Moto del día: Bultaco El Montadero MK1

Moto del día: Bultaco El Montadero MK1

Versión de calle de la El Bandido, es uno de los diseños clave en la expansión de la marca en los Estados Unidos


Tiempo de lectura: 5 min.

Muchas veces, la estrategia tomada por las marcas de cara a configurar su gama viene más por el puro ensayo y error que por un cuidado y metódico análisis del mercado. Prueba de ello es lo ocurrido con la Bultaco El Montadero, cuya historia en dos actos – precedida de todo lo ocurrido con el modelo El Bandido – narra la forma y manera en la que la empresa de Xavier Bultó se hizo un hueco cada vez mayor en el mercado norteamericano. Algo lleno de pasos adelante a modo de ensayos, matizaciones y ligeros cambios de rumbo. Por todo ello, lo mejor será ir paso a paso comenzando a comprender la historia de la Bultaco El Montadero – un modelo de 1968 – allá por los comienzos de esa misma década. Veamos.

Como sabéis sobradamente, en nuestros textos hay una referencia temporal que se repite con bastante frecuencia. 1957. Año en el que apareció el popular SEAT 600, poniendo así fin a la motocicleta como el vehículo más requerido para el transporte privado en el día a día. Así las cosas, los fabricantes de vehículos a dos ruedas tenían que escoger. O inclinarse por el mundo de los diseños populares tipo scooter, o ir hacia nichos de mercado que tuvieran que ver con el ocio, lo prestacional o las carreras. Todos ellos con la vista puesta en las motocicletas como algo secundario al coche, destinadas a usos prescindibles en una situación de necesidad. Llegados a este punto, ya se han escrito centenares de páginas sobre cómo Xavier Bultó apostó por la deportividad hasta el punto de salir de Montesa para fundar Bultaco a finales de los años cincuenta.

Una opción atrevida, más aún en tanto y cuanto el mercado español se encontraba a años luz de poder dar cabida por sí mismo a empresas enfocadas al ocio y lo deportivo. Así las cosas, no se entiende la consolidación de Bultaco sin comprender cómo ésta fue paso a paso introduciéndose en el lucrativo mercado norteamericano. Eso sí, para hacerlo tuvo que adaptar sus diseños, ofreciendo numerosas monturas de campo ya que por aquellos lares lo que mejor se vendía en el nicho de mercado relativo a la deportividad era todo lo relacionado con el motocross, el trial – aunque en este punto la referencia era el Reino Unido – y las carreras por tierras desérticas con pilotos jugando a ser actores de Mad Max años antes del estreno de esta afamada distopía con olor a gasolina.

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A Bultaco no se la entiende sin su historia en el mercado norteamericano, para el cual lanzó no pocas motocicletas que siquiera se podían lograr en España

Bultaco El Montadero, de adaptación en adaptación

Tras todo esto, llegamos a 1967. Año en el que nacen la Pursang y la El Bandido. Enfocadas al mundo de la competición, ambas tenían al motocross como la práctica para la cual habían sido diseñadas. No obstante, en el caso de la segunda lo cierto es que el mercado la situó por puro boca a boca en otro ámbito muy diferente. El de las carreras por los enormes y planos desiertos del sur de los Estados Unidos. En este sentido, las razones eran evidentes a la luz del examen del chasis y la mecánica.

Y es que su motor entregaba unos 43 CV, gestionados por un chasis mucho más pesado que el montado por la Pursang. ¿Resultado? Una motocicleta potente y pesada con la que era francamente difícil negociar cualquier trazado de motocross, pero extremadamente fácil lanzarse a toda velocidad por pistas de tierra en desiertos planos y diáfanos. De esta manera, la verdad es que la El Bandido acabó siendo una motocicleta excelente por pura carambola, protagonizando una de esas curiosas y erráticas páginas propias de Bultaco en los Estados Unidos. Pero ahí no acababa el asunto.

No en vano, más allá del diseño también están las ventas. Y aunque la El Bandido llegó a ser muy famosa y apreciada en el ambiente de las carreras por el desierto, lo cierto es que con la demanda generada en tan escueto sector no se justificaba la producción del modelo. ¿Solución? Pues ni más ni menos que lanzar una versión matriculable que, además, pudiera usarse por asfalto con relativas garantías. En base a esta idea, en 1968 nacía la Bultaco El Montadero. Pensada para el mercado norteamericano – en España sólo se vendieron menos de 12 unidades – siendo mucho más manejable gracias a la reducción de potencia.

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Versión de calle de una motocicleta de carreras, necesitó incluso de ser más suavizada en su segunda generación para hacerla manejable por cualquier comprador

Y es que el monocilíndrico con dos tiempos mantenía la cilindrada de 350 centímetros cúbicos, pero rebajando la potencia de 43 CV a 32 CV para un peso de 114 kilos. Es decir, era mucho menos nerviosa y por tanto apta para pilotos con afán deportivo sin necesidad de tener el control de un profesional. De cara a las pistas de tierra seguía contando con el chasis de doble cuna, los amortiguadores de horquilla delante y los telescópicos detrás. Además, se cuidó que llevase un completo juego de luces junto a todo el trabajo de hacer menos ruidoso al tubo de escape. Con todo ello, la verdad es que la Bultaco El Montadero fue usada por muchos de sus compradores como una moto en exclusiva para el asfalto. Algo que se acentuó con la segunda generación, lanzada en 1972 con una respuesta más suave y progresiva. De hecho, en la Bultaco El Montadero difieren tanto la primera generación y la segunda que, de esta última, haremos un artículo aparte.

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Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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Jaime Peralta

Me llamo Jaime Peralta Sánchez y soy estudiante de Comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos.