A mediados de los años 80, mientras las grandes fábricas japonesas se peleaban por ver quién ponía más cilindros y más plástico en sus carenados, un hombre en California llamado Ron Wood decidió que el camino hacia la victoria era mucho más estrecho y ligero. Su creación, la Wood-Rotax SJ676, no solo es una de las Supermonos más bellas jamás fabricadas, sino un ejemplo de cómo la simplicidad, cuando se lleva al extremo de la calidad, puede humillar a máquinas mucho más potentes.
El corazón de esta bestia era un motor Rotax monocilíndrico de 676 cc, una unidad que originalmente podrías encontrar en motos de campo, pero que tras pasar por las manos de Wood y recibir una carburación Dell’Orto de 40 mm, se convertía en un molinillo capaz de entregar más de 70 CV. Para un solo pistón en 1986, eso era territorio desconocido.
Pero lo que realmente hace que la Wood-Rotax sea un unicornio técnico es su chasis. Diseñado por Steve Jentges, el bastidor de acero al cromo-molibdeno era una obra de arte minimalista. Sin embargo, escondía un secreto: era hueco y por su interior circulaba el aceite del motor.
Esta solución no solo ahorraba el peso y el espacio de un radiador externo y sus manguitos, sino que utilizaba la propia estructura de la moto para disipar el calor. Era ingeniería aeroespacial aplicada a las carreras de club. El resultado final era una moto que pesaba poco más de 100 kg. Imagina la agilidad de una bicicleta con la potencia de una deportiva de media cilindrada de la época.
En circuitos ratoneros y técnicos como el mítico Willow Springs, la Wood-Rotax se convirtió en una leyenda negra para los pilotos de las incipientes Superbikes. Mientras los demás tenían que pelearse con inercias y pesos de casi 200 kg, el piloto de la Wood-Rotax podía retrasar la frenada hasta lo absurdo y abrir gas mucho antes, aprovechando el par motor del enorme monocilíndrico.
Se fabricaron poquísimas unidades (se dice que apenas 16), lo que la convierte hoy en una de las piezas de colección más deseadas por los puristas de las carreras. No tenía ayudas, no tenía lujos; solo era un motor, dos ruedas y un chasis brillante.
La Wood-Rotax nos recuerda que hubo un tiempo en el que un preparador con talento y una idea clara podía diseñar una moto capaz de batir a los gigantes. Es la máxima expresión del “menos es más”: una moto con una cara limpia, una mecánica expuesta y una eficacia que hoy, casi 40 años después, sigue pareciendo de ciencia ficción. Es, sin duda, la Supermono por la que todos suspiramos.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS