Moto del día: Suzuki TS400 Apache

Moto del día: Suzuki TS400 Apache

La salvaje de dos tiempos que nos enseñó lo que significaba la palabra "indomable"


Tiempo de lectura: 3 min.

A principios de los años setenta, la receta japonesa para las motos de campo era tan sencilla como temeraria: coge un motor de dos tiempos lo más grande posible y mételo en un chasis que, probablemente, no esté preparado para gestionar semejante torrente de energía. El resultado más salvaje de Suzuki bajo esta filosofía fue la TS400 Apache, una moto que hoy nos parece una genialidad técnica y que, en su día, fue una auténtica provocación para los sentidos.

Lanzada en 1972, la Apache se situó en la cima de la familia TS (Trail Series). Mientras que las versiones de 125 o 250 centímetros cúbicos eran motos lógicas, equilibradas y aptas para casi todos los públicos, la 400 era otra historia completamente distinta. Su motor monocilíndrico de 396 centímetros cúbicos entregaba 34 caballos con una contundencia que podía pillar desprevenido al motorista más experimentado. Pero lo que realmente definía a la Apache no era solo la potencia bruta, sino su entrega: un torrente de par motor desde muy bajas vueltas que te permitía levantar la rueda delantera hacia el cielo casi sin querer, simplemente insinuando el puño del gas.

Tecnología punta para domar a la bestia

Técnicamente, Suzuki intentó que la Apache fuera una moto civilizada y utilizable en el día a día. Para ello, instaló el sistema de lubricación automática CCI, una bendición para la época que evitaba la tediosa tarea de tener que hacer la mezcla de aceite y gasolina manualmente en el depósito. Además, contaba con un sistema de encendido por CDI (Ignición por Descarga de Condensador), que era auténtica tecnología punta en 1972 y aseguraba un arranque más fiable que los antiguos sistemas de platinos.

Suzuki TS400 Apache (2)

Sin embargo, toda esa tecnología chocaba frontalmente con una parte ciclo que sufría para digerir el carácter del motor. Con un peso en seco de unos 130 kilogramos y unas suspensiones de largo recorrido pero con un tarado excesivamente blando, la Apache se ganó una reputación legendaria. En conducción rápida por carretera, la moto tenía una tendencia casi magnética al “baile” de manillar (el temido wobble), lo que obligaba al piloto a tener manos firmes y mucha decisión para mantener la trayectoria cuando el motor de dos tiempos entraba en su zona de mayor alegría.

Un diseño que evoca la aventura

Estéticamente, es innegable que estamos ante una de las motos de doble propósito más bonitas de la historia del motociclismo. El escape elevado por el lateral derecho, protegido por esa icónica rejilla cromada para evitar quemaduras, el depósito redondeado con gráficos minimalistas y esos colores vibrantes la convertían en el objeto de deseo absoluto. Era la moto para aquellos que querían cruzar el desierto o, al menos, para los que querían proyectar la imagen de que podían hacerlo un domingo cualquiera.

A pesar de sus carencias dinámicas comparadas con las motos de enduro puro que vendrían después, la Suzuki TS400 Apache no buscaba la perfección técnica, sino el carisma. Fue una de las últimas representantes de una era dorada donde los motores de dos tiempos no tenían complejos de emisiones y donde el piloto era el único control de tracción disponible entre el neumático de tacos y el suelo.

Más de cincuenta años después, la “Apache” sigue despertando el instinto más primario de cualquiera que se cruce con una unidad bien conservada. Es un recordatorio de una época en la que la ingeniería se atrevía a experimentar y en la que conducir una moto de campo era una experiencia visceral, ruidosa y profundamente gratificante. Una fiera que, aunque hoy descanse en garajes de coleccionistas, sigue teniendo el alma lista para quemar gasolina y levantar polvo.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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