La Suzuki VX800, presentada en 1990, representó una apuesta de la marca japonesa por un concepto de motocicleta que buscaba la polivalencia y la lógica en un mercado cada vez más polarizado entre las deportivas radicales y las custom de estilo americano. Concebida principalmente para el mercado norteamericano, esta naked de motor V-Twin y transmisión por cardán ofrecía una alternativa sensata para aquellos pilotos que demandaban una moto cómoda, fiable y de bajo mantenimiento, capaz de afrontar tanto los desplazamientos diarios como las rutas de fin de semana con solvencia y sin estridencias.
A finales de los años 80 y principios de los 90, la industria de la motocicleta japonesa vivía un momento de intensa experimentación. Tras la fiebre de las superbikes de cuatro cilindros en línea, los fabricantes comenzaron a explorar nuevos nichos y configuraciones. Suzuki, que ya había cosechado éxitos con sus deportivas GSX-R y sus custom Intruder, buscaba un modelo que llenara el hueco de la “standard” o Universal Japanese Motorcycle –UJM– moderna. La VX800 nació de esta necesidad, diseñada en el estudio de Suzuki en Brea, California, con la intención de captar a un público más maduro, de entre 30 y 40 años, que valoraba la funcionalidad y el confort por encima de las prestaciones puras.
El concepto: Una “standard” para el mundo real
El desarrollo de la VX800 se basó en la premisa de crear una motocicleta “generalista”, fácil de usar y mantener. Para ello, Suzuki recurrió a componentes ya probados y fiables de su catálogo. El motor V-Twin, por ejemplo, era una evolución directa del propulsor que equipaba a la popular Intruder 750, lo que garantizaba una probada robustez y un carácter mecánico conocido. La elección de la transmisión por cardán, poco común en motos de esta cilindrada fuera del ámbito custom o touring, subrayaba la vocación de la VX800 por el bajo mantenimiento y la durabilidad, aspectos muy valorados por su público objetivo.
El corazón de la Suzuki VX800 era un motor V-Twin a 45 grados, de 805 centímetros cúbicos, refrigerado por líquido, con un único árbol de levas en cabeza –SOHC– y cuatro válvulas por cilindro. Este propulsor, derivado del de la Intruder 750, se beneficiaba de un aumento de diámetro para alcanzar los 805 cc, lo que se traducía en una potencia de 63 CV –47 kW– a 7.500 rpm y un par máximo de 73 Nm a 6.500 revoluciones. La alimentación se confiaba a dos carburadores Mikuni de 36 mm, que aseguraban una respuesta suave y una entrega de potencia lineal, ideal para una conducción relajada y sin sobresaltos. Su carácter V-Twin ofrecía un sonido agradable y un buen empuje desde bajas revoluciones.
Transmisión por cardán: El sello de la casa
La transmisión se realizaba mediante una caja de cambios de cinco velocidades, con una relación final pensada para ofrecer un buen equilibrio entre aceleración y velocidad de crucero. La gran particularidad de la VX800 residía en su transmisión final por cardán, un elemento que eliminaba la necesidad de mantenimiento de la cadena y contribuía a la sensación de suavidad y robustez del conjunto. Este sistema, aunque añadía algo de peso no suspendido, era un claro guiño a la fiabilidad y la comodidad para el usuario habitual que no quiere estar pendiente de engrasar y tensar cada pocos kilómetros.
El chasis de la VX800 era una cuna doble de acero de tubo redondo, una solución clásica y efectiva que proporcionaba una buena rigidez torsional. Con una distancia entre ejes de 1.560 milímetros, la moto era notablemente larga, lo que contribuía a su estabilidad en línea recta, aunque penalizaba ligeramente la agilidad en zonas muy reviradas. La suspensión delantera se confiaba a una horquilla telescópica convencional de 41 mm, mientras que en la parte trasera un doble amortiguador ajustable en precarga y extensión se encargaba de filtrar las irregularidades del terreno. Las pruebas de la época señalaban que las suspensiones, aunque confortables, podían resultar algo blandas para una conducción muy deportiva, algo lógico dado el planteamiento de la moto.
Frenos, neumáticos y ergonomía
En el apartado de frenos, la VX800 montaba un disco simple de 310 milímetros delante con una pinza de dos pistones, y un disco de 250 milímetros detrás. Este conjunto ofrecía una capacidad de detención suficiente para el rendimiento de la moto, aunque sin grandes alardes. Los neumáticos, de medidas 110/80-18 delante y 150/70-17 detrás, contribuían a la estabilidad y a un comportamiento predecible en curva, manteniendo siempre esa sensación de aplomo tan característica del modelo.
Estéticamente, la Suzuki VX800 se presentaba como una naked de líneas limpias y funcionales. Su diseño, aunque sin la espectacularidad de las deportivas o el cromo de las custom, buscaba una elegancia atemporal. El motor V-Twin quedaba a la vista, y su longitud le confería una presencia imponente en la calle. El puesto de conducción era ergonómico y confortable, con un manillar ancho y elevado junto a un asiento generoso que permitían una postura relajada, ideal para largas jornadas sobre el asfalto. La instrumentación, completa y de fácil lectura, incluía un velocímetro, un tacómetro y los testigos habituales, todo bajo una estética clásica y sobria.
Legado y conclusiones
Las opiniones de la prensa especializada de principios de los 90 destacaban la suavidad de su motor, la comodidad de marcha y la fiabilidad de su transmisión por cardán. Era una moto que se sentía “grande” y estable, aunque su peso de 213 kilos en seco –240 kilos en orden de marcha– y unas suspensiones algo blandas limitaban sus aspiraciones deportivas. Sin embargo, para el público al que iba dirigida, la VX800 cumplía con creces su cometido: una moto lógica, duradera y agradable de conducir, que ofrecía una alternativa sensata en un mercado en constante evolución.
La Suzuki VX800 se mantiene hoy como un ejemplo de motocicleta bien concebida para el uso diario y el disfrute sin complicaciones. Su robustez mecánica y su mantenimiento reducido la han convertido en una moto apreciada en el mercado de ocasión para aquellos que buscan una clásica funcional y diferente. Su paso por el catálogo de Suzuki demostró que había espacio para la racionalidad en un mundo de revoluciones infinitas y carenados afilados, dejando un legado de fiabilidad que todavía hoy muchos usuarios siguen disfrutando.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS