Hoy en día asociamos a Husqvarna con el off-road más salvaje o con la vanguardia asfáltica de sus modernas Vitpilen, pero hubo un tiempo en que la marca sueca era el auténtico terror de los circuitos de velocidad. En una era dominada por el rugido de las máquinas británicas, la Husqvarna 500 V-Twin surgió como un prodigio de ingeniería que desafió las leyes de la física –y de la seguridad– de la época, aunque, siendo justos, contaba con una clara inspiración técnica llegada de las islas.
Diseñada por el mítico Folke Mannerstedt, esta 500 no fue una moto más en la parrilla. Mientras la competencia se conformaba con monocilíndricos pesados y probados, Husky apostó por un V-Twin a 50 grados que era una joya de la orfebrería mecánica. Con poco más de 120 kilos de peso en seco, esta bestia entregaba cerca de 50 CV. Haz cuentas: una relación peso-potencia que, en 1934, exigía tener unos nervios de acero y muy poco aprecio por la vida para buscarle las cosquillas.
Ingeniería sueca con alma de Gran Premio
El motor diseñado por Mannerstedt era una exhibición de ligereza. Utilizaba aleaciones de magnesio en los cárteres y un sistema de distribución por árbol de levas en culata –OHC– que le permitía girar con una alegría inusual para la época. A diferencia de las Norton o las Velocette de la época, que apostaban por la robustez del “monoposte”, la Husqvarna buscaba la velocidad pura mediante la eficiencia de sus dos cilindros, permitiendo una entrega de par mucho más lineal que ayudaba a traccionar en los precarios firmes de los años 30.
Pero no solo era el motor lo que quitaba el hipo. El chasis era un multitubular de acero que, aunque seguía siendo rígido en el eje trasero, intentaba mantener la compostura mediante una horquilla de paralelogramo delantera que hoy nos parece una pieza de museo, pero que entonces era tecnología de punta. Mantener esa configuración a pleno pulmón requería una precisión quirúrgica por parte del piloto, ya que cualquier bache a alta velocidad se traducía en una sacudida que recorría toda la columna vertebral.
El terror del TT de la Isla de Man
La Husqvarna 500 no solo era bonita; era endiabladamente rápida. Tenía que lidiar con velocidades que rozaban los 190 km/h en carreteras que, por aquel entonces, eran poco más que caminos de cabras asfaltados. En manos de pilotos legendarios como Stanley Woods o Ernie Nott, la Husqvarna demostró que los suecos podían ser tan rápidos como los más pintados en el “Garden State” y, por supuesto, en el temido Mountain Course de la Isla de Man.
A diferencia de las Norton, que se fabricaban en series relativamente largas, las Husqvarna 500 GP eran piezas casi artesanales. Se dice que apenas se construyeron un puñado de unidades de competición real, lo que las convertía en auténticos “unicornios” de las carreras de preguerra. Cada ajuste de carburación y cada reglaje de válvulas se hacía pensando en la victoria inmediata, sin importar demasiado la longevidad mecánica.
Lamentablemente, la crisis económica de finales de los 30 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial cortaron las alas a este proyecto que podría haber cambiado la historia del motociclismo europeo. Hoy, la Husqvarna 500 V-Twin de 1934 permanece como el recordatorio de una época en la que Suecia no solo fabricaba herramientas fiables, sino que era capaz de poner en jaque a las mejores fábricas del mundo con puro talento y audacia técnica.


1
Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS