El Peripoli Oxford no es solo otro tubone: es una declaración de intenciones de una marca que, sin hacer ruido, dejó huella en los ciclomotores europeos. Peripoli –la misma de los Scooter Rizzato, tan modestos como tercos– entendió antes que muchos que había un punto intermedio entre la bicicleta con motor y el ciclomotor “serio”. Y lo clavaron. El Oxford fue su jugada maestra: un tubone con postura cómoda, aspecto moderno para su época y una mecánica sencilla que, bien puesta a punto, era casi inmortal.
Lo primero que llamaba la atención era su línea baja, larga y muy recta, más estilizada que la de otros tubone italianos. Parecía un híbrido entre un Vespino robusto y un ciclomotor turístico. Nada de aditamentos extraños ni cromados exagerados: era una máquina funcional, pensada para durar, pero con ese encanto italiano que hacía que incluso lo simple pareciera bien diseñado. El chasis era, básicamente, la carrocería en sí, con la zona del depósito que se ensanchaba según bajaba desde la pipa de dirección hacia el motor.
Mecánicamente, el Oxford montaba motores de 49 cc de dos tiempos, suministrado por Franco Morini. No eran unidades explosivas, pero sí muy finas de funcionamiento. Hablamos de unos 2,5 a 3,5 CV, suficientes para moverse por ciudad y carretera secundaria gracias a su caja de cambios de tres o cuatro velocidades. Al parecer, había quien cambiaba el conjunto motor-cambio por un Minarelli P6, que traía caja de cambios de seis relaciones. Y como buen tubone, ofrecía lo que todos buscaban en aquel momento: consumo ridículo, mantenimiento mínimo y fiabilidad absoluta. Con un carburador limpio y una bujía en condiciones, te llevaba al fin del mundo.
El chasis, esa famosa tubería gruesa que definía el concepto tubone, también aportaba su personalidad. Permitía integrar el depósito en el propio bastidor, bajar el centro de gravedad y dejar un espacio libre que daba más libertad al subchasis y al guardabarros trasero. Era un concepto demencialmente práctico: sencillo de fabricar, fácil de mantener y muy estable.
Estéticamente, el Peripoli Oxford también se diferenciaba de buena parte de sus rivales. Mientras Testi o Fantic buscaban diseños más deportivos a base de carenados de plástico por doquier, Peripoli apostó por un tubone con alma urbana. Guardabarros limpios, líneas rectas y colores sobrios. Era una máquina para quien quería un medio de transporte serio sin renunciar a cierto encanto italiano. Y ahí está su magia: no iba de nada, no pretendía impresionar… y quizá por eso lo hacía.
¿Llegó a España? Oficialmente, no. Y eso aumenta su atractivo. El Oxford quedó como uno de esos modelos que veíamos en revistas extranjeras, en catálogos italianos o en fotos perdidas de mercadillos. Un tubone que podría haber funcionado muy bien aquí, pero que nunca cruzó la frontera de manera significativa. Ahora es casi un objeto de culto, especialmente entre quienes buscan ciclomotores raros que se salgan del sota-caballo-rey nacional.
En resumen: el Peripoli Oxford es uno de esos tubone discretos pero esenciales. No fue el más rápido, ni el más radical, ni el más vendido. Pero dejó claro que un ciclomotor podía ser práctico y bonito sin necesidad de rebuscar. Era sencillez con clase. Italianos haciendo lo que mejor saben: hacer que lo humilde también tenga alma.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS