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Te damos 10 motivos para que te pases a las motos

Si no has dado el paso, no sabes lo que te pierdes

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Desde espíritu RACER promovemos la conducción espirituosa, con moderación, es tu responsabilidad, pero ante todo queremos promover el disfrute al volante… o al manillar. Si eres de esos que ven el mundo de la moto desde lejos, como una cosa para locos, igual necesitas echar un vistazo a este decálogo de poderosas razones. No volverás a pensar igual:

  1. Todo se siente mucho más: de la misma forma que cuando pasaste de los piquitos a los besos a cámara lenta, conducir una moto acentúa todas las sensaciones de la conducción a un enorme nivel. Una moto transmite mucho más sin necesidad de ser incómoda, ni le hacen falta más de 200 CV, ni hay que conducir jugándose el tipo mientras chirrían las ruedas. Engranar una marcha detrás de otra en una humilde 125 ya puede hacerte sonreír y disfrutar de la potencia entre tus piernas.
  2. Eficiencia energética: si lo pensamos, mover un coche para uno solo es una aberración energética: 1.000 a 2.000 kg -normalmente- para mover a 75-90 kg, casi toda la energía se va en mover el propio vehículo. Una moto usa la gasolina de forma mucho más razonable, aunque hay alguna que otra que gasta más que un coche, pero no es lo habitual. Las modernas Euro 4 tienen consumos de risa en relación a sus prestaciones, y una moto suele pesar entre 125 y 300 kg.
  3. Ahorras pasta: gastarás menos gasolina, pagarás mucho menos de seguro y de mantenimiento, especialmente si no eres un gran trotador. Para hacer muchos kilómetros (20.000 al año o más) algunas motos se van a quedar muy cortas, y algunos neumáticos deportivos hay que «tirarlos» a los 5.000 km, pero por lo general todo te costará menos. Y si es una moto de capricho, te saldrá mucho más barata que un coche de capricho. Hasta pueden costarte menos que una bici pr0, aunque no harás tanto ejercicio.
  4. Afianzas lazos: si llevas un pasajero, no le quedará otra que confiar en ti. Si se trata de una fémina, podrás gozar el contacto con su cuerpo, a menos que te hayas pasado con la protección para la espalda. No solo eso, conocerás a más gente tan pirada como tú, les saludarás con ráfagas en la carretera y te irás de ruta con ellos por el simple vicio de gastar gasolina.
  5. Te obligan a estar atento: en una moto no hay espacio para las distracciones, toquetear pantallas táctiles o aburrirse por ir a 100-120 km/h en una recta. El motero está pendiente constantemente de la conducción -o eso, o se va al suelo- y salvo el parabrisas en algunos modelos urbanos, el casco es lo único que le aisla de dar su cara contra el viento. Los demás vehículos son objeto de una especial vigilancia, porque no siempre respetan a los moteros, la concentración es total.
  6. Hay una moto para cada uno: sea cual sea tu personalidad, tus ganas de potencia o tus necesidades, alguien habrá hecho una moto adecuada para ti, hay decenas de marcas y muchas variantes de cada «plataforma». Es más, puedes hacer que la moto y la equipación sean una prolongación de tu personalidad. Cuando te veas en el espejo con todo puesto, hasta te pondrás cachondo. ¿No te va mucho lo de guardar el equilibrio o te da cosilla tumbarte? Tienes triciclos muy interesantes. ¿Salir de carretera? Pilla una buena trail o enduro. ¿Crisis de los 50? Ahorra para una cruiser de las gordas.
  7. Aparcas en la puerta: Mientras las ciudades empiezan a repudiar en mayor o menor medida a los coches con aparcamientos regulados, prohibiciones para circular o limitaciones por contaminación, las motos se libran en muy mayor medida. ¿Vives en un casco antiguo? Con moto, llegas. Y a diferencia de los anuncios de coches, realmente se puede aparcar en la puerta y que te vean bajarte de la moto.
  8. Disfrutarás las rutas: los coches aíslan del entorno, envolviendo a los pasajeros en una burbuja. Todo se siente más: el aire, la temperatura, los olores, el calor del escape… Un motero es más propenso a hacer viajes del punto A al punto A por el puro vicio de conducir. Y si te juntas con otros moteros, es más fácil hacer rutas en grupo sin taponar carreteras. Cuando llegues a un nivel superior, te irás a los Pingüinos, carreras y demás quedadas, solo por la camaradería.
  9. Conquistarás la libertad: desengáñate, hasta un descapotable es como un preservativo fino, no te dejan sentir del todo. A menos que tengas un speedster o un Jeep Wrangler al que le has desmontado todo, en ningún vehículo como en una moto vas a sentir más sensación de libertad y placer. Y si lees esto siendo menor de edad, desde los 15 años te puedes subir en un ciclomotor, desde los 16 en una 125, y desde los 18 en una moto apta para el A2. A los 20 años ya podrás llevar la moto que te dé la gana, y sin pagar una millonada por el seguro.
  10. No son tan peligrosas: estadísticamente, es más peligroso ir en un turismo que en una moto. Los modelos más recientes son mucho más asequibles para los novatos: frenada combinada (pulsas un freno, funcionan los dos), ABS, control de tracción o embrague anti rebote hacen todo muy fácil. El colmo de la sencillez son las automáticas, prácticamente todas scooters o eléctricas. Y si llevas la equipación adecuada, protegiéndote bien, las caídas no serán tan traumáticas, aunque tienes que dar por hecho que si no te has caído, te caerás. Todo en esta vida mata, incluyendo vivir mucho, hacemos otras muchas cosas a sabiendas de que son peligrosas; se trata de tener sentido común, respeto a la máquina, a los demás, y a uno mismo.
Yamaha Niken MXT850

Lo de las motos es parecido a probar la cocaí… emm, estooo, bueno, es como probar cosas que provocan una rápida adicción que cuesta mucho dejar atrás. Puede bastar una dosis con una 125 para estar «perdido» y liarte a mirar motos nuevas o de ocasión con las que te gustaría el postureo o abrir gas mientras el escape te pone lo pelos de punta. En los peores casos la progresión es directa hacia el carné A: te cansas de las 125, te cansas de las limitadas a 35 kW y en el extremo no podrás bajar de un litro de cilindrada.

¿Eres un yonki de las prestaciones? Olvídate de los coches, por el mismo precio que te pillas un buga rápido, encuentras una moto que lo humilla y que te hará sudar mucha más adrenalina. Además, con una moto se puede disfrutar mucho aunque no se vulnere ni una sola norma de tráfico. Es algo que hay que vivirlo para entenderlo.

Ya sea como segundo vehículo, tanto como utilitario como lúdico, una moto tiene mucho más sentido, al menos cuando se trata de ir solo, o en pareja. Si tienes familia y te tuviste que comprar un SUV, un monovolumen o una furgo, con la moto podrás desquitarte, y dicen que rejuvenecen.

Aprilia RS 50

Aprilia RS 50, un ciclomotor que te hará olvidar todo lo que creías sobre los ciclomotores, salvo el detalle de la velocidad limitada a 45 km/h por imperativo legal

Con tres años de carné B1 ya se puede conducir una 125 o algunos triciclos, y cualquier ciclomotor. Prueba, y nos lo cuentas.

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Sobre mí

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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