La Ducati 600 SS era la deportiva accesible con alma de competición. Con su chasis trellis, su motor de dos válvulas por cilindro y su carenado que marcaba presencia, esta moto consolidaba el carácter de la marca en el segmento medio de las motocicletas de los noventa.
El mundo de las deportivas estaba en plena ebullición a mediados de esa década. Las marcas japonesas competían con bloques de cuatro cilindros capaces de subir de régimen con enorme facilidad, mientras las europeas apostaban por la personalidad y el chasis, así como por su herencia histórica. Ducati, con su propulsor bicilíndrico en V que utilizaba refrigeración por aire, construía máquinas que mezclaban esa tradición con el rendimiento, pero también con un marcadísimo talante racing.
El peso de la tradición frente a los cuatro cilindros
La firma de Bologna es un claro ejemplo de cómo los fabricantes europeos mantenían su filosofía clásica en un momento en el que, quizá, habrían debido abrir un poco más el abanico de posibilidades. La marca llevaba tiempo en el asalto al segmento con modelos legendarios, pero no tan rápidos o, al menos, no tan fáciles de llevar al límite como las monturas niponas. La evolución desde las 750 F1 hasta las máquinas de los noventa mostró una continuidad técnica y un enfoque claro: chasis rígido, motor con carácter y una experiencia pura, aunque algo tosca.
Una de las características de la casa italiana es que ofrecía deportividad pura, casi de circuito, sin importar la categoría o el desplazamiento de la mecánica. Dentro de la saga Super Sport, las cilindradas de 750 y 900 centímetros cúbicos fueron las más famosas, pero también hubo una opción más pequeña. Esta contaba con un motor de dos cilindros y apenas 600 centímetros cúbicos, aunque mantenía todo el carácter de sus hermanas mayores.
El detalle: El truco para diferenciar una 600 SS de sus hermanas mayores a primer golpe de vista —más allá del único disco de freno delantero— estaba en el basculante y en la refrigeración: utilizaba un basculante de acero de sección cuadrada más sencillo que el de aluminio de las 750 y 900, y carecía de radiador de aceite en el frontal.
Parte ciclo de primer nivel y ADN Super Sport
A nivel técnico, la Ducati 600 SS heredaba el bastidor de acero trellis que ya había demostrado su valía en modelos superiores. El motor bicilíndrico en V de 583 centímetros cúbicos, dos válvulas por cilindro y refrigerado por aire entregaba 53 CV a 8.250 revoluciones y un par máximo de 49 Nm a 6.000 revoluciones. Existió también una versión con potencia limitada a 34 CV para los recién llegados al carné de moto. La caja de cambios era de cinco velocidades y el embrague hidráulico.
El carenado integral trabajaba bien contra el viento, con una pantalla y unos paneles que mantenían las piernas relativamente cubiertas. Esta carrocería, vista de lejos, no habría permitido distinguir entre las diferentes versiones de la gama, ya que era un calco de las variantes de mayor cilindrada. La altura del asiento, de 77 centímetros, resultaba accesible, y la posición de conducción, con los semimanillares montados bajo la tija superior, era de carreras.
Respecto a la suspensión, la horquilla delantera Marzocchi de tipo invertido no era especialmente sofisticada, pero tenía una configuración muy firme y trabajaba bien. El monoamortiguador Sachs-Boge trasero disponía de diferentes ajustes; en su configuración estándar resultaba excesivamente duro, pero con una puesta a punto adecuada se lograba un compromiso relativamente aceptable entre firmeza y comodidad, dentro de lo que permite una motocicleta que nunca fue cómoda. El freno de un solo disco delantero era uno de los elementos que permitía reconocer la 600 Super Sport desde lejos, al igual que la medida de sus neumáticos: 120/60 17 delante y 160/60 17 detrás.
Sensaciones puras por encima de las prestaciones brutas
No cabe duda de que este modelo no es, precisamente, una máquina de velocidad pura. Es una moto de curvas, idónea para apurar las frenadas y exprimir al máximo el motor para disfrutar de las sensaciones y practicar la conducción deportiva en su pura esencia. Aun así, con el acelerador a fondo, podía rozar los 200 kilómetros por hora y cubrir los 400 metros desde parado en unos 13 segundos, registros respetables para su nivel de potencia. No obstante, la revista Motorcycle News la consideró en su día “demasiado lenta para la mayoría de pilotos”.
Pese a las críticas de la prensa anglosajona, las crónicas de la época coinciden en que la pequeña de la saga podía convertir a los escépticos en devotos de la configuración italiana. Un bastidor sólido, un motor con personalidad y unos acabados decentes –que no perfectos– la hacían una opción contundente para los puristas.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS