La ITOM 50 Super Sport es una motocicleta totalmente desconocida en España, pero en Italia tiene una gran historia detrás. Con un marcado talante deportivo, este ciclomotor fue cuna de grandes pilotos y el deseo de una generación entera de chavales; y no es de extrañar, pues con solo ver su diseño uno entiende por qué alguien con 14 años podía desear esta moto. No obstante, no solo fue cuna de campeones, también escondía soluciones un tanto particulares y pocas veces vistas entre las “50 de marchas”, ya sea en Italia o en cualquier otra parte de Europa.
Pocas marcas pueden presumir de haber sido el jardín de infancia de campeones del mundo de la talla de Mike Hailwood o Bill Ivy, y menos aún haciéndolo con motores que caben en una caja de zapatos. ITOM –Industria Torinese Meccanica– empezó, como muchas otras, con la fabricación de motores auxiliares para bicicletas hasta que, después de unos años, fabricaron su propia motocicleta completa. El ingeniero Giuseppe Spotto, ex piloto de aviación en la Segunda Guerra Mundial, fue quien junto a Silvano Bonetto diseñó los nuevos motores.
Mientras el mundo miraba a los grandes motores, en 1959, en Turín, se cocinaba la ITOM 50 Super Sport, una máquina que demostraría que para sentir la velocidad y hasta para ser competitivo, solo hacían falta 40 kilos “de hierro” y un poco de ingenio italiano.
Técnica turinesa: sencillez y el puño de Vespa
Técnicamente, la ITOM 50 Super Sport era un prodigio de sencillez efectiva. Heredera de los motores auxiliares para bicicletas, la versión Super Sport traía a la calle el ADN de las carreras. Con su monocilíndrico de 49,5 cc refrigerado por aire y un carburador Dell’Orto de 16 mm, entregaba apenas 2 CV, pero su ligereza la hacía volar hasta los 67 km/h.
Lo más curioso para el piloto era el manejo de su caja de cambios: un selector de marchas integrado en el puño izquierdo, heredado de la filosofía funcional que tanto éxito le dio a la Vespa. Este sistema exigía una habilidad muy cuidada para poder exprimir esta pequeña deportiva hasta sus últimas consecuencias, especialmente cuando se rodaba al límite en circuito.
La versión más radical: el kit de competición
Si los 2 CV se quedaban cortos, ITOM ofrecía un kit de fábrica que era puro veneno: culata de alta compresión, cilindro cromado y un escape de expansión que permitía a esta pequeña 50 alcanzar los 110 km/h sin carenado. Fue esta versatilidad la que permitió a figuras como Jean-Pierre Beltoise o Beryl Swain –la primera mujer en el TT de 1962– empezar a escribir sus leyendas sobre dos ruedas.
El nombre de Mike “The Bike” Hailwood también está ligado a ITOM, aunque lo hizo sobre la Astor, la versión de competición pura de la marca, que fue precisamente donde el británico dio sus primeros pasos sobre dos ruedas antes de convertirse en una leyenda mundial.
Un sueño inalcanzable tras la frontera
Nunca vimos la ITOM 50 Super Sport en España, como tampoco vimos otros modelos similares. Por aquel entonces, el país atravesaba los últimos y agónicos años de la autarquía: la economía estaba totalmente asfixiada, las reservas de divisas prácticamente agotadas y las fronteras cerradas a casi todo lo que pudiera llegar desde fuera.
Mientras en Turín fabricaban motos de 50 cc con kit de competición de fábrica, España aprobaba en julio de 1959 el Plan de Estabilización, un reconocimiento en toda regla de que el modelo económico del franquismo había llegado a su límite. La llegada de una máquina tan refinada como la ITOM era, en ese contexto, un sueño imposible para la mayoría de los jóvenes españoles, que debían conformarse con lo que la industria nacional permitía fabricar.




Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS