La Yamaha Jog R nació como la evolución deportiva de la Jog clásica. Yamaha entendió rápido que había un tipo de usuario que no quería un simple scooter urbano: quería algo con presencia, con alma de deportiva y con un comportamiento más vivo, ya lo había demostrado Aprilia con la SR, Gilera con la Runner y la misma Yamaha presumía de un notable éxito con la Aerox.
Así que la marca japonesa cogió su chasis compacto, le dio un rediseño afilado y moderno, y lo combinó con una puesta a punto más firme y un motor 2T que, para la época, era casi un estándar de “lo que debe ser un ciclomotor serio”.
Debajo del carenado estaba el mítico motor Minarelli horizontal de 49 cc, refrigerado por aire, un bloque conocido por tres cosas: robustez, facilidad de mantenimiento y un potencial de preparación absurdo. De serie rondaba los 3 o 4 CV, pero todo el mundo sabía que con cuatro ajustes básicos –, cilindro, variador, carburación, escape– aquello podía ponerse al nivel de una 125 de 10–12 CV sin despeinarse. Era parte del encanto: Yamaha te daba la base, y cada cual decidía hasta dónde quería llegar.
La parte ciclo acompañaba bien para lo que era, un modelo un escalón por debajo de la Aerox,pero con un potencial enorme. Delante, una horquilla telescópica sencilla pero firme; detrás, un monoamortiguador que mantenía el conjunto bajo control; y para frenar, un disco delantero que era casi símbolo de estatus aunque ya había dejado de ser un rara avis. El peso estaba por debajo de los 80 kilos, lo que convertía a la Jog R en un auténtico juguete a baja velocidad. Entre coches, en rotondas, en cualquier callejuela del barrio… aquello iba siempre donde tú querías.
Estéticamente fue un acierto total. Compacta, con líneas tensas, con ese faro bajo integrado en el frontal, con colores muy de la época –azules eléctricos, rojos intensos, las famosas decoraciones “R”–. No era tan radical como una Aerox, pero justo por eso se ganó a mucha más gente: era deportiva sin asustar, accesible sin ser sosa.
Aunque no se fabricó durante tantos años como otros scooters de Yamaha, la Jog R dejó una huella enorme. Fue moto de instituto, de recados, de primeras escapadas y de callejones llenos de historias. Y, al mismo tiempo, fue una plataforma perfecta para aprender mecánica básica. Muchos hicieron su primer cambio de rodillos o su primera carburación en una Jog R, con las manos negras y el carburador goteando encima de una caja de fruta.
Hoy, verla por la calle podría parecer raro, pero todavía quedan unidades totalmente de serie, aunque eso sí, a precios de escándalo. Unidades de 2006 por más de 1.300 euros… Ni la Yamaha Aerox ni tampoco la Gilera Runner llegan a esos niveles.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS