Moto del día: Suzuki GSX-S1000 (2015)

Moto del día: Suzuki GSX-S1000 (2015)

Motor heredado de la GSX-R1000 de 2005, 145 CV, frenos Brembo y una fórmula directa y sin artificios


Tiempo de lectura: 7 min.

Suzuki llevaba años fabricando una de las superbikes más respetadas del mercado, pero tardó bastante en aprovechar una idea que otros habían convertido ya en un segmento propio: la naked de litro nacida para correr por carretera. En 2015, mientras BMW, Aprilia, KTM o Yamaha ya tenían sus interpretaciones de la supernaked, la marca de Hamamatsu presentó la Suzuki GSX-S1000.

La Suzuki GSX-S1000 fue la última en llegar a un segmento que ganaba popularidad con cada día que pasaba —el de las super naked—, pero eso no significó que llegara con desventajas. Suzuki aplicó una regla que usaba desde hacía tiempo en otras categorías y que había demostrado que funcionaba la mar de bien: deportividad y polivalencia en sus dosis justas. Si a eso le sumamos sus 145 CV y un precio de partida que rondaba los 12.000 euros, todo hacía presagiar que el éxito estaba asegurado.

El despertar tardío en el segmento de las ‘supernaked’

A mediados de la década de 2010, el mercado de las naked de gran cilindrada ya no era un terreno reservado a las motos sencillas o a las deportivas sin carenado. Las marcas habían descubierto que muchos motoristas querían prestaciones de superbike, pero con una postura más cómoda, mayor facilidad de uso y una estética propia. BMW, Aprilia, KTM y Yamaha ya tenían propuestas muy definidas. Ducati había abierto el melón con la primera Streetfighter, BMW había demostrado con la S 1000 R que una superbike radical con motor de cuatro cilindros era una receta fantástica; Aprilia radicalizaba la Tuono; KTM había llevado la idea al extremo con la Super Duke… Pero Suzuki, que durante décadas había sido una referencia entre las deportivas, aún no tenía una respuesta directa.

Hubo que esperar hasta 2015 para que en Hamamatsu despertaran y vieran el interés que generaba el segmento. Así pues, pusieron en liza la Suzuki GSX-S1000, una montura que, sobre el papel, parecía quedarse lejos de los rivales más poderosos de tan especial parcela de mercado —como el disparate de KTM—, pero ahí estaban sus mejores argumentos. La GSX-S1000 tomaba muchas cosas de la Gixxer “de litro” para ofrecer un modelo que destacaba por una combinación muy interesante entre deportividad y polivalencia.

No era una GSX-R1000 a la que le hubieran quitado el carenado. Tampoco era una GSR agrandada ni una reedición de la excesiva B-King. Suzuki la definió como una Pure Sport Roadster: una naked concebida desde el principio para aprovechar en carretera la experiencia de la GSX-R, pero con manillar ancho, posición más natural y un motor adaptado a lo que realmente ocurre entre semáforos, rotondas, adelantamientos y carreteras secundarias.

El corazón de la K5 adaptado a la calle

La receta empezaba por el elemento que convirtió a la GSX-S1000 en una moto especial: el motor. Suzuki recuperó el cuatro cilindros en línea de 999 cc de la GSX-R1000 de 2005, la famosa K5. En vez de desarrollar un propulsor completamente nuevo, prefirió partir de una mecánica que ya tenía fama de poderosa, fiable y llena de par. El objetivo no era reproducir el comportamiento de una superbike de circuito —como sí hacían los fabricantes rivales—, sino trasladar su personalidad a una naked rápida y utilizable.

El bloque seguía siendo el mismo cuatro cilindros de refrigeración líquida, doble árbol de levas y dieciséis válvulas. Con unas cotas internas de 73,4 x 59 mm, conservaba ese equilibrio entre respuesta a medio régimen y capacidad para estirar arriba que había hecho tan apreciada a la GSX-R1000 K5. Suzuki revisó la admisión, la inyección, el escape y la gestión electrónica, además de emplear árboles de levas y otros componentes adaptados al nuevo uso. El resultado eran 145 CV a 10.000 rpm y 106 Nm a 9.500 rpm.

Había nakeds más radicales, más caras y con más caballos. Pero la GSX-S1000 tenía algo que no aparece en una tabla: un motor que no exigía vivir pegado al cambio. La prensa destacó precisamente su capacidad para salir de las curvas con fuerza, adelantar sin necesidad de reducir y afrontar un puerto de montaña utilizando casi siempre una marcha larga. Era una moto que aceleraba de verdad desde abajo y medio régimen, pero que conservaba el grito de un cuatro cilindros japonés al acercarse a la zona alta del cuentavueltas.

Algunas revistas británicas también subrayaron ese doble carácter. A velocidad moderada, el motor se mostraba suave y con vibraciones contenidas; al abrir gas con decisión, la moto respondía con una aceleración contundente y seguía empujando hasta aproximadamente 11.500 rpm. No era una naked pensada para buscar cifras de banco o para presumir de modos electrónicos: era una moto creada para que cada incorporación, cada adelantamiento y cada salida de curva tuviera una respuesta inmediata.

Suzuki GSX S1000 (2)

La Suzuki GSX-S1000 no quiso ganar por ser la más tecnológica ni la más sofisticada, sino por ofrecer una parte ciclo seria, frenos Brembo y el legendario motor de la GSX-R K5 a un precio imbatible

Parte ciclo, frenos Brembo y electrónica justa

La parte ciclo seguía la misma filosofía de eficacia sin artificios. El bastidor de doble viga de aluminio combinaba rigidez y un peso contenido, mientras que la horquilla invertida Kayaba de 43 mm permitía reglajes completos. Detrás trabajaba un monoamortiguador también ajustable. No había suspensión electrónica ni sistemas semiactivos: había componentes convencionales de buen nivel y la posibilidad de ponerlos a punto según el tipo de conducción.

Suzuki tampoco escatimó en la frenada. La GSX-S1000 montaba dos discos delanteros flotantes de 310 mm, mordidos por pinzas Brembo monobloque radiales de cuatro pistones, y un disco trasero de 220 mm con pinza Nissin. Era una elección lógica para una naked de 145 CV y 209 kg en orden de marcha: potencia de frenado sobrada, tacto deportivo y un conjunto preparado para que el motor no fuese el único protagonista cuando la carretera se retorcía.

La electrónica era la justa para 2015. El control de tracción disponía de tres niveles y podía desconectarse desde la piña izquierda. No había modos de conducción, plataforma inercial, control de caballito, suspensión electrónica ni una instrumentación planteada como una pantalla de ordenador. La GSX-S1000 quería conservar el contacto directo entre piloto, acelerador y rueda trasera, pero añadía una red de seguridad razonable para la potencia disponible. El ABS se ofrecía según mercado y su disponibilidad no fue idéntica en todos los países.

Ergonomía, defectos y conclusiones

La ergonomía ayudaba a explicar por qué Suzuki hablaba de una moto “para todos y para todo”. El asiento estaba a 810 mm de altura, la distancia entre ejes era de 1.460 mm y el depósito de 17 litros permitía hacer kilómetros sin que la autonomía fuese una preocupación inmediata. El manillar Renthal Fat Bar de sección variable ofrecía una posición más erguida y natural que la de una GSX-R, aunque seguía dejando claro que se trataba de una naked deportiva. Autobild resaltó que el piloto quedaba bien integrado entre el depósito y el manillar, y que la moto resultaba fácil de llevar desde los primeros metros.

No todo era perfecto. El tacto inicial del acelerador podía resultar algo brusco en determinadas situaciones, el radio de giro no era especialmente generoso y algunas pruebas criticaron una presentación demasiado básica para una moto de esta categoría. También hubo observaciones sobre acabados y detalles eléctricos que no transmitían el mismo nivel de refinamiento que algunos rivales europeos.

Pero esas concesiones eran coherentes con la estrategia de Suzuki. La GSX-S1000 no quería ganar por ser la más tecnológica ni la más sofisticada. Quería ofrecer una parte ciclo seria, frenos Brembo, un motor de GSX-R con una entrega magnífica y una cifra de precio difícil de ignorar. En España costaba 11.999 euros en 2015, con una versión equipada con ABS cuyo precio variaba según el mercado.

La GSX-S1000 llegó tarde a la fiesta de las naked de litro, pero llegó con una personalidad muy clara. Mientras otras marcas buscaban más electrónica, más potencia o una imagen cada vez más extrema, Suzuki recuperó uno de sus mejores motores, lo civilizó lo justo y lo instaló en una moto capaz de moverse con soltura por ciudad, viajar por carretera y atacar un puerto con verdadera mala leche.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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