MITT 808: ¿una custom gorda por menos de 7.000 €?

MITT 808: ¿una custom gorda por menos de 7.000 €?

Este modelo no pretende rememorar a viejas glorias, sino que la crea desde cero


Tiempo de lectura: 4 min.

Si hace unos años te hubiesen dicho que por menos de 7.000 euros podrías tener una custom con estética de moto grande, doble salida de escape, llantas grandes y un sonido que haría girar cabezas, la carcajada se hubiese escuchado en la otra parte del planeta. Pero los tiempos cambian, y la MITT 808 llega dispuesta a colarse en el segmento.

La receta es explosiva: estética americana, motor bicilíndrico de medio litro y una decisión que hace temblar, donde el carnet A2 también merece su dosis de metal, cuero y actitud. En un mundo donde las motos pequeñas cada vez parecen más clones con pegatinas distintas, la MITT 808 entra con un estilo muy marcado.

Si la ves de lejos, podrías confundirla con una Harley Street o una Indian Scout Sixty. Su silueta cuenta con el aplomo y los cromados justos para parecer algo más caro de lo que es. MITT ha afinado el diseño hasta conseguir un equilibrio visual entre lo clásico y lo moderno.

Esto no es una copia descarada, es más bien una reinterpretación. Tiene su propio carácter, con una postura más relajada y una ergonomía pensada para disfrutar sin complicaciones. Es la moto que te invita a ponerte una chupa, dar gas y salir a dar una vuelta aunque sea sin destino.

MITT 808 (1)

Menos músculo, más equilibrio

Bajo ese cuerpo de custom musculosa, se esconde un bicilíndrico en paralelo de 784 cc, refrigerado por líquido, capaz de entregar unos 56 CV.  No es una barbaridad, pero en una moto que ronda los 220 kg en orden de marcha, es más que decente. La respuesta es suave, lineal y con ese toque elástico que tanto agradecemos los moteros.

La sorpresa es la suavidad. Ha hecho un gran trabajo y el tacto del motor es más especial. A bajas revoluciones ronronea con dignidad y cuando la estiras un poco, responde con energía. No hay tirones ni vacíos, el mapeado está bien resuelto y suena a moto de verdad.

La caja de cambios es precisa, con recorridos cortos y un embrague que no se cansa. Se mueve con soltura con un par disponible desde muy abajo y en carretera responde bien. No es una moto para correr, pero eso no importa. El motor está equilibrado, sin alardes, pero muy digno.

Entre lo clásico y lo moderno

El chasis de acero tubular aporta la rigidez justa para una conducción estable. MITT ha conseguido un buen compromiso entre comodidad y control, con una suspensión delantera convencional de 41 mm y doble amortiguador trasero con precarga regulable. Nada de sofisticaciones electrónicas ni marketing tecnológico: aquí todo es mecánico, sencillo y fiable.

La frenada sorprende por su potencia: doble disco delantero con pinzas de doble pistón y un trasero bien dosificado. El ABS de serie trabaja sin brusquedad y da confianza incluso en firmes algo resbaladizos. No esperes el mordiente de una naked deportiva, pero tampoco ese tacto de esponja que solía acompañar a muchas motos chinas de antaño. Esta 808 frena con ganas y transmite seguridad.

Y luego está el comportamiento general: estable, dócil y predecible. No es una moto que busque apurar curvas, pero entra bien, no se descompone y transmite serenidad. En autovía va como un tren y en ciudad no resulta tan torpe como su aspecto haría pensar. Los 16 litros de depósito dan para más de 300 kilómetros, y el asiento ancho es un plus para el confort en trayectos largos.

Una moto de escaparate

Tiene la presencia suficiente, para ser el centro de atención. Los acabados no son premium, pero tampoco baratos. La iluminación full LED junto a los detalles del logo grabado, hace que tenga ese aire americano que tanto gusta. No se limita a copiar, sino que juega con las proporciones para que la 808 tenga su propia silueta. No hay que limitarla al A2, su tamaño, y comportamiento te hacen sentir que llevas una moto grande sin muchos alardes.

No es una moto con alma artesanal ni el pedigree histórico, pero cumple con lo esencial. Los materiales podrían ser mejores, no transmite la calidez de una clásica. Es la demostración de que el mercado chino ya no se limita a copiar, sino que empieza a crear, viene rugiendo y con la intención de tener a los gigantes nuevos detrás.

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Alejandro Delgado

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