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Moto del día: Morbidelli V8

Porque lo bonito está en el interior

Moto del día: Morbidelli V8

Sobre el papel, una moto ha de ser ligera para poder moverse con agilidad y alegría. Pero al igual que Adán sucumbió a la fruta prohibida del Edén, los entusiastas del mundo del motor padecemos cierta debilidad por los grandes motores. De una forma similar a la PGM V8, una empresa italiana decidió probar suerte lanzando al mercado modelo fuera de lo común, la Morbidelli V8.

Giancarlo Morbidelli soñó en proporciones épicas. Este hombre de negocios hecho a sí mismo, con una pasión por las motocicletas, usó su botín empresarial para financiar un equipo de carreras y logró resultados impresionantes. Sus motos de competición ganaron tres títulos mundiales consecutivos de 125 cm3 a mediados de los años 70, otro en la categoría de 250 cm3 en 1977 y, al año siguiente, un campeonato más de 125 cm3.

Sin embargo, la fortuna de Morbidelli se desvaneció cuando sus motos de cuatro cilindros en la clase de 500 cm3 resultaron menos triunfantes. A principios de la década de los 80, su nombre desapareció de la élite. Tal vez Morbidelli se había acostumbrado al sabor de la victoria, o tal vez su implacable ambición superó su capacidad de envejecer en paz. Pero ese tiempo alejado de los focos galvanizó sus esfuerzos por crear una máquina potente y de gran presencia.

Morbidelli V8 1

Así nació en 1994 la Morbidelli V8, una costosa motocicleta de ocho cilindros que demostró ser diferente a todo lo visto antes. Era una moto destinada a desafiar a grandes nombres de la misma nación, como Ducati y Bimota, con una combinación sin igual de deportividad y confort. Más de cuatro cilindros en una moto se suele considerar un exceso. Pero es el enfoque de Morbidelli lo que más trascendió la novedad: tomar el diseño del motor Cosworth V8 y reducirlo de tamaño.

Con 120 CV de potencia y 200 kg de masa, la Morbidelli V8 era una sport turismo capaz de rodar por encima de los 250 km/h de velocidad punta

Este motor liliputiense cubicaba 847 cm3 y contaba con las mismas 32 válvulas del bloque de inspiración, una mezcla intrigante de potencia y equilibrio. Las dimensiones de la moto también eran engañosas, con una pareja de colectores de escape cuidadosamente entrelazados y un silenciador de un tamaño más pequeño de lo que puede parecer a primera vista. Morbidelli afinó el motor más como el de un corredor de fondo frente a un velocista puro.

Pero el diseño de la carrocería, firmada por Pininfarina, no logró transmitir la sofisticación de la motocicleta. A día de hoy, la Morbidelli V8 es percibida casi universalmente como un patito feo. Su doble faro daba comienzo a un semicarenado con grandes extensiones planas que cubría la parte superior del chasis, distrayendo la atención sobre lo verdaderamente bello, su motor. En 1998, cuando las primeras tres unidades estuvieron listas para su entrega, se canceló el proyecto.

Y no, no fue únicamente su aspecto lo que la condenó a pasar sin pena ni gloria por la línea temporal del motociclismo. Su precio de venta era de 60.000 dólares, unos 52.300 euros de aquella época y cerca de 75.000 euros ajustando la equivalencia a 2019. El libro Guinness de los récords incluyó en 2001 a la Morbidelli V8 en su haber como la motocicleta más cara del mundo. Con tan solo cuatro unidades fabricadas (3 + 1 prototipo), se trata de una moto difícil de ver.

Una de ellas puede verse en el Barber Vintage Motorsports Museum de Birmingham (Alabama, EEUU). Otra unidad se exhibe en el Museo Morbidelli de Pesaro, Italia, aunque la falta de apoyo de las autoridades locales ha obligado a poner en venta todo el hangar. Eso incluye 350 motocicletas y demás artículos únicos históricos y de competición.

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Sobre mí

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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