Harris Performance y su kit de chasis Magnum II para Laverda fue la respuesta definitiva a un problema crónico: la falta de rigidez torsional en el bastidor original de cuna abierta de la Laverda 1200 Triple. Fabricada entre 1977 y 1982, esta moto montaba un motor de 1.116 centímetros cúbicos que nació para sortear las restricciones de ruido y emisiones de finales de los 70 sin perder prestaciones. Sin embargo, los hermanos Steve y Lester Harris detectaron que el chasis de serie no estaba a la altura del potencial del motor. Por ello, fabricaron menos de diez unidades de un chasis tubular de acero de “bucle completo” –full-loop– que cerraba la cuna por debajo del motor, transformando por completo el comportamiento dinámico de la fiera italiana.
La Laverda 1200 era un “monstruo” de tres cilindros transversales refrigerado por aire con culata DOHC de dos válvulas por cilindro. Su característica más distintiva era el cigüeñal calado a 180 grados: mientras los dos pistones exteriores estaban arriba, el central estaba abajo. Esta configuración entregaba la potencia de una forma única y generaba una nota de escape rabiosa y metálica que hoy es leyenda. Con 73 CV de serie a 7.500 revoluciones, el motor era una delicia, pero cuando especialistas como Phil Todd –Motodd– empezaban a apretar las tuercas para ganar potencia, el chasis original simplemente se retorcía bajo el estrés de la competición o la conducción deportiva exigente.
Una unidad con pedigrí: La historia de la Q808 WNL
El caso específico de la unidad subastada por Bonhams en 2013 ilustra perfectamente esta evolución. Esta máquina comenzó su vida como una Laverda Mirage TS nueva en junio de 1980 en Sunderland. Durante el invierno de 1985, su dueño, Brian Hair, envió el motor a Motodd para una reconstrucción completa con especificaciones de alto rendimiento. En 1986, Hair adquirió el kit de chasis Harris Magnum II a Windy Corner Motorcycles y comenzó la construcción de una moto totalmente nueva alrededor del motor potenciado por Phil Todd. La build progresó con componentes de ensueño: una horquilla Marzocchi M1R y un equipo de frenos Brembo suministrado por Slater Laverda.
Dicha motocicleta no se completó hasta marzo de 1990, registrando apenas 5.000 kilómetros antes de pasar años en almacenamiento. En 2011, tras cambiar de manos, fue enviada de vuelta a la fábrica de Harris en Hertfordshire para una actualización de última generación. Allí, los propios hermanos Harris supervisaron la instalación de unas espectaculares llantas forjadas PVM de 18 pulgadas estilo Dymag y un amortiguador trasero Nitron multiajustable. El resultado fue una “Superbike Special” de los 80 que combinaba el carácter indomable del motor italiano con la precisión quirúrgica del diseño de chasis británico.
El motor 1200: La respuesta de Breganze a la normativa
Cualquier entusiasta sabe que la Laverda 1200 –realmente 1.116 centímetros cúbicos– fue la respuesta de la fábrica de Breganze a las normativas de emisiones crecientemente estrictas de Estados Unidos. Para compensar la pérdida de potencia debida a escapes y admisiones más restrictivas, la marca aumentó el diámetro de los pistones de la 1000 centímetros cúbicos –3CL– de 75 milímetros a 80 milímetros, manteniendo la carrera en 74 milímetros. Este incremento de cilindrada permitía mantener un par motor generoso de 54 Nm a 6.000 revoluciones y una velocidad punta de 225 km/h, conservando ese carácter “rabioso” que definía a las triples italianas frente a las más refinadas pero a veces sosas máquinas japonesas de la época.
Arquitectónicamente, el motor era un prodigio de robustez. Montaba carburadores Dell’Orto PHF de 32 milímetros y, a partir de 1980, recibió válvulas de admisión y escape de mayor diámetro. Sin embargo, el alma de la moto residía en su cigüeñal prensado sobre rodillos. La nota de escape que emitía al subir de vueltas era capaz de convencer a jóvenes pilotos de saltarse comidas o trabajar en dos sitios a la vez con tal de ahorrar lo suficiente para llevarse una Mirage a casa. Era el famoso “aullido” que solo un motor calado a 180 grados puede producir.
La versión Mirage y la influencia de los hermanos Slater
Bajo la petición de los importadores británicos Slater Bros, nació la versión de alto rendimiento denominada Mirage. Originalmente, estas motos venían equipadas con levas de resistencia y escapes tipo Jota, convirtiéndose en máquinas extremadamente deseadas. A partir de julio de 1978, la “Green Mirage” –terminada en un verde metálico icónico– se convirtió en el santo grial de la gama 1200. Slaters incluso llegó a construir una serie limitadísima de “Formula Mirage” con relaciones de compresión más altas y carrocerías de fibra de vidrio de una sola pieza, máquinas que hoy alcanzan precios astronómicos en el mercado de coleccionistas.
Slater Bros presionó tanto a la fábrica que, en 1979, la Mirage pasó a ser un modelo de producción regular a nivel mundial. Aunque la fábrica tuvo que “sanear” un poco las especificaciones para cumplir con las leyes de homologación globales, el nombre Mirage siguió siendo sinónimo de prestaciones puras. Las versiones destinadas al mercado estadounidense, no obstante, solían montar árboles de levas más suaves y cajas de aire con restrictores para superar las pruebas de la EPA, lo que hacía que las versiones europeas fueran siempre las más buscadas por su respuesta más directa al gas.
