Moto del día: Honda GL1100 Gold Wing

Moto del día: Honda GL1100 Gold Wing

La segunda generación del buque insignia de Honda, pero todavía sin maletas


Tiempo de lectura: 5 min.

La Honda GL1100 Gold Wing fue una de esas motocicletas que cambiaron las reglas del juego sin necesidad de hacer ruido. Con su particular configuración de motor con cuatro cilindros opuestos de tipo bóxer, su transmisión final por cardán y un planteamiento de gran turismo sin concesiones, esta máquina se colocó de inmediato como la referencia absoluta de los viajes de larga distancia de la época. Su llegada abrió un camino en el mercado que ninguna otra marca del sector podría ignorar a partir de ese momento.

A lo largo de la década de los años 70 se produjo la gran evolución de las monturas Gran Turismo. Los fabricantes estadounidenses y europeos ya habían creado máquinas con una clara vocación rutera, pero la marca del ala dorada aterrizó en el segmento con una filosofía muy diferente: una motocicleta que no solo fuera capaz de devorar miles de kilómetros sin inmutarse, sino que también resultara cómoda, sumamente fiable y fácil de usar en el día a día. El modelo GL1100 apareció en 1980 precisamente como la respuesta japonesa a esa necesidad de confort absoluto.

La firma de Tokio buscaba dominar el segmento con un enfoque técnico desmarcado de la competencia. La evolución desde las primeras CB de carretera hasta el desarrollo de la saga Gold Wing mostró una continuidad clara en sus objetivos, gracias a una posición de conducción pensada para sumar jornadas de viaje completas sin tener que pelearse físicamente con las inercias de la moto en las curvas.

El refinamiento del bloque de cuatro cilindros opuestos

Mecánicamente, la GL1100 heredaba la arquitectura general de la anterior GL1000, pero incrementaba la cilindrada hasta los 1.085 cc mediante un bloque de cuatro cilindros opuestos refrigerado por agua y dotado de 2 válvulas por cilindro. El motor de la versión europea entregaba unos respetables 81 CV a 7.000 rpm y un par máximo de 90 Nm a 5.500 rpm. La caja de cambios de 5 velocidades, sumada a la suavidad de la transmisión secundaria por eje cardán, ofrecía unos pasos de marcha precisos y requería un mantenimiento drásticamente reducido en comparación con una cadena convencional.

Respecto a la protección aerodinámica, el carenado integral de las versiones equipadas trabajaba de forma impecable contra el viento. Incorporaba una generosa pantalla frontal y faldones inferiores que mantenían las piernas del piloto relativamente secas bajo la lluvia. La altura del asiento, situada a solo 74 cm del suelo, resultaba muy accesible para motoristas de cualquier talla, mientras que la posición de mandos, con manillares anchos y estribos relajados, no castigaba en absoluto la espalda. Además, unos específicos topes de goma en las estriberas amortiguaban las vibraciones remanentes, lo que evitaba los molestos calambres en las rodillas tras varias horas de ruta.

En la parte ciclo, la horquilla delantera telescópica absorbía con solvencia las irregularidades del firme a velocidad constante, complementada por un tren trasero asistido por aire que resultaba totalmente ajustable en su presión. En su configuración estándar destacaba por un tarado puramente orientado hacia la comodidad del pasaje. Por su parte, el equipo de frenos con doble disco delantero requería una mano firme sobre la maneta, aunque la progresión y la capacidad de detención del conjunto eran más que correctas para sus más de 270 kg en seco.

Honda GL1100

El detalle: El gran acierto de Honda con la GL1100 no fue solo aumentar el cubicaje del motor bóxer, sino escuchar al mercado norteamericano. Al darse cuenta de que la inmensa mayoría de los compradores instalaban imponentes carenados y maletas de la industria auxiliar (como las famosas Vetter), la marca decidió que era el momento de empezar a fabricar y ofrecer en sus concesionarios sus propios accesorios oficiales integrados de fábrica, abriendo las puertas al concepto moderno de las motocicletas de turismo equipadas “llave en mano”

Cruceros infatigables en autopista

Esta rutera se mantenía firme como una roca en la línea recta, mostrando su gran acierto dinámico en los trayectos de amplio trazado. Con el acelerador a fondo y los neumáticos calientes, la moto se colocaba exactamente donde el piloto apuntaba con la mirada sin discutir la trayectoria. A una velocidad de crucero de 112 km/h (70 mph) el motor trabajaba en un régimen totalmente relajado y libre de molestas vibraciones, mostrándose capaz de mantener ritmos sostenidos de 130 km/h (80 mph) durante todo el día. Solo al estirar el velocímetro hasta los 145 km/h (90 mph) las turbulencias aumentaban de forma notable en la zona alta del carenado.

El selector de marchas precisaba una mínima presión con el pie gracias a un tacto mecánico muy bien resuelto. Desde las 3.000 rpm comenzaba un empuje constante desde el bajo régimen que se extendía con total linealidad hasta el filo de las 7.000 rpm. El sonido del propulsor de cuatro cilindros bóxer a pleno pulmón resultaba embriagador, quedando el sutil repique de los pistones al ralentí contra los laterales del carenado como el único detalle mecánico perceptible.

Obviamente, con su potencia y una primera velocidad de desarrollo largo, la GL1100 no estaba diseñada para buscar sensaciones fulgurantes ni caballitos, pero ofrecía una diversión noble y muy genuina en carreteras secundarias gracias a su inagotable reserva de par. Su precio de mercado en la época la situaba como una alternativa muy competitiva dentro del segmento del lujo sobre dos ruedas. Incluso equipando los accesorios opcionales de equipaje de las variantes más equipadas, el desembolso global resultaba ventajoso frente a sus rivales directas.

Definitivamente, la Honda GL1100 Gold Wing conseguía convertir a los más escépticos en devotos de la suavidad del motor plano refrigerado por líquido. Un chasis robusto, una mecánica con una personalidad única en el mercado y unos acabados con el sello de calidad de la marca la convirtieron en una opción contundente. Su legado perdura en la actualidad como el ejemplo perfecto de gran turismo intercontinental, dotada de un inconfundible carácter japonés que sentó las bases de las devoradoras de kilómetros modernas.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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