Si el mundo de las Superbikes tiene un antes y un después en la era moderna, ese momento es el 2015. Fue el año en el que Yamaha decidió dejar de fabricar una moto deportiva “de calle” para crear, directamente, una MotoGP con matrícula. La Yamaha YZF-R1 –generación RN32– no fue una evolución; fue una revolución electrónica que dejó obsoleta a toda su competencia de la noche a la mañana.
Era una vez más la que Yamaha, con su R1, ponía el segmento de las motos superdeportivas patas arriba.
Un corazón Crossplane: El sonido de la victoria
El alma de esta R1 es su motor de 998 cc con tecnología Crossplane –CP4–. Heredado del desarrollo de la M1 de Valentino Rossi, su calado de cigüeñal a 270º le otorga un orden de encendido irregular. ¿El resultado? Una entrega de par mucho más lineal y un sonido ronco, casi de motor en V, que ponía los pelos de punta. Declaraba 200 CV a 13.500 revoluciones, una cifra que hoy parece normal, pero que en 2015, con un peso en orden de marcha de solo 199 kg, era dinamita pura.
La revolución de la IMU: Una moto que “piensa”
Pero lo que realmente rompió moldes fue su cerebro. Fue la primera moto de producción en montar una unidad de medición inercial (IMU) de 6 ejes. Este sensor analizaba 125 veces por segundo la posición de la moto en 3D (inclinación, cabeceo y guiñada). Gracias a esto, la R1 estrenó controles que hasta entonces eran ciencia ficción:
- SCS (Slide Control System): El primer control de deslizamiento lateral en una moto de calle.
- LIF (Lift Control System): Un anti-wheelie que no cortaba potencia de golpe, sino que mantenía la rueda a centímetros del suelo.
- ABS con asistencia en curva: Frenar inclinado dejó de ser un tabú.
El fin de una leyenda
Hoy, la R1 es noticia por su triste despedida. Yamaha ha decidido no actualizarla a la normativa Euro 5+, lo que significa que ya no se puede comprar como moto de calle en Europa –quedando relegada a las versiones R1 Race para circuito–. Es el final de una saga que nació en 1998 y que alcanzó su cenit con esta generación de 2015.
Fue la moto que obligó a todas las demás marcas a meterse de lleno en la electrónica de alta competición. Un icono que se despide porque, quizás, ya es demasiado pura para los tiempos que corren.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS