicas de sus 7 CV, la motocicleta conservaba los pedales de bicicleta. Estos no solo servían para poner en marcha el motor superando la resistencia de la compresión, sino que eran la ayuda indispensable para que el piloto asistiera mecánicamente a la máquina al afrontar pendientes acusadas o puertos de montaña revirados.

Gilera VT317 (2)

Giuseppe Gellera, al mando de la Gilera VT 317

El éxito en competición y el cambio de apellido

Giuseppe Gellera no solo era un mecánico brillante; también era un piloto audaz. Para demostrar la valía de sus creaciones y ganar notoriedad, participó activamente en las carreras de montaña de la época. Al manillar de motocicletas Bucher modificadas por él mismo —mientras operaba en secreto su taller de Milán—, logró la hazaña de ganar de forma consecutiva tres ediciones de la legendaria subida en cuesta Como-Brunate.

Esta reputación en carrera impulsó las ventas de la VT 317. Una de las pruebas visuales más valiosas de este modelo se conserva en el Registro Storico Gilera, plasmada en una célebre fotografía de 1911 que muestra a Giuseppe pilotando la VT 317 en el histórico hipódromo del Trotter de Milán, un espacio que precedió a los míticos trazados de Monza o Imola.

Un detalle histórico curioso ocurrió entre 1912 y 1914, período en el que Giuseppe decidió modificar oficialmente su apellido original Gellera por el de Gilera. Aunque los archivos de la época muestran discrepancias sobre e

momento exacto de la transición, los motivos apuntan a una estrategia puramente comercial y de branding: el nombre “Gilera” resultaba mucho más rotundo, fácil de pronunciar en los mercados internacionales y carecía del marcado acento dialectal de su apellido de nacimiento. De hecho, los primeros logotipos pintados en los depósitos de las VT 317 ya lucían la grafía “Gilera”, anticipando la marca definitiva.

El traslado a Arcore y un legado imborrable

Hacia 1915, el pequeño taller del Corso XXII Marzo se había quedado pequeño ante el aluvión de pedidos. La necesidad de expandir la producción llevó a Gilera a trasladar sus instalaciones a Arcore, en la provincia de Monza y Brianza. Esta nueva fábrica permitió la industrialización a gran escala, el diseño de nuevas cilindradas de 250 cc y 500 cc, y la consolidación de la empresa como un gigante del motor.

Aquel humilde inicio con la VT 317 de pedales y transmisión por correa pavimentó el camino hacia una de las eras más gloriosas del motociclismo. Décadas más tarde, Gilera dominaría la categoría reina del Campeonato del Mundo de Velocidad –500 cc– entre 1949 y 1957, cosechando seis títulos mundiales gracias a pilotos de leyenda como Umberto Masetti, Geoff Duke y Libero Liberati. Tampoco se puede olvidar la revolucionaria Gilera Rondine de 1936, una fiera de cuatro cilindros transversales con compresor que en 1937 fijó el récord mundial de velocidad en 274,181 km/h.

Adquirida finalmente por el Grupo Piaggio en 1969, Gilera sobrevive en la memoria colectiva como el reflejo de una época dorada. Una era artesanal e individualista donde las motocicletas se esculpían a mano con pasión y asfalto, un contraste absoluto con la producción homogeneizada de la era moderna.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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