Moto del día: Suzuki GS850 L

Moto del día: Suzuki GS850 L

Japón al asalto del segmento cruiser norteamericano en los años 80


Tiempo de lectura: 2 min.

A finales de los 70 y principios de los 80, la industria japonesa del motor vivía en una contradicción constante. Querían conquistar el mercado estadounidense, pero su obsesión por la tecnología pura a veces chocaba con la filosofía pausada del cruising americano. De esa mezcla de necesidad y orgullo nació la Suzuki GS850 L, una moto que hoy recordamos como el epítome de la coherencia mecánica en un envoltorio que intentaba –con éxito relativo– parecer una “chopper”.

El corazón de la GS850 L no era un experimento. Suzuki tomó la base de la GS750, le aumentó el diámetro de los cilindros y, lo más importante, le instaló una transmisión por cardán heredada de la GS1000 G. El resultado fue un bloque tetracilíndrico de 843 centímetros cúbicos que rendía unos honestos 80 CV.

Lo que hacía especial a este motor no era su velocidad punta -que superaba los 190 kilómetros/hora-, sino su entrega de par. Era un motor elástico, sedoso y, sobre todo, indestructible. Para un redactor de la época, probar esta moto era como probar un Mercedes de dos ruedas: sabías que, hicieras lo que hicieses, la mecánica iba a estar de tu parte.

Suzuki GS850 L 2

La “L” en su nombre significaba Low Seat, pero en la práctica, la GS850 L era una moto de turismo disfrazada de rebelde. Tenía el manillar alto –tipo “cuernos de vaca”–, un asiento escalonado muy cómodo y un depósito de combustible algo más pequeño que la versión estándar, buscando esa estética teardrop tan americana.

Sin embargo, ahí acababa el “postureo”. Mientras que otras marcas empezaban a experimentar con geometrías de chasis extrañas que las hacían inconducibles en curvas, Suzuki mantuvo la cordura. La GS850 L se movía sorprendentemente bien. La suspensión trasera ajustable por aire (toda una exquisitez entonces) permitía que la moto no se descompusiera si decidías que el paseo se había acabado y tocaba volver a casa rápido.

Hoy vemos la GS850 L como la antecesora de una guerra que vendría después. Años más tarde, Kawasaki soltaría bestias como la ZL1000 Eliminator –un dragster con motor de Ninja–, pero la Suzuki se mantuvo fiel a la idea de que una moto debe ser, ante todo, utilizable.

Era la compra lógica. Una moto que no vibraba, que no manchaba la llanta trasera de grasa gracias al cardán y que permitía cruzar un continente con la misma facilidad con la que bajabas a por el pan. Quizás no fuera la más excitante en un semáforo, pero era la moto que te comprabas si realmente te gustaba montar en moto y no solo que te vieran subido a una.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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