¿Qué ocurre cuando juntas uno de los chasis más exquisitos del motociclismo italiano con el corazón indestructible de una trail japonesa? El resultado es la Paton Suzuki DR 600, una máquina que, para quienes la conocen, redefine el concepto de ligereza y pureza.
Para entender esta moto, primero hay que entender a Paton. La firma milanesa, fundada por Giuseppe Pattoni, es historia viva del TT de la Isla de Man y de las categorías más puras de la competición. Siempre se han caracterizado por hacer mucho con poco, priorizando la manejabilidad y la precisión del chasis sobre la potencia bruta. Y a principios de los 90, en pleno apogeo de las competiciones de “Supermono”, decidieron que el motor de una Suzuki DR 600 era el lienzo perfecto.
Lo que realmente quita el aliento al ver esta Paton por primera vez es su imponente chasis de doble viga de aluminio. Lejos de las estructuras multitubulares más comunes en las preparaciones artesanales, Paton echó el resto diseñando un bastidor con unas vigas de dimensiones generosas que parecen sacadas directamente de una 500 de Gran Premio Esta pieza de orfebrería técnica no solo le otorga una rigidez torsional extraordinaria para entrar a cuchillo en las curvas, sino que hace que el motor monocilíndrico de Suzuki parezca casi pequeño en su interior.
Es un contraste mecánico fascinante: la tecnología más refinada de la competición italiana abrazando a uno de los motores más robustos jamás fabricados en Japón, ya que en el centro de esa estructura late el motor monocilíndrico de la Suzuki DR 600. Sí, un motor pensado originalmente para el barro y las pistas africanas, refrigerado por aire y aceite, pero, al parecer, se aumentó el cubicaje hasta los 680 centímetros cúbicos para obtener nada menos que 70 CV. Podría parecer una elección extraña para una moto de circuito, pero Paton sabía lo que hacía: Fiabilidad absoluta: Un motor “roca” que aguantaba el maltrato en pista. Par motor: La entrega de potencia desde abajo permitía salir de las curvas con una tracción que las tetracilíndricas de la época envidiaban. Sencillez: Sin refrigeración líquida ni complicaciones, el peso del conjunto se mantenía en cifras ridículas, rondando los 130-140 kg.
Visualmente, la Paton Suzuki es una moto muy bella, claramente en la línea de las 500 GP de los 90, pero más compacta y sencilla. No hay excesos de fibra de carbono ni apéndices aerodinámicos modernos. Su carenado es afilado, clásico, pintado en ese verde característico de la marca que evoca las tardes de carreras en Italia. Al subirte, te das cuenta de que todo está donde debe estar: los semimanillares te obligan a tumbarte sobre el depósito, buscando la máxima compenetración con la rueda delantera. El sonido es un “pum-pum” profundo y rítmico que, al subir de vueltas, se convierte en un bramido que solo un gran monocilíndrico puede ofrecer.
La Paton Suzuki DR 600 es una rareza de coleccionista. No sabemos cuantas unidades se fabricaron, ni en cuantas carreras participó, ni siquiera sabemos qué ha sido de esas hipotéticas unidades porque la información es muy limitada, casi inexistente. Representa una era en la que los ingenieros todavía podían experimentar, creando híbridos que hoy nos parecen locuras maravillosas. No era la moto más rápida en una recta, pero en un circuito ratonero, era capaz de sacar los colores a cualquiera.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS