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Moto del día: Piaggio Zip 50 2T

La ciudad a tus pies

Moto del día: Piaggio Zip 50 2T

La Piaggio Zip 50 es una de esas motos arquetipo de lo que fue el boom de las scooter de 50 cc en nuestro país en la década de los 90. Las había de todos los tipos y de todas las marcas, pero para mí la Zip tenía todo lo que había que tener y nada sobraba. Era el equilibrio perfecto.

El modelo se estrenó en 1993 y venía a ofrecer un conjunto sumamente compacto en cotas y liviano en peso. La moto rondaría los 80 kilos y era sumamente corta y estrecha, lo cual, unido a sus diminutas ruedas de 10 pulgadas de diámetro le conferían una agilidad máxima sólo superada quizá por un patinete eléctrico.

Sin embargo, era sumamente práctica y habitable en relación a su tamaño. Tenía una guantera en el escudo frontal que servía para guardar pequeñas cosas, mientras que debajo del asiento sumaba un maletero con espacio para un casco o la compra diaria. Además, estaba homologada para dos plazas y gracias a su ancho asiento ambas podían desplazarse con comodidad por ciudad.

En el apartado mecánico tenía un motor de dos tiempos y refrigeración de aire forzado. Con su carburador de 12 mm era capaz de erogar unos modestos 3 CV de potencia, pero los más veteranos del lugar ya sabréis que estas motos eran propensas a modificaciones por parte de sus dueños, y con unos pequeños cambios aquí y allá… fácilmente podía duplicarse esa cifra, y también el consumo, claro.

Piagio Zip 50 2T

Piaggio Zip 50 2T – Fotografía: Ledi1977 (Creative commons) CC BY-SA 3.0

Hablando de consumos… no era especialmente austera, pero ninguna 2T de 49 cc lo era. Las medias podían rondar los 3 o 3,5 litros a los 100 y a mayores, tenías que contar con un litro de aceite cada 1.000 kilómetros , aproximadamente. Los italianos también vendían una versión con motor 4T, mucho más austera y fiable, pero claro, no corría igual. Es por eso que la opción 2T era la preferida de casi todos los compradores.

El bastidor era de tipo tubular construido en acero mientras que en el apartado de frenado las primeras series contaba con tambor en ambos ejes, algo que cambiaría en 1997 cuando se incorporó un disco de pequeñas dimensiones a la rueda frontal, pero que sin duda mejoraba el rendimiento frenante. Las scooters de fábrica vienen limitadas a 45 km/h, pero con la des limitación pertinente en el variador, la Piaggio Zip podía alcanzar los 65 km/h con el motor de serie, sin modificaciones.

El problema es que con las ruedas tan pequeñas era un asunto delicado alcanzar esas velocidades, ya que los baches e irregularidades del firme afectan bastante a su estabilidad. Ya sabemos que estabilidad y agilidad suelen ser opuestas, o eliges una o eliges la otra.

Tenía un depósito de 5,2 litros que si te daba por ir alegre en ciudad apenas le sacabas 150 km hasta dejarla seca. Por supuesto, no tenía medidor de nivel de combustible y se conformaba con un testigo luminoso cuando la cosa empezaba a estar complicada en el depósito.

Piagio Zip 50 2T 3

La instrumentación a su vez también era sumamente sencilla con un velocímetro graduado hasta 80 km/h, ideal para cazar a algún que otro fantasma asegurando haber cogido los 100 km/h con ella. A parte de eso contaba con un cuenta kilómetros total y cuatro testigos luminosos.

Conducir esta moto por ciudad es toda una fiesta, si nunca os habéis subido a algo parecido, tenéis que probarlo. La sensación es de dominio absoluto del tráfico y una agilidad digna de un mosquito. Si hay un pequeño resquicio o grietecilla entre los coches, por ahí podrás caber. Los giros son algo casi instantáneos, y para dar la vuelta completa apenas necesitas un par de metros de diámetro de giro.

Obviamente no tiene sentido hablar de comportamiento en carretera o en autovía. Esta moto es para lo que es, para ser el amo del culebreo por la jungla urbana. No obstante, si te armas de paciencia, también podrías llegar muy lejos con ella, ya que al motor no le va a pasar nada. Conozco gente que se ha hecho viajes de 100 km por carretera con una de estas… como siempre, solo es cuestión de tiempo y paciencia. ¡Ah!, y de llevar un saco de bujías contigo, claro.

De segunda mano hoy en día andan a precios de risa. Por 400 euros puedes encontrar unidades en perfecto estado de conservación y con kilometrajes bajos a nada que busques un poco. De todas formas, te recomiendo que seas un poco manitas ,ya que son motos que tienden a dar fallitos tontos y hay que estar encima de ellas para que funcionen correctamente.

Un cambio de bujía, una rotura del cable del acelerador, una limpieza del carburador… son operaciones de mantenimiento rutinarias y frecuentes a las que tendrás que saber hacer frente a nada que la uses de manera un poco intensa ya que de otra forma, te tocará visitar el taller con bastante frecuencia.

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Sobre mí

Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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El litri
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El litri

Nunca me gustaron los Scooter con la rueda tan pequeña, en cuanto pillas un bache medianamente grande, te quedas sin suspensión.

losejuis
Invitado
losejuis

«…no LA sobraba de nada.»

Javier Costas
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Discúlpanos, se ha colado un fallo ahí.


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

Gonzalo Lara Camarón

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J. Guillermo Pozo

Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

Delco

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