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Moto del día: Vespa Elettrica

Un clásico modernizado

Moto del día: Vespa Elettrica

Quién no conoce la Vespa, esa mítica moto que hemos visto en multitud de ocasiones, incluyendo películas como «Vacaciones en Roma». Es indudable que marcó un antes y un después en su época, revolucionando el transporte en la ciudad y haciéndolo rápido y asequible para la mayoría, cuando ya comenzaban a verse los primeros atascos. Como dijo Unamuno, «el progreso consiste en renovarse» y así lo han hecho en Piaggio, lanzando la moto que traemos hoy: la Vespa Elettrica.

La electrificación llega también a esta mítica moto que continua la saga. Equipa un motor de 2 kW (2,6 CV), capaz de rendir durante cortos periodos de tiempo hasta 4 kW (5,3 CV), combinados con un par de 200 Nm. Para ponernos en contexto, el par es el mismo que desarrolla el motor de un Skoda Octavia 1.4 TSI, o sea, una barbaridad para una moto tan pequeña. Como siempre, la estrategia de control electrónica permite que toda esa fuerza sea digerible por la rueda trasera.

La versión normal tiene una autonomía de 100 km y se carga totalmente en 4 horas. Si requieres más autonomía, dispones de la versión Vespa Elettrica X, que aumenta hasta 200 km la distancia que es capaz de recorrer con una sola recarga, gracias a un motor de gasolina que hace de extensor de autonomía. La compañía garantiza que durante 10 años o 70.000 km, la moto funcionará perfectamente, aunque avisa de algo importante: después de las 1.000 recargas completas, la capacidad de su batería desciende hasta el 80%. Para una moto, eso ya son kilómetros…

Tal y como se está poniendo la cosa en el centro de las grandes ciudades, dentro de poco (o sea, algunos años) solamente se permitirá el paso a vehículos eléctricos, así que para quien ya tenga un vehículo de combustión y no quiera invertir en un segundo coche a pilas, este scooter puede ser una opción muy razonable para ir al centro de su ciudad, gastando poco y contaminando menos. En España recibirá el etiquetado «Cero» por disponer de más de 40 km de autonomía.

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Sobre mí

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

Delco

Más que la Historia, me gustan las viejas historias que huelen a asfalto, carreras y gasolina.