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Moto del día: Honda Sport 90

Una pequeña deportiva muy racional

Moto del día: Honda Sport 90

La moto del día de hoy tiene muchos nombres. Comúnmente se la conoce como Honda Sport 90, aunque referirse a ella como S 90, CS 90, Super 90, Benly 90 o S 90 Z también es igualmente válido. Partiendo de la exitosa Super Cub, la firma tokiota presentó en 1964 una moto con mayor espíritu RACER.

Su motor estaba hecho de aleación al completo y contaba con árbol de levas en cabeza (OHC). Esto quiere decir que el árbol de levas se coloca por encima de los pistones y la cámara de combustión y abre y cierra las válvulas de una forma mucho más directa que los motores de varillas (OHV). Este diseño permite un giro de motor más rápido y potencia a altas vueltas, pero su mantenimiento era mucho más meticuloso y las fugas de aceite eran algo normal.

El diseño innovador de Honda utilizó un solo árbol de levas accionado por cadena en la culata que opera las válvulas por un par de balancines. Cada balancín tenía un tornillo para poder realizar un ajuste sencillo de las válvulas. El bloque es de un solo cilindro, con 89,5 cm3 y un diseño “cuadrado” (50 mm de diámetro x 45,6 mm de carrera). Se ubicó en una disposición casi horizontal, similar al de la (algo) más moderna Yamaha FS1-E.

Honda Sport 90 (1)

El peculiar diseño del propulsor necesitaba un cárter con un litro de aceite, el cual se mantenía bastante limpio gracias a un filtro centrífugo. La caja de cambios de cuatro velocidades se accionaba de la misma forma que conocemos ahora, con el pie izquierdo y la primera hacia abajo (antes no estaba tan estandarizado). Al final, la cadena de transmisión se entregaba a la rueda posterior 8 CV de potencia a 9.500 RPM, digno de mención a mediados de los 60.

La suspensión delantera quedaba a cargo de una horquilla telescópica con amortiguación hidráulica, con un basculante y dos unidades resorte-amortiguador en la parte trasera. El chasis se asentaba sobre ruedas de 18 pulgadas, tanto al frente como en la zaga, ambas con frenos de tambor de una sola zapata. El arranque se efectuaba mediante la alimentación por bobina de un alternador y una batería de 6 V y 6 Ah, que también se encargaba de la iluminación y otras fuentes eléctricas.

Defensas delgadas en contraste con la carrocería y un depósito de gasolina aerodinámico con paneles laterales de cromo completaban el aspecto deportivo. Y tampoco era una moto que estuviese mal equipada teniendo en cuenta en qué segmento se movía, pues contaba con un gran filtro de aire de elementos reemplazables, intermitentes, un juego de herramientas almacenado debajo del asiento, espejos retrovisores en ambos lados y una correa de sujeción para el pasajero.

Honda Sport 90 Cafe Racer By Deus Ex Machina

Aunque no se instaló un tacómetro, las velocidades máximas en cada marcha estaban marcadas en el velocímetro

Con un peso de solo 80 kilos en seco, los 8 CV de potencia de la Honda Sport 90 daban un rendimiento bastante animado. Según probó Cycle World en 1965, “se pudo alcanzar una velocidad máxima de 65 mph (104 km/h), con el motor completamente frío incluso a una velocidad máxima sostenida”. También gastaba súper poco, 2,6 l/100 km. Con un depósito de 7 litros se podían recorrer cerca de 300 km antes de volver a repostar.

La última imagen pertenece a la Honda Sport 90 Café Racer vista por el preparador Deus Ex Machina.

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Sobre mí

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

Jesús Guillermo Pozo Gallego

Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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