La moto de las imágenes la subastó Bonhams en 2013
El punto débil: Un chasis que no podía con tanto motor
Para entender por qué Harris tuvo que intervenir, hay que mirar el chasis original de Laverda. Se trataba de una estructura de acero de cuna abierta donde los tubos principales bajaban desde la pipa de dirección pero no se unían por debajo del bloque motor. Esta configuración permitía que el motor vibrara y, bajo fuertes cargas laterales en curvas rápidas, el conjunto flexionaba de manera alarmante. En las pruebas de la época, revistas especializadas criticaron la posición de los estribos, la dureza del embrague y, sobre todo, la tendencia del chasis a “flanear” cuando se rodaba al límite.
Incluso Massimo Laverda llegó a visitar las oficinas de publicaciones como Cycle Magazine para tomar notas de estas quejas, lo que derivó en mejoras constantes durante la vida del modelo. Sin embargo, para los pilotos de carreras o los usuarios de “Specials” de calle, la solución no era un parche, sino un cambio estructural completo. Aquí es donde los artesanos del chasis británicos, como Harris o Motodd, vieron la oportunidad de crear algo superior que realmente permitiera explotar el potencial de los 1.116 centímetros cúbicos sin miedo a que la moto decidiera tomar su propia trayectoria en mitad de una curva.
Harris Performance: Ingeniería de competición para la calle
Fundada en 1972 por los hermanos Lester y Steve Harris junto a Stephen Bayford, Harris Performance Products se convirtió en el referente del chasis británico. Desde su base en Hertford, construyeron bastidores para privados y fábricas, llegando a jugar un papel relevante desde las carreras de club hasta MotoGP y Superbikes. Con más de 2.200 motos de carretera producidas, su fama se cimentó en la capacidad de Steve Harris, un ingeniero inspirador que creía que cualquier motor, por bueno que fuera, podía mejorar drásticamente con el bastidor adecuado.
Steve Harris, fallecido en 2022, era el motor del equipo. Lester recordaba que, en una época donde la tecnología de las grandes fábricas era aún bastante básica, ellos aplicaban lo aprendido en la Isla de Man o en el Mundial de Resistencia para corregir los errores de los gigantes. El primer chasis Magnum nació casi por accidente cuando se dieron cuenta de que su moto de resistencia para Mike Trimby era, básicamente, una moto de calle con luces. Así nació una estirpe de máquinas que permitía a los pilotos “comunes” rodar con la rigidez y precisión de una moto de Gran Premio.
Magnum II: La solución de bucle completo
Finalmente, el Harris Magnum II para Laverda se materializó como un bastidor de cuna cerrada –full-loop–. Al unir los tubos por debajo del cárter, la rigidez torsional aumentaba exponencialmente. De los aproximadamente 20 Magnums basados en Laverda que se estima que existen, menos de diez cuentan con este diseño de cuna cerrada completa. Es, por tanto, una de las combinaciones más raras y efectivas de la era de las Superbike Specials de los años 80, ofreciendo una plataforma estable incluso para motores que superaban ampliamente los 80 CV a la rueda trasera.
Para los coleccionistas, es vital notar que el ejemplar específico de Harris Magnum II suele mantener el cigüeñal de 180 grados, el más puro de los triples de Laverda. Aunque la marca introdujo más tarde el cigüeñal a 120 grados –más suave y equilibrado–, el Harris está diseñado para la experiencia “bruta” original. Unir un chasis de carreras británico con un motor italiano de tres cilindros y 180 grados es crear una sinfonía de ingeniería que no conoce rival en cuanto a carácter y presencia en la carretera.
Un legado de exclusividad y rendimiento
Recientemente, hemos visto cómo el valor de estas máquinas ha ido al alza. En 2013, una unidad impecable se vendió por unas 8.625 libras, pero apenas un año después, ejemplares similares en Australia ya se tasaban por encima de los 30.000 dólares. No es solo especulación; es el reconocimiento a una era en la que ingenieros independientes podían mejorar a las grandes fábricas. Con la venta de Harris Performance a Royal Enfield en 2015, se cerró un capítulo dorado de la industria artesanal británica.
Prueba de su excelencia es que, incluso hoy, pilotos veteranos siguen buscando estos chasis para revivir la gloria de los 80. Una Harris Magnum II Laverda es ligera, rápida, robusta y extremadamente rara. Como bien decía la prensa especializada: “Con solo 10 unidades fabricadas de este tipo, ¿cuántas pueden quedar vivas?”. Quien posee una, no tiene solo una moto, sino un trozo de historia donde el acero británico rescató al corazón italiano del olvido dinámico.
Conclusión: La armonía entre Gran Bretaña e Italia
Harris Magnum II Laverda Mirage 1200 representa la síntesis perfecta de dos mundos. Por un lado, la pasión y el carácter sonoro inigualable de un triple italiano de 1.116 cc con su “aullido de Breganze”. Por el otro, la frialdad técnica y la maestría artesanal de un chasis tubular británico diseñado para ganar carreras. Es la solución definitiva al “flaneo” de la cuna abierta original, proporcionando la rigidez que el motor siempre mereció pero que la fábrica de Laverda no pudo o no supo darle en su momento.
Fue una época en la que ingenieros como los hermanos Harris demostraron que el todo podía ser mucho más que la suma de sus partes. Hoy, esta máquina es una reliquia de un tiempo en el que la creatividad no tenía límites y las motos se construían con alma, sudor y tubos de acero Reynolds. La Harris Laverda no es solo una moto; es el testimonio de que, a veces, para salvar a una leyenda italiana, hace falta un poco de ingenio británico.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS